6/4/14

"Costumbres pre-matrimoniales" de Jacinta Escudos

Hace pocos días os hablamos de la selección de Cuentos Centroamericanos de Poli Délano, entre los que se encuentra la obra de Jacinta Escudos (+info en su blog) que hoy os transcribimos. Jacinta Escudos es una escritora salvadoreña (1961) que ha cultivado los géneros de novela, cuento, poesía, crónica y ensayo. También tiene experiencia como actriz y pintora. Ha sido traducida al inglés, alemán y francés. En su carrera podemos destacar que ha sido escritora residente en la Heinrich Böll Haus, de Alemania y de la Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs, de Saint-Nazaire, Francia, ambas en el año 2000. Es ganadora del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo (2003), con su novela A-B-Sudario, publicada por Alfaguara, siendo la primera escritora salvadoreña que publica bajo ese prestigioso sello internacional.


"Costumbres pre-matrimoniales"

Entre Claudio y su amante hay una relación corta, de un par de meses, que transcurre sobre todo en los cafés y las pensiones, en los cines y los parques. Un amor de la calle, como piensa él mismo.

Pero pasado un tiempo, Claudio siente el deseo de llevar a la joven a su casa, porque el amor tiene diversas facetas y ésta es otra de ellas: confrontar al amante frente al núcleo familiar. Ubicar al ser amado entre las paredes de la cotidianidad. A veces el shock del contraste es tan fuerte, que el amor se rompe.

Por eso, para que Claudio pueda saber si aquella relación tiene perspectivas de convertirse en algo largo y serio, debe llevarla a casa. Debe ver cómo se mira en medio de los muebles, en el centro de todas las habitaciones. Debe presentarla ante su madre, una anciana pequeña, disminuída por la osteoporosis, arrugadísima y siempre vestida de negro, que apenas parece comprender lo que pasa a su alrededor.

Cómo puede un ser humano llegar a ese estado de indefensión en el que se encuentra su madre, Claudio lo ignora. Y le ruega todos los días a algún Dios invisible en el que cree, que no le ocurra lo mismo. Antes muerto, piensa, que ser un ridículo monigote vestido de negro a merced de la voluntad ajena.

 Claudio decide, pues, invitar a cenar a su nueva amante en casa, para que conozca a mamá. La chica se entusiasma pues cree que las cosas van en serio. Mientras se arregla para la cita, la muchacha deja volar la imaginación y hasta se sorprende visualizándose casada con Claudio. Éste jamás le ha hablado de matrimonio. Tampoco de su madre, a la que imagina alta y guapa, con el rostro similar al de su amado. La recibirá sonriente y serán buenas amigas, está segura.

Claudio la recoge, la lleva a la calle donde vive, hace girar la llave frente a la puerta de la casa 312. El pasillo interior es un poco oscuro y hay que encender una luz. La joven descubre que la casa es pequeña y apretada. Claudio llama a su madre a voces y la joven escucha el murmullo de una mujer que responde desde el fondo de una habitación a su izquierda.

Es la sala y allí está la vieja. La joven se desilusiona un poco. O mejor dicho, se desilusiona bastante. Teme que tendrá una aburrida velada y que apenas podrá conversar con su amante, pero trata de ser lo más encantadora posible.

Como la vieja no puede cocinar, Claudio compra comida empacada y la dispone en la loza de la casa. La chica le ayuda y se sientan los tres, casi sin hablar, a comer. La vieja insiste en que enciendan el radio.

-Hoy estamos de fiesta -dice-, no todos los días ceno con una chica tan linda como usted.

La muchacha ríe. Piensa que la vieja es llevadera y que podrá convivir con ella si fuera necesario que vivieran los tres juntos.

Después de comer, los tres se acomodan en el sofá de la sala a ver televisión. Claudio se sienta entre las dos mujeres y toma la mano de la chica. Ella espera que, en algún momento, él la invite a salir o que le haga una señal para despedirse, para indicarle que deben marcharse. Entonces, mientras él la lleve a casa, podrán tener unos minutos a solas y darse, por lo menos, un par de besos.

Pero las horas transcurren y Claudio no dice nada. Y ella, que es un poco tímida, tampoco quiere ser descortés e irse impetuosamente. En realidad, ella no quiere separarse del tipo, pero a él se le mira muy cómodo en el sofá, viendo televisión entre su madre y su amante.
 
A las 11, la vieja dice que es hora de acostarse. Los tres se levantan y la chica cree que al fin podrá salir de allí. Pero mientras la vieja camina hacia la habitación, Claudio la sigue y lleva a su amante tomada de la mano. La joven piensa que debe ayudarlo a arroparla o algo por el estilo y se deja conducir con toda tranquilidad.

La vieja se sienta en la cama, se quita los zapatos, y se acuesta sobre las sábanas, con el mismo vestido que lleva puesto. Entonces le explica a la joven:

-Claudio tiene la costumbre de acostarse a mi lado hasta que yo me quedo dormida. Supongo que no le molestará acompañarnos. La muchacha mira a Claudio, incrédula, y él comienza a desamarrarse los zapatos.

-Anda, quítate los zapatos, será rápido -le dice él, sonriente.

Ella, un poco turbada, obedece. Entonces, Claudio procede a acostarse, siempre en medio de las mujeres. A su derecha tiene a la madre y a su izquierda a su amante. Toma la mano de la madre y la mano de la amante y se las pone sobre el pecho. Los 3 están boca arriba. La vieja le pide a Claudio que le cuente algo, cualquier cosa, para que su voz la arrulle y la ayude a dormir.

La muchacha está fastidiada por completo y cambia de parecer: no, no podría vivir así su vida de casada.

De pronto, Claudio se voltea a verla y le susurra:

-Ya está dormida.

-¿Sí? Entonces vámonos. Pero él sonríe y le susurra en el oído:

-Hagamos el amor aquí.

-¿A dónde?

-Aquí, en la cama, con mamá dormida. Ella no se dará cuenta.

-¡Estás loco!

Pero mientras hablan, él toca, besa, muerde, y las resistencias de la muchacha se ven revueltas con el deseo, la vergüenza y la morbosidad de tener a la vieja al lado, profundamente dormida y vestida de negro, como un cadáver.

Al fin, con la ropa medio puesta, el hombre logra penetrarla y se aman con mucha más pasión de la que sienten cuando están completamente solos. Por momentos, la joven se preocupa de que los movimientos y los gemidos de ambos puedan despertar a la vieja, pero cada vez que la espía, la mira dormida, en la misma posición. Al final, los amantes también duermen.

Así los encuentra a los 3 el amanecer del día siguiente. Cuando la muchacha se despierta, Claudio aún duerme pero la vieja ya no se encuentra. La muchacha intenta despertarlo, pero Claudio gruñe y se da la vuelta. Ella se levanta y va hacia la cocina, donde encuentra a la vieja preparando el café.

-Buenos días señora.

-Buenos días niña. ¿Cómo durmió?

-Bien, muy bien. La vieja sonríe.

-Sí, todas dicen lo mismo. Claudio siempre trae a sus novias a comer y luego dormimos los 3 sobre la cama. Y yo los escucho mientras hacen el amor. Así me siento revivir, me hace recordar buenos y lejanos tiempos. O dígame, ¿acaso no me miro rejuvenecida esta mañana?

(Del libro "Cuentos Sucios" de Jacinta Escudos)
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