19/6/16

Obertes les inscripcions als Camps de Solidaritat 2016 de SETEM


Cada estiu, SETEM Catalunya t'ofereix un programa de Camps de Solidaritat a diferents països de l'Àfrica, l'Amèrica Llatina i l'Àsia. L'edició 2016 t'ofereix 22 destinacions diferents per escollir.

Aquest any hi ha un camp de treball a El Salvador, que tindrà lloc entre juliol i agost a San Francisco Javier i a Moncagua en col·laboració amb COMUS (una organització que agrupa 38 comunitats de la zona sud d'Usulutan i treballa per millorar el desenvolupament de les comunitats rurals oferint serveis en els àmbits de la salut, l'educació i l'habitatge) i Fundación Campo (Associació que treballa per la participació ciutadana, el medi ambient, la dinamització de l'economia local i el desenvolupament territorial).

Aquest camp està pensat per treballar en convivència amb les famílies i suport a diverses activitats de l'organització en les àrees de producció del cafè orgànic, iniciatives econòmiques com la xarxa de botigues comunitàries i el Centre de Negocis i Serveis de grans bàsics. El grup col.laborarà en la organització de la festa anual de Comus, visitarà la universitat de San Salvador (UCA) i altres organitzacions que treballen per la recuperació de la memòria històrica del país durant la guerra civil.

Més informació a SETEM

12/6/16

"El cuarto de los huesos" guanyadora del premi AIC en el festival DocsBarcelona 2016


La pel·lícula "El cuarto de los huesos" (El Salvador) de Marcela Zamora, va rebre el passat 29 de maig el premi AIC en el marc de l'acte de cloenda del festival DocsBarcelona, que s'ha celebrat a Barcelona del 23 al 29 de maig.

El jurat d'AIC va decidir premiar la pel·lícula "per abordar amb sensibilitat l'horror i el dolor que provoquen la violència i les desaparicions forçades. Per posar el focus en un país petit amb un problema enorme marcat per la por a la denúncia i la impunitat, i fer-ho amb emoció i senzillesa, donant veu a dones i famílies de desapareguts a El Salvador".

El guardó que concedeix AIC no té dotació econòmica: a l'obra guanyadora se li lliurarà una estatueta original de l'escultor Andrés Gavilano. Un total d'onze pel·lícules optaven enguany al premi, que AIC ha concedit per segona vegada en el marc del festival. En l'edició de 2015, la guanyadora va ser "The Look of Silence" de Joshua Oppenheimer. El premi AIC vol reconéixer les pel·lícules que, en el marc del DocsBarcelona, mostrin qüestions relacionades amb els drets humans i que n'afavoreixin el coneixement, a més de la denúncia i l'activisme sobre una realitat i la capacitat de transformar-la.

El jurat d'enguany estava format per Ona Anglada, activista del grup universitari d'AIC a la UPF i vocal de comunicació, Alba Herrera, responsable d'activisme i Dani Vilaró, responsable de comunicació. Enguany amb el lema "Mirades inquietes", DocsBarcelona ha arribat a la seva 19a edició totalment consolidat com un dels festivals europeus de cinema documental de referència.

Aquesta edició és la cinquena que AIC hi col·labora. El festival ha tancat amb un augment del 30% de públic, fins assolir la xifra de 10.000 espectadors.

3/6/16

Entrevista a Jorge Galán: “La impunidad envuelve el asesinato de los jesuitas”

El escritor salvadoreño Jorge Galán ha solicitado asilo político en España después de recibir amenazas de muerte. El motivo es la publicación de Noviembre, una novela —recientemente publicada por la editorial Planeta— sobre el asesinato de seis jesuitas en 1989, en el que estuvo implicado el ejército salvadoreño. El pasado 1 de noviembre, Jorge Galán fue abordado en pleno día, recibiendo primero insultos desde un coche, y siendo —más tarde— apuntado con una pistola por los ocupantes.

El pelotón del batallón Atlacatl de la Fuerza Armada de El Salvador asesinó el 16 de noviembre de 1989 a seis jesuitas —Ignacio Ellacuría, Armando López, Joaquín López y López, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes y Juan Ramón Moreno— y dos de las trabajadoras de la residencia de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), Elba Ramos y Celina Ramos. Todos ellos estaban vinculados a la universidad, tanto como profesores como al frente de distintos cargos. Ellacuría se adscribía a la Teología de la Liberación, que los militares salvadoreños vincularon a la guerrilla izquierdista, la oposición de Alfredo Cristiani, presidente y miembro del partido de derechas Alianza Republicana Nacionalista.

Jorge Galán desvela en su libro datos sobre los autores de un crimen que no ha llegado a los tribunales de El Salvador, pero que sí se investiga en España y Estados Unidos, países de origen de varios de los religiosos; de hecho, el gobierno español solicitó en 2011 la extradición de quince militares, rechazada por El Salvador. El Salvador también se niega a juzgar a los presuntos implicados en el asesinato de los «Mártires de la UCA», y amnistió a los únicos condenados —un coronel y un teniente— tan solo un año después.



Una amenaza con pistola bastó para que Galán abandonara un país "del que no quisiera hablar mal" para recalar en Granada, ciudad en la que espera que el Gobierno le conceda su petición de asilo mientras agota los seis meses de permiso temporal. "Para mí la vida es sagrada, lo más valioso que uno tiene. No la arriesgaría por la libertad de expresión porque no soy un valiente", ha explicado a Efe para apuntar que escribió "Noviembre" con la "ingenuidad" de que todo quedaría en un quehacer literario.

El salvadoreño reconoce que quiso "escribir un libro, contar una historia que merece ser contada" y volver a su rutina y que de conocer las consecuencias "no habría sido capaz de hacerlo". Pero lo hizo, publicó el asesinato de los jesuitas por el ejército salvadoreño con la "confianza" de que nada iba a ocurrir, "de que algo debían haber cambiado las cosas en el país, tal vez fue una ilusión" y confundió "la realidad con el deseo". "Lamentablemente mi país se ha construido sobre muchas injusticias y sobre muchos silencios, tratar de rescatar del olvido una historia como la del asesinato de los jesuitas provoca mucho rechazo", ha apuntado Galán, al que amenazaron con pistola después de otras advertencias aunque pensó que "se impondría la cordura". "Entre esas advertencias estaban las de los padres jesuitas, muy acostumbrados a recibir amenazas y preocupados por mi seguridad, y las de personas interesadas en que la historia no se difundiera", recuerda el literato.

El amor por El Salvador le impide criticar a su país, al que relaciona con un acceso a la cultura "muy limitado", una larga guerra civil, el control de las maras y "con poco respeto a la justicia", lo que convierte la supervivencia en una cuestión diaria. "Cuando uno no puede subir a un autobús sin poner en peligro su vida las prioridades cambian y la literatura puede no ser una. El instinto de supervivencia llega a ocuparlo todo, incluso aquello que creemos dominado por las conductas más racionales", ha resumido. Sin respuestas heroicas sobre la libertad de expresión que le ha costado el exilio, Galán reconoce que nunca tuvo miedo, que la historia le atrapó de tal manera "que solo sentía la necesidad de contarla" porque es "hermosa, de entrega, de pasión, de sacrificio, de injusticia, de impunidad, una historia de amor por los otros". "Mi país se ha construido sobre aquella injusticia, sobre un silencio cómplice de crímenes, creo que ha llegado el momento de asegurar que es un proyecto fallido, una sociedad rota. Tal vez lo que necesitamos es seguir el ejemplo de aquellos hombres en lugar de silenciar sus historias para contentar a sus asesinos", cuenta.

Ahora que confía en la concesión de asilo, afronta el futuro inmediato intentando escribir, leer, pasar el tiempo con los amigos que le han abierto sus casas y "pensar lo menos posible", aunque asegura que "nada" compensa estar lejos de la familia porque El Salvador "es un país del que es muy complicado marcharse". Referentes como Almudena Grandes, Joan Manuel Serrat, Vargas Llosa, Joaquín Sabina, Yusef Komunyakaa y Andre Guttfreund han firmado un manifiesto de apoyo a Galán y contra sus amenazas, que espera pasen para volver a casa.

17/4/16

Concertación feminista Prudencia Ayala


La Concertación feminista Prudencia Ayala es una coordinadora que aglutina a más de 20 organizaciones feministas y de mujeres, así como a unas 70 feministas independientes.

Desde hace más de 10 años, la Concertación, ha venido trabajando en la defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres, siendo una de sus principales tareas la elaboración e impulso de leyes que favorezcan el cambio social necesario para el logro de la igualdad entre hombres y mujeres, y el fin de la discriminación por razones de género.

En este sentido, desde hace años, la Concertación ha venido impulsando un proceso de elaboración de un nuevo anteproyecto de Ley de Igualdad. ¿Por qué una Ley de Igualdad? Los Pactos y Convenciones Internacionales sobre Derechos humanos y las Conferencias y Convenciones de la Mujer, realizadas desde 1975, han permitido avances significativos en la inclusión del principio de igualdad y no discriminación en las Constituciones nacionales de los Estados que las han ratificado, así como en la legislación secundaria. Pero la simple inclusión del principio de igualdad, en instrumentos fundamentales de Derechos Humanos y en las Constituciones nacionales, no es suficiente para garantizar una igualdad real entre hombres y mujeres.


También la Concertación feminista Prudencia Ayala trabaja en crear espacios que permitan el reconocimiento del esfuerzo político del movimiento de mujeres en la lucha por la visibilización, denuncia y atención de las victimas de la violencia contra las mujeres, al mismo tiempo condenar todas las formas de violencia contra las mujeres como la expresión más cruel del dominio patriarcal. Por lo que exige al Estado la garantia para las mujeres de su derecho de vivir libres de violencia en todos los espacios y destine todos los recursos necesarios para: La prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres. Por consiguiente, entre sus acciones se solidariza con las mujeres victimas de violencia y al mismo tiempo reconocer que la violencia nos afecta a todas.

10/4/16

"El país de donde vengo" de Francisco Andrés Escobar

 "El país de donde vengo" de Francisco Andrés Escobar ofrece un mural estampas, crónicas y relatos de El Salvador, que a cada quien recordará aquella niñez que alguna vez se vivía entre la inocencia y los fragores de un país cada vez más lejano. En este libro el autor expresa el entrañable amor por el suelo que lo vio nacer.

Así “El país de donde vengo” es el relato de la infancia en el terruño de Paco Escobar. Estas crónicas que aparecieron, en su mayoría, en diferentes tirajes de La Prensa Gráfica son el testimonio del entrañable amor del escritor por el suelo que lo vio nacer. En estos relatos, se remonta a los recuerdos de su niñez en un pueblito de El Salvador.

El protagonista, es decir, el nieto de la mama Tula, recuerda la triste partida hacia el otro mundo de su amadísima abuela, quien lo acogió en su seno a la muerte de su única hija. Su abuela, mujer viuda, de temple y mujer de un solo hombre, arrebató al nieto cuando por la tozudez de su yerno, muere su hija en el parto. Ella había presentido una desgracia en el embarazo por lo que pidió al yerno que le permitiera llevar a su hija a un lugar de máxima atención para evitar cualquier desgracia. Sin embargo, él no atendió su ruego y la joven esposa fue atendida por parteras que no pudieron hacer nada ante el parto difícil. El resultado: la madre muere y sobrevive el niño. A partir de ese momento, el nieto es arrebatado por su abuela, para criarlo ella misma.

Así, desde los primeros recuerdos del protagonista la vida transcurrirá en el pueblo. En las crónicas desfilarán todos los personajes: desde el Alcalde, las familias distinguidas del pueblo, los amigos de infancia del protagonista, y de la familia, los demás protegidos e hijos adoptivos de la abuela, hasta los marginados y prostitutas. Estas croniquillas, como las llama el autor, serán un fiel testimonio de las celebraciones religiosas dedicadas al Corazón de Jesús, La Virgen de Guadalupe, el Cristo Negro y la romería a Esquipulas, la celebración del Miércoles de Ceniza y otras actividades religiosas.

Los desfiles del 15 de septiembre con toda la pompa y la chismografía del pueblo, nos dan la puntada humorística; la llegada del circo al pueblo, las veladas escolares y otros acontecimientos más. En cuanto a lo social, a través de las personas que tienen ingreso al Casino, se advierte la estratificación: los del casino, las familias conocidas, el pueblerío, y la indiada. En síntesis, la obra tiene como punto medular la historia de dos amores incondicionales de abuela y nieto en el marco de una sociedad de la primera mitad del siglo XX.

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Francisco Andrés Escobar nace el 10 de octubre de 1942 en Cuscatlán y muere en 2010. Se graduó como Trabajador Social, carrera que fue complementada en un proyecto de la OEA, en 1967. Así mismo, se desempeñó como profesor y Jefe del Departamento de Estudios de la Escuela de Trabajo Social de El Salvador. Luego, laboró como profesor de literatura en el Colegio de El Externado San José. Por aquel entonces, también cursaba su licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (1974-1977).

Paco Escobar, cultivó el oficio de actor interpretando obras de autores salvadoreños, centroamericanos y universales. Al mismo tiempo, fue director de teatro, incluyendo obras suyas como “Un tal Ignacio (San Salvador, 1993- 1994, dedicada a la vida del célebre y bien recordado rector de la UCA, Ignacio Ellacuría) y “De la sal y de la rosa” (que trata de la vida de la poeta salvadoreña Claudia Lars, en 1994). Gran parte de la producción literaria, periodística, poética y ensayística de Francisco Escobar, se encuentra diseminada en el Diario Latino, La Prensa Gráfica, Semana, Taller de Letras de la UCA, Orientación, Siete días, Estudios Centroamericanos (ECA), formando parte del consejo de redacción de la misma.

Entre sus obras publicadas se encuentran: “Andante cantabile” (cuentos), “Una historia de pájaros y niebla”, “Petición y ofrenda” (poesía), “Ofertorio” (poesía), “Solamente una vez” y “El país de donde vengo “, compilación de algunas de su crónicas personales aparecidas en la Prensa gráfica, entre otras. Entre los reconocimientos recibidos, se puede mencionar que fue galardonado en 1995, con el Premio Nacional de Cultura; fue designado como miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua y en el 2004, La Cámara Salvadoreña del Libro le otorgó un reconocimiento en el marco de las celebraciones del Día Mundial del Libro y de los Derechos de autor.

5/4/16

"El asesino melancólico" de Jacinta Escudos


Entre la selección de la mejores obras literarias del 2015 podemos encontrar "El asesino melancólico" de Jacinta Escudos editado por Alfaguara. Os dejamos con la crítica literaria de Élmer Menjívar.

La escritora salvadoreña Jacinta Escudos publicó en 2015 El asesino melancólico, bajo el sello de la Editorial Alfaguara. Se trata de un texto que se extiende por 95 páginas y que luce la categoría de novela. La primera tentación crítica es meterse a elucubrar sobre su género dada su extensión ¿novela corta? ¿cuento largo? ¿aún importa clasificar en estos géneros a la narrativa literaria? ¿por qué? ¿para qué? Dicho esto me apresuro a aclarar que para mí no existe tal cosa como la supremacía de géneros –en literatura tampoco– y que me parece ocioso buscar, por ejemplo, en qué consiste la superioridad de La región más transparente, una novela de Carlos Fuentes, sobre El perseguidor, un cuento de Julio Cortázar. La segunda tentación es sentenciar: es un cuento largo por su economía de texto, de personajes y de ambientes, y, sobre todo, por mantener la voz narrativa en un solo tono (¿melancólico?). La tercera tentación es pasar de largo el tema del tamaño y del género y entrar de una vez a comentar algunos valores narrativos de El asesino melancólico sin aludir taxativamente a su identidad textual. En esta última tentación me dejo caer.

Lo mejor de El asesino melancólico en tanto obra de narrativa literaria es el desarrollo de sus personajes, desde su presentación hasta su cumbre. Escudos escoge fórmulas puntuales para soltarnos a sus protagonista. Con 32 palabras Blake Sorrow se hace contundente: «El día en que Blake Sorrow cumplió 50 años, emprendió el único acto de valentía del que sería capaz en toda su vida: se admitió a sí mismo que era un fracasado». Con la coprotagonista, Rolanda Hester, el procedimiento es igual: directo y preciso. La diferencia, quizá sutil, es que a Sorrow lo presenta la voz del narrador (omnisciente), y Hester se presenta ella misma en la primera línea de diálogo de la narración.


Estas decisiones narrativas marcan el carácter y el ritmo del texto que va creciendo como un diálogo en el que la voz de la comunicación explícita la aporta ella, mientras que lo que sabemos de él nos lo cuenta el narrador. Ambos personajes son poderosos –quizá quiero decir memorables–, bastante clásicos –muy noir– que ubicados en un contexto referencial –una suerte no where– logran desarrollar una historia que se cierra –sin candados– en sí misma. El asesino melancólico se lee rápido –un viaje de ida a Guatemala en autobús– y con ganas porque contiene esos motores de lectura que no fallan: contiene intriga y suspenso, sexo y romance –it’s complicated–, episodios tremendamente empáticos –volví a comer sardinas con galletas saladas– y consigue un tono reflexivo que no aspira a dar lecciones de vida. A pesar de su brevedad, luce recursos ágilmente dosificados como el flashback, capítulos epistolares y poéticos que aportan esa extensión narrativa que no implica sumar más palabras que las necesarias.

31/3/16

"El Salvador siglo XXI: las identidades nacionales" de Héctor Ismael Sermeño

Entrevista al escritor, crítico de artes e historiador Héctor Ismael Sermeño, a propósito del lanzamiento de su más reciente libro «El Salvador siglo XXI: las identidades nacionales». Por Carlos Clará.

Polémico, ácido y apasionado en sus críticas; amado u odiado (no se puede olvidar su captura el año 2010 como ex director de Patrimonio Cultural en el gobierno arenero de Saca por destrucción de sitios arqueológicos), nunca ignorado, respetado; poseedor de un conocimiento enciclopédico sobre San Salvador, su currículo es una larga lista de títulos y actividades culturales. Héctor Ismael Sermeño —quien estuvo en el exilio por más de dieciséis años en México— es el referente obligado si del centro histórico capitalino se trata.

Ha sido entrevistado como historiador sobre la ciudad casi doscientas veces en televisión; solo el 2015 tuvo treinta y siete apariciones. Es especialista también en la crítica de las artes, en la que es muy leído y comentado. Este año aparecerá en los libros para bachillerato (cinco millones de ejemplares), en Chile, con su crítica sobre el montaje que dirigió Roberto Salomón, en el Teatro Luis Poma, de Tartufo (Molière), que fue publicada en contrACultura. En cine es también una autoridad. 

Hace apenas unos días lanzó su cuarto libro de historia, El Salvador siglo XXI: las identidades nacionales (Alkimia Libros), que le llevó un año escribir. Con el propósito de conocer sus apreciaciones acerca de este y otros temas, lo entrevistamos de forma exclusiva para contrACultura.

Y aunque él insiste en separar lo académico de su labor de crítico, en esta ocasión quisimos conversar con ambos, con el crítico y con el historiador... leer más



24/3/16

"El rosal deshojado" de Alberto Masferrer


Así habrás de vivir

Serás como el viento, que canta mientras sopla,
 y no inquiere "de dónde viene ni para dónde va”.
Te contentarás, como el agua que corre, con ser
 una fuerza sumisa y desprendida.
Como la brisa, que se impregna de la fragancia
 encontrada al pasar, así disfrutarás de las venturas que
te ofrezca la vida: sin apegarte a ellas; sin rehacer tu
camino para gustarlas otra vez; sin tristeza por haberlas
perdido. Aquellas dichas que a nadie cuesten lágrimas,
esos son los fulgores con que has de iluminar las horas
grises de tu vida.
Y que te aliente la esperanza de que hay Ojos que
ven y' Oídos que oyen, aunque estén más allá de las
estrellas; y de que, así como para el agua y para el
viento, un día habrá reposo para tu corazón.

En 1935, a tres años de la muerte del maestro, escritor y pensador salvadoreño, don Alberto Masferrer (1868-1932) un grupo de amigos y admiradores de su prolífica obra, dispusieron reunir diversos artículos y poemas iniciales del gran ensayista, en un corpus que se intituló “El rosal deshojado”. Es éste, entonces, un libro póstumo, que se ha venido reimprimiendo a través del tiempo, pero cuya última publicación es ya lejana.

Su publicación se debe "al auspicio desinteresado de un grupo de sus admiradores, que consideran como un deber sagrado, la difusión de las ideas de Masferrer", de acuerdo con lo que expresa la nota correspondiente. No sólo por el título y los temas en donde lo sentimental domina, sino por la lucha entre la pasión y la razón, vuelo de la fantasía y acentuado lirismo, esta obra pertenece al período más romántico de su creador. La mayoría de estas páginas son trozos de la vida diaria o recuerdos que nacen al conjuro de algún estímulo. Casi todas contienen meditaciones sobre la niñez, la vida, lo temporal, mundano y pasajero. Muchas son notas autobiográficas con pensamientos relativos a constantes afanes de Alberto Masferrer. Pero todas son trozos literarios que, en su mayoría, acusan la tendencia del autor a escribir sucintamente sobre cuestiones trascendentales que de pronto le asaltan a contemplar una escena o un paisaje, escuchar el canto de un pájaro, ver una flor o visitar un sitio cualquiera, relacionando así sus concepciones panteístas y su sentido de arraigada religiosidad.

Es indudable que Masferrer fue mejor prosista que versificador. Aunque las poesías que se ofrecen en este volumen son escogidas, su desarrollo no culmina en elevada inspiración. Masferrer poseía, desde luego, gran sensibilidad expresiva; pero no llegó a traducirla en los versos y estrofas que dejó escritos. Su prosa sí es fina y fuerte, entrañable y conmovedora, en algunos momentos llega a ser poética y cuando trata temas humanos, sabe imprimirles, dentro de su arrebatado apasionamiento, verismo, sentimiento conmovedor, de tal modo que sus ideas impresionan y sus argumentos persuaden por su sinceridad y belleza.

Podría decirse que en estos artículos se encuentra el germen de las ideas que Masferrer se empeñó en difundir a través de estudios y ensayos más amplios, a medida que fue madurándolas y desenvolviéndolas debido a la experiencia, conocimientos adquiridos y ampliados, como por el fervor de evangelizar mostrando a los hombres el camino de su regeneración y mejoramiento valiéndose de la meditación reflexiva y el confrontamiento de la realidad que lo circunda, como de la necesidad de convivencia, fraternización y entendimiento con los demás hombres.

Este libro vuelve a mostramos al Masferrer bondadoso, convincente, empeñado en que los humanos descubran su propio destino y encuentren la ruta de la salvación.

16/3/16

Revista "De Vacaciones" en El Salvador

 

La revista De Vacaciones es una ya un clásico centroamericano en los destinos de turismo y vacaciones de esta zona de América. Su versión digital nos ofrece algunos de sus principales atractivos y nos recuerda que para The Rough Guide El Salvador es uno de los 10 destinos que se deben visitar para este 2016... Os invitamos a conocer esta publicación, con el articulo "Ciudades donde vivir la semana santa":

"Nuestra selección de lugares en donde tu creencia religiosa queda de lado para darle paso a un mundo colorido y lleno de tradiciones:

1. Izalco, Sonsonate (A 65 km de la capital San Salvador)

Si alguna vez han escuchado que las mejores alfombras del país se elaboran en Izalco, Sonsonate, no estaban exagerando, aquí el tamaño es lo que importa y los materiales que se utilizan son tan impredecibles que pueden ser desde flores hasta aserrín y sales de colores. Nuestro momento favorito es el Santo Entierro (Viernes Santo) el día en el que cientos de feligreses representan los momentos más dolorosos posteriores a la crucifixión...

Leer más...".


9/3/16

Practicar surf en El Tunco


El Tunco es considerada por los medios especializados y surfers internacionales entre las mejores playas del mundo para practicar el surf, así como una excelente playa para practicar el snorkeling y buceo a poca profundidad ya que en su lecho marino que es rocoso se puede observar el hábitat de ostras, langostas, corales con toda claridad en especial en los meses de verano (noviembre a abril).


Sólo 37 kilómetros de San Salvador, la playa El Tunco se ha convertido en un lugar preferido como destino para aquellos que buscan diversión, sol, mar, vida nocturna y algunas de las mejores olas para practicar surf. Una roca única y desembocadura de un río hace que el escenario de algunas de las mejores estelas en el Pacífico, donde los surfistas de todo el mundo se reúnen para dominar este deporte.

La playa es bien conocida por sus fiestas de fin de semana donde destaca la música en vivo de diferentes géneros: desde conciertos de rock, como de reggae o salsa. El Tunco tiene varios bares y restaurantes, entre ellos "LaGuitarra", con un ambiente bohemio y relajado, "D'Rocas", donde la fiesta tienen fama de interminable, con música y bebidas hasta el amanecer, y "La Bocana", el lugar preferido de surfistas. Muchos de los visitantes optan por compartir hogueras en la playa y pasar la noche bajo las estrellas.

2/3/16

El lago Coatepeque, entre los 10 lagos más bellos del mundo

  

El lago Coatepeque es un lago de origen volcánico, situado a 18 km al sur de la ciudad de Santa Ana en el municipio de El Congo. Tiene una altitud de 745 msnm y una superficie de 25.3 km². Además, su profundidad de 115 m. El domo norte tiene 25 m. de diámetro y 25 m. de altura, el domo sur tiene 150 m. de diámetro y 25m. de altura

El topónimo "coatepeque" significa “Cerro de Culebras” en lenguaje náhuatl. Cuenta con una isla llamada la Isla del Cerro o Teopán que era un santuario a la diosa Izqueye (compañera de Quetzalcoatl).


Posee aguas muy agradables, y es sitio ideal para practicar el buceo, el velerismo, piragüismo, natación y ski acuático. El lago de Coatepeque, es uno de los lugares turísticos más hermosos que puedes visitar en El Salvador. Este lago cuenta con una gran extensión en la que puedes practicar varios deportes, además de su belleza cuenta con una excelente vista panorámica hacia el volcán de santa Ana y el cerro verde.

22/2/16

Circuito Bahía Sierra


La Ruta de las Mil Cumbres también llamada Circuito Bahía Sierra, nos permite recorrer todo un camino lleno con las maravillas de la naturaleza; desde la costa hasta las alturas del departamento de Usulutan.

Se inicia el recorrido en la Bahía de Jiquilisco, para seguir por la Laguna El Jocotal, Chaguantique, Santiago de Maria, Ciudad de Alegria,la  Laguna de Alegria y Berlin. En este trayecto encontraremos especialmente hermosas lagunas, increible naturaleza y bellos paisajes.

La Bahía de Jiquilisco es una reserva natural, zona boscosa con abundancia de aves y reptiles (como las masacuatas, boas, iguanas, tortugas y cocodrilos.) exóticos y extensos manglares que lo convierten en uno de los ecosistemas mas hermosos de El Salvador. Con una abundancia de peces y un ambiente playero, también podemos encontrar islas vírgenes, sitios de observación de aves y espacios para la practica de deportes extremos.

La laguna El Jocotal es un mágico paisaje, rodeado por aguas mansas que te transportan a un espacio de tranquilidad. Rico en biodiversidad, con más de 18 tipos de peces como la mojarra negra, tilapia, sardina, bagre, zambo, ilama y guabima e incluso camarón de agua dulce; asimismo encontramos 120 especies de plantas acuáticas y herbóreas. Entre las aves, están las garza morena, garza blanca, patos, pichiches, caraos entre otras clases de aves migratorias.

Nombrado “Santuario de las Aves” y primer sitio “Ramsar” y en 1976, fue declarada como Área Protegida. Si se quiere experimentar de un recorrido dentro de estas bellas aguas, se puede hacer en cayucos con remos y si se gusta de la pesca podra disfrutar de dicha actividad.

El Bosque Chaguantique (nombre de origen nahuat que significa “Lugar de Hermosos Manantiales”) es zona protegida de El Salvador.


Bosque tropical en el que habita el mono araña, una especie en peligro de extinción, de la hermosa mariposa Big Blue, el Conacaste blanco, el Conacaste Negro, el Almendro de río, el Ojushte,(cuyo fruto es el alimento preferido por los monos araña). Asimismo encontramos pequeñas plantas como Huiscoyol, y el Platanillo. Este bosque cuenta con nacimientos de agua, estanques para la crianza de camarón de agua dulce y tilapias, casetas para la observación de monos,

Más información en: http://elsalvador.travel/impressive/circuitos-pueblos-vivos-multidestinos/

14/2/16

Perder la guerra un cuarto de siglo después


Perder la guerra un cuarto de siglo después, articulo de Carlos Dada publicado el 8 de febrero de 2016 a El Faro

"Estoy de acuerdo: hay que mirar hacia adelante. No hay otra forma de construir un mejor país que imaginándolo, y solo se puede imaginar hacia el futuro. Hay que mirar hacia adelante. Pero ese país no será mejor si no garantizamos que no cometeremos los errores que hemos cometido en el pasado. Si no garantizamos que nadie puede cometer crímenes de lesa humanidad, pasar por encima de nadie, violar nuestros derechos más elementales. Que aquel que lo haga será castigado. Por eso es tan importante analizar y juzgar lo que debe ser juzgado y avanzar hacia la construcción de ese país mejor, en el que no cabe la impunidad.

Quienes dicen hoy que no hay que reabrir heridas, y que es mejor no mirar atrás, esgrimen un argumento que vale igual para justificar que no se revisen las administraciones de los expresidentes Flores, Saca o Funes. O sus cuentas personales. Al fin y al cabo eso ya es parte del pasado.

El operativo policial lanzado la noche del viernes pasado para capturar a 17 militares, acusados del asesinato de los sacerdotes jesuitas en 1989, es apenas el último de una serie de decisiones judiciales tomadas en los últimos años, referidas todas ellas a personajes y acciones ocurridas durante el conflicto armado.
Las capturas de cuatro (apenas cuatro) de los 17 militares requeridos por interpol se dieron pocas horas después de que un tribunal de Estados Unidos concediera la extradición de otro militar involucrado en ese mismo crimen, el coronel Inocente Orlando Montano, hacia España, para ser juzgado en la Audiencia Nacional de ese país. Montano está en una prisión norteamericana desde hace casi cinco años; técnicamente por mentir en una solicitud migratoria. Durante su juicio, la justicia estadounidense lo responsabilizó de más de medio millar de torturas y decenas de ejecuciones y desapariciones durante sus más de 30 años de una carrera militar que lo llevó, de acto brutal en acto brutal, hasta el viceministerio de Seguridad, desde donde fue, entre otras cosas, partícipe de la orden para asesinar a los sacerdotes.

Si uno lee las reacciones que han circulado estos días por redes sociales, pensaría que nada ha cambiado en El Salvador desde enero de 1992, cuando los Acuerdos de Paz pusieron fin a la guerra. Lo mismo parece confirmar el comunicado de tres importantes partidos políticos salvadoreños (Arena, PCN y PDC) en el que condenan las recientes capturas porque “se enmarcan en actuaciones que agravan la polarización, reabren heridas en la sociedad salvadoreña y atentan a la letra y espíritu de los Acuerdos de Paz firmados en 1992”.
Pero pensar que nada ha cambiado sería erróneo. Hoy un comandante guerrillero es presidente del país, en el segundo gobierno del FMLN que ha demostrado tanta negligencia para gobernar, capacidad para negociar con mafias y tolerancia con la corrupción en sus propias filas como lo hicieron los gobiernos de la derecha.



Hoy los militares están casi completamente fuera de la arena política (salvo por la decisión de Mauricio Funes de otorgar poder político a David Munguía Payés, un coronel retirado al que reactivó y ascendió a general y pasó de Defensa a Seguridad Pública y que hoy, bajo la administración Sánchez Cerén, ha logrado mantener su cuota como ministro de Defensa); y algunos coroneles y generales, que hace apenas un cuarto de siglo controlaban la vida y muerte de los salvadoreños, hoy están prófugos.

Pocas imágenes dan muestra de qué tanto ha cambiado el mundo desde esos años como la de dos exministros de Defensa, los otrora todopoderosos Guillermo García y Eugenio Vides Casanova, llegando a San Salvador esposados en un avión para deportados. Ambas deportaciones sucedieron a larguísimos procesos judiciales en tribunales civiles estadounidenses, en los que jurados y jueces encontraron a los dos militares culpables de graves violaciones a los derechos humanos y crímenes contra la humanidad. En ese mismo proceso se encuentra otro exministro de Defensa, también encontrado ya culpable en Estados Unidos de gravísimas violaciones a los derechos humanos: el general Nicolás Carranza.

El exalcalde de San Salvador, Norman Quijano, reaccionó airado ante las capturas con una respuesta común entre las filas de la derecha: “Si van a extraditar a nuestros soldados, que nos defendieron, que se lleven a Sánchez Cerén y todos los que asesinaron y destruyeron el país. Alerta salvadoreños, o todos en la cama o todos en el piso. ¿Quién responderá por los asesinatos cobardes del FMLN durante el conflicto?”. Hay algo de verdad y mucho de amnesia en esa respuesta.

La parte rescatable de la respuesta de Quijano es que los crímenes no son exclusivos de un solo bando. La legitimidad de las víctimas no depende del bando ideológico que las victimizó. Víctimas son víctimas y todas tienen derecho a que se les restaure su dignidad a través de la justicia. Todas. Si algunas personas, o sus deudos, se consideran agraviados por un crimen cometido por quien sea, tienen derecho a la justicia y el Estado la obligación de proveerla. A todos.

La parte amnésica, falsa, de la reacción de Quijano, es sostener que el Ejército “nos defendió” de rebeldes que “asesinaron y destruyeron el país”.

Hace 24 años se firmaron los acuerdos que pusieron fin a la guerra, a partir del mutuo convencimiento de las partes de que era imposible que una se impusiera militarmente; y que era inviable políticamente mantener el conflicto tras la caída del muro de Berlín. Entonces se declaró un empate, se firmaron los acuerdos y la derecha, que a través de Arena gobernó el país durante 20 años, intentó registrar la posguerra como su triunfo ideológico sobre la izquierda, a la que calificaron errónea y uniformemente como comunista.

En realidad ha sucedido todo lo contrario: La derecha está ahora, un cuarto de siglo después, perdiendo aquella guerra.



Hoy la historia, que suele ser paciente, comienza a poner en su lugar las piezas de nuestro cruento conflicto. No se trató de la defensa del ejército contra la agresión comunista; sino, por el contrario, de la existencia de una dictadura militar apoyada en grupos paramilitares y sostenida por la oligarquía salvadoreña, cuyo único objetivo era perpetuar una de las sociedades más desiguales e injustas de occidente en la que la mayoría de la población vivía en la miseria para beneficio de oligarcas y militares corruptos.

La guerra no surgió porque el ejército se vio obligado a defender a la patria de una agresión comunista. La guerra surgió por la imposibilidad de sacar del gobierno a través de las urnas a una dictadura militar; por el cansancio de las clases obreras y campesinas ante la brutal represión de ese ejército y la descarada, inhumana explotación que de ellos hacía la oligarquía agroindustrial. Es indudable que movimientos internacionales y gobiernos de izquierda alimentaron en gran medida la capacidad de los grupos guerrilleros, pero eso no los convierte en el origen de la guerra.

El origen está en un sistema dictatorial y criminal al servicio de unos pocos.

Tres pilares fundamentales sostenían ese sistema injusto: la oligarquía, los militares y la iglesia católica. En 1932, cuando el coletazo de la gran crisis del 29 en Estados Unidos nos alcanzó y la economía salvadoreña se deprimió, los campesinos indígenas, hambrientos, exigieron mejores condiciones, algo insultante para los patronos de las fincas cafetaleras. En 1932, el uno por ciento (¡Uno por ciento!) de la población controlaba el 90 por ciento de la riqueza nacional. A los campesinos que protestaron les llamaron comunistas y el ejército, encabezado por el dictador Maximiliano Hernández Martínez, se encargó de dar una lección histórica: asesinó a 30 mil de ellos. El dictador dijo que estaba defendiendo a la patria del comunismo. Y entonces comenzó aquello del odio de clases.

En otras palabras, desde entonces la justificación de quienes sostenían a fuego y hambre el sistema era que los campesinos hambreados, en su mayoría indígenas, que habían sido despojados de sus tierras y cuyos hijos se estaban muriendo de hambre, esclavizados por terratenientes y terriblemente reprimidos por el ejército, odiaban a los ricos y por eso protestaban, por comunistas. Odio de clase. Los terratenientes y el ejército no odiaban a nadie. Mantenían hambreados a los campesinos, pero si los mataban era para defender a la patria del comunismo. De paso, eliminaron toda expresión de la cultura indígena en El Salvador.

Virginia Tilley, en un trabajo académico citado en El Faro Académico, lo resumió así: “La Matanza de 1932 se debe comprender teniendo en mente su historia: no como una revuelta campesina con un ángulo racial sino como la última convulsión de la rebelión indígena contra el colonialismo. Para 1931 los indígenas estaban perdiendo rápidamente sus parcelas, su ingreso de subsistencia e incluso las modestas compensaciones del clientelismo ladino, al mismo tiempo que el sistema de peonaje por deudas transfería la tierra a los ladinos. El movimiento comunista solamente proporcionó el fósforo que dio fuego a este material combustible de resentimiento étnico. La revuelta en sí, sus slogans, liderazgo, blancos y metas, sugieren una ‘guerra de razas’, con grupos indígenas asaltando los emblemas del poder ladino. La represión subsiguiente indicaba las mismas dinámicas raciales.



“Ciertamente el ejército desempeñó un papel asesino en los primeros días y semanas. Pero el alcance genocida de la Matanza (cuya escala no se conoce con precisión pero que decimó y devastó a las comunidades indígenas) fue responsabilidad de grupos civiles ladinos y autoridades municipales que desearon con particular inquina ‘que se extermine de raíz la plaga’”.

La matanza de 1932 granjeó a la oligarquía y al ejército medio siglo de “tranquilidad” en las fincas. Nadie se rebelaba por temor a otra matanza y los indígenas dejaron de vestirse a su manera tradicional y de hablar otro idioma que no fuera el castellano.

El sistema se mantuvo alimentado, ya en la guerra fría, por la obsesión norteamericana contra el comunismo, urgida por el triunfo de la revolución cubana. El ejército salvadoreño solía premiar a sus oficiales más sangrientos, particularmente después de la guerra contra Honduras y en el camino hacia la guerra civil.
Los jesuitas fueron, en América Latina, el grupo religioso que de manera más radical adoptó las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que llamaba a la liberación del hombre en esta vida. El derecho del hombre a una vida digna. En ningún lugar parecía más urgente esa liberación que en una América Latina plagada de dictaduras militares garantes de sistemas sociales tan injustos como el nuestro. En ningún lugar de América Latina tanto como en esa parte de América Central que hoy conocemos como el CA-4.

Cuando el general Carlos Humberto Romero llegó al poder mediante un nuevo fraude electoral, en 1977, El Salvador era el país de América Latina con el más largo periodo de gobiernos militares en la región: 50 años (desde que el general Maximiliano Hernández Martínez derrocara al gobierno de Arturo Araujo, en 1931). Poco antes de asumir la presidencia, aún como ministro de Defensa, las tropas bajo el mando del general Romero asesinaron al sacerdote jesuita Rutilio Grande.

En 1990, un año después del asesinato de Ignacio Ellacuría y los otros sacerdotes jesuitas, el mayor Roberto Molina, jefe de la oficina de derechos humanos del Ejército, le dijo a la misión investigadora de America’s Watch: “Los clérigos progresistas tienen una gran responsabilidad por lo que ha pasado en este país. Han lanzado una guerra de clases. Negros contra blancos. Pobres contra ricos. Pequeños contra grandes”.

No fueron muy distintas, el sábado pasado, las palabras del actual director del sector empresarial de San Salvador en Arena, Alfredo Pereira. Ante José Ellacuría: “Es necesario que hechos como la muerte de mi hermano no queden en la impunidad” un llamado del hermano del asesinado jesuita Ignacio Ellacuría de que el crimen no quedara en la impunidad, Pereira respondió a través de su cuenta de Twitter: “si su hermano vino a ES sin ser llamado y vino a promover la teologia de la liberación y odio de clases cosecho lo que sembro (sic)”. Después borró el tuit.

Estas expresiones son inadmisibles, pero son parte del último intento desesperado de la derecha de conservar algún lugar digno en la historia prepaz.

No es posible, afortunadamente, conservar ningún lugar digno en ninguna historia defendiendo algunos de los más horrendos crímenes que registra el Siglo XX en nuestra región. Si la derecha quiere rescatar alguna legitimidad, debe hacerlo defendiendo una perspectiva de nación donde se vislumbre un bienestar para todos sus ciudadanos. Para todos. Esto no es posible hacerlo legitimando criminales y asesinos.

Un cuarto de siglo después de que terminara la guerra, la derecha la está perdiendo. El sistema que defendía es insostenible y es criminal. Estaba basado en beneficios para un pequeño grupo o clase a costa de los otros. Esto, justamente, es odio de clases. Esto es lo que la historia nos ha enseñado apenas un cuarto de siglo después.

Pero aquí hay que hacer una aclaración: el principio dice que a mayor poder mayor responsabilidad. Los soldados, también la mayoría de ellos de origen humilde, que participaron en la guerra y que posiblemente cometieron la mayor parte de los crímenes que hoy conocemos, tienen un nivel responsabilidad menor que el de sus jefes, y así hacia arriba. La responsabilidad de mando significa haber dado órdenes o, sabiendo que sus subalternos habían cometido atrocidades, no castigarlos ni hacer nada para evitar que esto se repitiera. (En las capturas del pasado viernes, tres de lo cuatro capturados eran, en 1989, soldados de tropa que ya confesaron haber sacado de sus casas a lo sacerdotes jesuitas y, a sangre fría, haberles disparado. El cuarto es el coronel Benavides, exjefe de la Escuela Militar, que ya fue juzgado y condenado por el hecho en un irregular juicio en San Salvador poco después de la masacre. Casualmente, ninguno de los coroneles y después generales acusados del crimen estaban en sus casas a altas horas de la noche).

Según la Comisión de la Verdad, la inmensa mayoría de los crímenes fueron cometidos por las fuerzas militares o paramilitares, pero esto no exime a la izquierda. No la exime ni justifica.

Es cierto que algunos grupos izquierdistas pretendían instaurar gobiernos “totalitarios”, como me argumentó hace poco un veterano arenero. Algunos, pero no todos. Le recordé que la lucha contra el régimen logró unificar incluso a demócratas cristianos, algunos más cercanos a la derecha, con comunistas, socialdemócratas y socialcristianos, como sucedió en la Unión Nacional Opositora. Por otro lado, ¿qué sistema puede ser más totalitario que uno controlado durante medio siglo por un ejército represor y una oligarquía asfixiante? ¿Qué libertades representa una dictadura militar en la que la protesta es castigada con la tortura y la muerte? ¿Qué país de oportunidades aquel en el que una pequeña minoría concentra una parte tan escandalosa de la riqueza nacional, y controla de manera casi absoluta el bienestar de su población? Esto, incluso para él, es ya indefendible. Pero él y sus correligionarios necesitan justificar algún nivel de legitimidad en su lucha. Difícilmente la encontrarán en los años del conflicto armado, ya no se diga en expresiones tan ofensivas, ignorantes y estúpidas como la de justificar el asesinato de unos religiosos intelectuales.

El asesinato de los jesuitas acabó costando la guerra a la derecha. Es hora de que lo reconozcan y vean hacia adelante.

La izquierda, en cambio, está perdiendo la paz. Pero eso requiere de una nueva columna."

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*Carlos Dada es periodista de El Faro. Fue fundador del periódico y su director entre 1998 y 2014. Ha recibido numerosos premios internacionales y sido becario Knight en la Universidad de Stanford, y Cullman en la Biblioteca Pública de Nueva York. Actualmente imparte clases en la universidad de Yale mientras escribe un libro sobre el asesinato de Monseñor Romero y los escuadrones de la muerte en El Salvador

7/2/16

Cenizas de Izalco

Cenizas de Izalco, novela de la salvadoreña Claribel Alegría (1924) y del estadounidense Darwin J. Flakoll (1923-1995), es uno de los grandes clásicos centroamericanos. Cenizas de Izalco rompe con la tradición realista de la literatura salvadoreña, introduciendo eficazmente técnicas de vanguardia, como el uso del monólogo interior y el trasloque temporal. 

Esta obra es un testimonio de los hechos ocurridos en los años 1930. Pero no solo es testimonio sino también protesta. Los procesos se mueven perezosamente y Santa Ana, con sus costumbre y maneras de pensar es un bello ejemplo de ello. Dentro de esa inmutabilidad, aparece el descontento del campesino salvadoreño de esos años. Farabundo Martí, uno de los dirigentes más destacados, del levantamiento campesino de 1932, aparece sin aura, objetivamente; así como también aparece la inamovilidad de la sociedad salvadoreña.... 

Hoy para iniciar el año 2016 en este blog os invitamos a recordar esta novela y sus autores...

Más información a :
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