27/8/15

Poesia salvadoreña (4): Roberto Armijo

 
Los niños nos exigen un mañana

Los niños nos exigen un mañana 
Donde se pueda 
Respirar aire limpio 
Y sin temor. 
El hombre que ama a sus hijos, 
Ofrecerá su corazón, 
Su pensamiento,
 Por un mañana sin odios y sin guerra. 
Los niños crecen como las flores;
Oyen caer la lluvia 
Y avanzar la alborada que despierta las frutas. 
Los niños no sospechan 
Que entre las luces 
De la mar que descansa silenciosa en los puertos, 
Ronda el aire fatal de las lluvias nucleares. 
Los niños sueñan con leyendas vagas. 
Sin presentir la sombra que acecha sus juegos. 
Si la guerra estallara, 
¿Cómo podría la escuela alegrar sus aulas? 
Quedarían heridos los juguetes. 
Pinocho cada vez más triste 
Y perdida en sollozos 
Caperucita en medio de la noche honda. 
¿Cómo podría el mundo estallar en colores 
Y palpitar la estrella sobre la cabaña? 
Los animales inocentes 
Se volverían polvo 
Y la tierra una pálida cicatriz de tristeza. 
La novia primorosa 
No luciría sus cabellos 
En la mañana azul que hace brillar los árboles. 
Y llegaría Octubre, 
Y en la vaga aventura del aire 
No habría barriletes. 
Una llaga de estruendo sería la tierra 
Y quedaría solitaria. 
Los niños nos exigen un mañana, 
Y el que quiere a sus hijos 
Oye el llamado de los niños del mundo. 
Hay injusticia. 
Se apaga entre fiebres y basura 
Adolorido el hombre; 
Pero la tierra es ancha como el pensamiento y la luz. 
Siempre habrá una alondra, un astro, 
Una muchacha que consuele una frente pensativa. 
La mañana la siente mi corazón…
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