18/10/15

Los locos del náhuat


¿Se puede aprender náhuat-pipil en nueve horas? Esta es la historia de cómo un ministro de Obras Públicas, un lingüista Premio Nacional de Cultura, una periodista y los Tzunhejekat aprenden a pensar cómo pensaban los antepasados, a sabiendas de que el náhuat poco a poco se nos está extinguiendo. 

En una clase de náhuat-pipil, 25 personas intentan resolver un misterio. “¿De dónde viene el cero?” ha preguntado Rafael Lara-Martínez, el profesor, con el simple afán de sembrar la duda existencial. Mi compañero Gerson cree tener la respuesta correcta e intenta resolver el enigma. Desde una silla, ubicada en las primeras filas, alza su voz y afirma que el cero fue inventado en Mesoamérica por los mayas. Asombrado por la seriedad de mi compañero y por la seguridad en el tono de su respuesta, el profesor Lara-Martínez lo reta de nuevo:

—¿Antes de 1492 no existía el cero, entonces? -le pregunta.

—De aquí se lo llevaron los españoles -responde mi compañero Gerson.

El profesor quiere reírse, se le nota en la cara, pero solo alcanza a resoplar para resumir lo absurda que le ha parecido la afirmación. La discusión termina ahí, pero mi compañero Gerson, días después, se mantendrá firme. Wikipedia, al menos, le da la razón, pero a mí me basta para que esta escena se vaya directo a mi lista de los nunca: nunca imaginé que tendría de compañero de clases de náhuat al ministro de Obras Públicas. Nunca lo imaginé interesado en el náhuat. Nunca imaginé que lo vería desaprobado por un profesor que enseña una lengua que se cree muerta.

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