3/6/12

Pandillas en El Salvador. ¿Es posible un modelo exitoso de prevención?


Sonja Wolf es investigadora post doctoral en la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó sus estudios doctorales en University of Wales Aberystwyth. Su tesis analiza las políticas de Mano Dura en El Salvador y los esfuerzos no gubernamentales orientados a promover una política antipandillas integral y respetuosa de los derechos humanos. Es maestra en Relaciones Internacionales por la School of Oriental and African Studies y licenciada en Estudios Europeos por University College London. Ha sido becaria de University of Wales Aberystwyth, British Federation of Women Graduates y Society for Latin American Studies. Su investigación explora la emergencia del discurso pandillero transnacional y sus implicaciones para el control de pandillas. En la publicación Distintas Latitudes publica periódicamente articulos dedicados a analizar y reflexionar sobre esta situación, hoy os invitamos a leer "Pandillas en El Salvador. ¿Es posible un modelo exitoso de prevención?" publicado en diciembre de 2011:

El fenómeno pandilleril del El Salvador se remonta a los años cincuenta del siglo XX. En aquellos años, pequeños grupos territoriales reunieron a jóvenes marginalizados para pasar el rato, consumir drogas, y cometer delitos menores. La situación cambió dramáticamente cuando a mediados de los noventa Estados Unidos intensificó las deportaciones de los no ciudadanos infractores, incluido miembros de la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Calle Dieciocho. Ambas bandas nacieron en los barrios inmigrantes de Los Ángeles, donde muchos centroamericanos se habían refugiados de las guerras. De cara a la exclusión, la discriminación, y el acoso pandilleril, algunos hijos de los refugiados buscaron respeto y protección en sus propias bandas. En sus países de origen, los repatriados encontraron pocas oportunidades de reinserción, y dentro de poco, la MS-13 y la Dieciocho habían prácticamente absorbido a las pandillas locales. Conocidos como “maras,” los dos grupos tienen una importante presencia tanto en el Triángulo Norte de Centroamérica como en Estados Unidos.

Frente a la necesidad de acompañar tanto a los jóvenes en riesgo como a los pandilleros, muchas ONG se vieron obligadas a llevar a cabo proyectos de prevención y de rehabilitación pandilleril en las comunidades y en las cárceles, a menudo con el apoyo de la cooperación internacional. Sin embargo, por lo general estas organizaciones son pequeñas, carecen de los conocimientos técnicos requeridos, y cuentan con fondos insuficientes para poder responder a la complejidad y magnitud del problema. Por consiguiente, hay una amplia gama de iniciativas privadas que tienen un alcance limitado y no logran un impacto significativo en el fenómeno pandilleril. Además, estos proyectos no suelen ser monitoreados y evaluados de manera independiente para determinar qué resultados tienen y para evitar que empeore la situación.

Mano Dura 

En 2003 el Gobierno del Presidente Francisco Flores lanzó el Plan Mano Dura, aparentemente para reducir el actuar de las maras y bajar el número de homicidios, que se atribuyeron en su mayoría a estos grupos. Sin embargo, el momento de su lanzamiento y su naturaleza sugirieron que la estrategia buscó dar a la gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) una ventaja electoral sobre su principal contrincante, la antigua guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Enfocada en la represión, la medida supuso barridas de zonas, patrullas policiaco-militares y arrestos masivos. De hecho, una Ley Antimaras, posteriormente declarada inconstitucional, permitió a la policía detener a los presuntos pandilleros por su apariencia física, sobre todo por sus característicos tatuajes. El plan gozó de un amplio respaldo por parte de una población agobiada por una ya crónica inseguridad, pero resultó altamente contraproducente. Las cifras de arrestos aumentaron, pero muchos de los detenidos fueron puestos en libertado debido a la falta de evidencias; la tasa de homicidios subió vertiginosamente; y las pandillas, cuyos miembros fueron retenidos en cárceles segregadas por pandillas, fortalecieron sus estructuras internas e intensificaron su actuar criminal, sobre todo en el caso de las extorsiones. Desde entonces, las maras han dejado de ser pandillas callejeras tradicionales y se han convertido en lo que muchos observadores consideran una nueva expresión del crimen organizado. El rango de edad de los pandilleros se ha ampliado, sus actuar criminal se ha profesionalizado, pero aun muchos jóvenes se unen a estos grupos en busca del estatus social que no logran obtener de otra forma.

El Plan Mano Dura fue ampliamente criticado por su enfoque en la represión, sus violaciones a los derechos humanos, y su desatención a la prevención y la rehabilitación. Muchas ONG buscaron la implementación de una política integral y respetuosa de los derechos humanos. Como sea, el Plan Mano Dura fue un factor clave en el triunfo presidencial de ARENA en 2004. El Presidente entrante, Antonio Saca, quien se había comprometido a seguir el curso de su antecesor, reaccionó a las críticas incorporando en su Plan Súper Mano Dura los componentes de prevención y rehabilitación. Sin embargo, estos programas alternativos, conocidos como Mano Amiga y Mano Extendida, quedaron politizados, infradotados, e incoherentes. En la práctica, la represión siguió siendo la estrategia dominante. Los homicidios aumentaron, y a mediados de 2006, cuando el plan se había vuelto una carga política, fue discretamente retirado.

El papel de la sociedad civil

Los proyectos de las ONG siguen implementándose y merecen un análisis por dos razones.

Primero: aunque se ejecuten en pequeña escala y muchos de ellos estén mal diseñados, siguen jugando un papel importante en los esfuerzos por mantener a los jóvenes en riesgo alejados de las pandillas, ayudándolos a llevar una vida alejada de la violencia. Estos intentos parecen más importantes que nunca ya que el actual Gobierno, a cargo del ex periodista Mauricio Funes quien fuera candidato del FMLN en 2009, no sólo carece de una política antipandillas, sino que, a pesar de sus promesas iniciales de romper con las políticas criminales del pasado, también ha tomado el camino de la represión, incluso dando a las Fuerzas Armadas mayores atribuciones en seguridad pública.

Segundo: porque las autoridades han argumentado que todos los sectores de la sociedad deberían cooperar en la construcción de un país más seguro. Las iniciativas privadas, jugando un papel destacado en la prevención y la rehabilitación pandilleril, tienen el potencial de reducir este problema, pero también pueden, sin querer, exacerbarlo. Por lo tanto, es fundamental examinar las actividades en pro de la prevención y la rehabilitación pandilleril, sus logros y retos.

La Iberia 

Uno de estos proyectos, considerado por muchos como una iniciativa modelo, es el Polígono Industrial Don Bosco. Fundado y dirigido por el sacerdote salesiano español José Moratalla, la institución ofrece un programa de becas residencial que imparte educación y formación profesional a menores infractores, ex pandilleros y jóvenes en riesgo de convertirse en pandilleros. El Polígono está situado en La Iberia, una comunidad marginal en el este de San Salvador. Durante la guerra civil, el hacinamiento en este lugar de caminos polvorosos, champas, y desprovisto de servicios básicos empeoró cuando centenares de familias huyeron del conflicto armado en el campo y buscaron refugio en ésta y otras zonas marginales.

Hoy, La Iberia presenta un panorama de cierto progreso. Se pavimentaron las calles; las champas fueron sustituidas por casas mixtas; y el acceso a agua, sanitación, y electricidad aumentó. Sin embargo, los problemas sociales persisten en esta comunidad de aproximadamente 45,000 residentes. El problema más agudo lo constituyen los altos niveles delictivos, sobre todo la incidencia de los homicidios, los robos, las extorsiones, el narcomenudeo y la actividad pandilleril. De hecho, las maras se han repartido la comunidad de tal manera que la Dieciocho domina una parte mientras las MS-13 controla el sector que alberga al Polígono.

El Polígono 

José Moratalla había llegado a El Salvador en 1985 como docente en la escuela salesiana de La Iberia. Al llegar encontró una comunidad plagada por el alcoholismo, el consumo de droga y altos niveles de crimen y violencia. El Padre Moratalla llegó a la convicción de que la educación y la formación profesional por sí solas no iban a permitir a los jóvenes conseguir buenos empleos, y visualizó la creación de cooperativas como una posible solución. De pronto, con el apoyo de un grupo de jóvenes empezó a convertir un basurero municipal en lo que hoy es el Polígono. En 1988 la institución inicio sus operaciones con diez cooperativas, en su mayoría industriales, y en 1994 procedió a abrir un instituto educativo. Desde entonces el Polígono ha crecido para incorporar casas residenciales, un campo atlético, y una clínica que ofrece asistencia médica a bajo costo.

Prevención y rehabilitación pandilleril 

En 1996 se estableció en el Polígono un programa dirigido a los jóvenes en riesgo y a los menores infractores, incluido los pandilleros, a quienes se les ofrece educación y formación profesional como una manera de alejarlos de las maras o facilitar su reintegración social. Con la entrada de los primeros becarios, el personal se dio cuenta de que la rehabilitación pandilleril resultó ser más difícil de lo anticipado y decidió restringir los criterios de admisión. Desde entonces, el Polígono ha excluido a jóvenes con una familia nuclear, adicción a las drogas, bajo C.I. o necesidades especiales de aprendizaje, orientaciones sexuales diferentes.

Actualmente el programa residencial está dirigido a jóvenes de 14 a 18 años. Los participantes reciben asistencia médica gratis y alojamiento en casas separadas por género. El horario está estrictamente estructurado desde el desayuno a las 6.30 hasta la hora de acostarse a las 21.15. Las actividades, con asistencia obligatoria, incluyen las oraciones, la recreación, y asistencia psicológica. Sin embargo, los pilares son la educación y la formación técnica no remunerada en una de las cooperativas (panadería, carpintería, mecánica, aluminio, y calzado) que buscan preparar a los jóvenes para el autoempleo.

¿Una iniciativa modelo? 

La capacitación técnica responde a la escasez de oportunidades laborales en El Salvador, uno de los obstáculos claves en la reinserción de los pandilleros. No obstante, el programa del Polígono presenta tres dificultades.

Primero, tanto las microempresas como las cooperativas tienen que competir en el mercado capitalista para sobrevivir y prosperar. Las industrias que prefiere el Polígono se distinguen por sus bajos requisitos técnicos y de capital. Estas características las vuelven atractivas, pero también permiten ingresos muy limitados. Además, las microempresas enfrentan una fuerte competencia de parte de las grandes empresas. Los becarios puedan estar satisfechos con los oficios que aprenden, pero los ingresos hacen que sean opciones dudosas para la reinserción pandilleril. ¿Hasta qué punto constituye la microempresa manufacturera una alternativa factible al narcomenudeo y el negocio de la extorsión?

Segundo, el Polígono no recluta a adolescentes claramente proclives a entrar en las maras, sino que incorpora a jóvenes desfavorecidos pero no necesariamente en riesgo de unirse a las pandillas. Igualmente, los criterios de admisión discriminan en contra de los pandilleros, sobre todo quienes aún se identifican con estos grupos y sus valores. Además, la falta de evaluaciones impide determinar cuántos de los graduados lograron cambiar su vida. No se trata de negar la importancia de los esfuerzos que hace el Polígono a favor de los jóvenes marginados, sino de destacar que estas actividades tienen poco o nada que ver con la prevención y la rehabilitación pandilleril.

Tercero, el hecho de que el Polígono esté ubicado en una comunidad afectada por las maras plantea ciertos retos. Tanto el personal como los estudiantes han sido acosados por la MS-13, y su presencia también pone el peligro a los becarios-pandilleros. Este escenario podría constituir un incentivo para abordar la situación de las pandillas en La Iberia, pero el Polígono ha preferido enfrentar el problema únicamente en el marco de su programa residencial, cuyos participantes provienen de otras partes del país. Esta decisión implica no sólo una oportunidad perdida para mejorar la comunidad de una manera concertada. Irónicamente, también evidencia la falta de capacidad técnica para realizar el trabajo pandilleril por el cual la agencia es conocida.

El camino por delante 

El proyecto del Polígono ofrece una serie de lecciones y reflexiones para quienes buscan hacer la prevención y la rehabilitación pandilleril más efectiva. Primero, tanto las autoridades como las ONG carecen de una base financiera lo suficientemente sólida para atender todas las facetas del fenómeno de las maras. El Polígono ha superado varias crisis de fondos y cuenta con una amplia gama de donantes, incluido el Gobierno de El Salvador. Sin embargo, la incertidumbre financiera es una constante en todas estas organizaciones y puede quitar mérito a las actividades temáticas. Sería provechoso, también, si estos actores dejaran de duplicar esfuerzos y empezaran a reunir recursos para lograr un mayor impacto. Segundo, es indispensable que todas las estrategias antipandillas sean monitoreadas y evaluadas de manera independiente. El propósito de estos ejercicios es asegurarse que las intervenciones consigan sus objetivos y evitar que tengan efectos adversos sobre las maras. Tercero, se requiere un debate más amplio y más serio sobre las respuestas al fenómeno pandilleril. Hasta la fecha ha resultado difícil llegar a un consenso sobre la amenaza que representan las maras y sobre las acciones necesarias para atender su dimensión criminal y social. Tomando en cuenta que las autoridades no pueden abdicar sus responsabilidades en el área de seguridad pública, es necesario definir las posibles contribuciones de los actores y llegar a mayores niveles de colaboración y coordinación. En última instancia, El Salvador sólo podrá convertirse en un país más justo y seguro si todos se suman a este esfuerzo.
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