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14/2/16
Perder la guerra un cuarto de siglo después
Perder la guerra un cuarto de siglo después, articulo de Carlos Dada publicado el 8 de febrero de 2016 a El Faro
"Estoy de acuerdo: hay que mirar hacia adelante. No hay otra forma de construir un mejor país que imaginándolo, y solo se puede imaginar hacia el futuro. Hay que mirar hacia adelante. Pero ese país no será mejor si no garantizamos que no cometeremos los errores que hemos cometido en el pasado. Si no garantizamos que nadie puede cometer crímenes de lesa humanidad, pasar por encima de nadie, violar nuestros derechos más elementales. Que aquel que lo haga será castigado. Por eso es tan importante analizar y juzgar lo que debe ser juzgado y avanzar hacia la construcción de ese país mejor, en el que no cabe la impunidad.
Quienes dicen hoy que no hay que reabrir heridas, y que es mejor no mirar atrás, esgrimen un argumento que vale igual para justificar que no se revisen las administraciones de los expresidentes Flores, Saca o Funes. O sus cuentas personales. Al fin y al cabo eso ya es parte del pasado.
El operativo policial lanzado la noche del viernes pasado para capturar a 17 militares, acusados del asesinato de los sacerdotes jesuitas en 1989, es apenas el último de una serie de decisiones judiciales tomadas en los últimos años, referidas todas ellas a personajes y acciones ocurridas durante el conflicto armado.
Las capturas de cuatro (apenas cuatro) de los 17 militares requeridos por interpol se dieron pocas horas después de que un tribunal de Estados Unidos concediera la extradición de otro militar involucrado en ese mismo crimen, el coronel Inocente Orlando Montano, hacia España, para ser juzgado en la Audiencia Nacional de ese país. Montano está en una prisión norteamericana desde hace casi cinco años; técnicamente por mentir en una solicitud migratoria. Durante su juicio, la justicia estadounidense lo responsabilizó de más de medio millar de torturas y decenas de ejecuciones y desapariciones durante sus más de 30 años de una carrera militar que lo llevó, de acto brutal en acto brutal, hasta el viceministerio de Seguridad, desde donde fue, entre otras cosas, partícipe de la orden para asesinar a los sacerdotes.
Si uno lee las reacciones que han circulado estos días por redes sociales, pensaría que nada ha cambiado en El Salvador desde enero de 1992, cuando los Acuerdos de Paz pusieron fin a la guerra. Lo mismo parece confirmar el comunicado de tres importantes partidos políticos salvadoreños (Arena, PCN y PDC) en el que condenan las recientes capturas porque “se enmarcan en actuaciones que agravan la polarización, reabren heridas en la sociedad salvadoreña y atentan a la letra y espíritu de los Acuerdos de Paz firmados en 1992”.
Pero pensar que nada ha cambiado sería erróneo. Hoy un comandante guerrillero es presidente del país, en el segundo gobierno del FMLN que ha demostrado tanta negligencia para gobernar, capacidad para negociar con mafias y tolerancia con la corrupción en sus propias filas como lo hicieron los gobiernos de la derecha.
Hoy los militares están casi completamente fuera de la arena política (salvo por la decisión de Mauricio Funes de otorgar poder político a David Munguía Payés, un coronel retirado al que reactivó y ascendió a general y pasó de Defensa a Seguridad Pública y que hoy, bajo la administración Sánchez Cerén, ha logrado mantener su cuota como ministro de Defensa); y algunos coroneles y generales, que hace apenas un cuarto de siglo controlaban la vida y muerte de los salvadoreños, hoy están prófugos.
Pocas imágenes dan muestra de qué tanto ha cambiado el mundo desde esos años como la de dos exministros de Defensa, los otrora todopoderosos Guillermo García y Eugenio Vides Casanova, llegando a San Salvador esposados en un avión para deportados. Ambas deportaciones sucedieron a larguísimos procesos judiciales en tribunales civiles estadounidenses, en los que jurados y jueces encontraron a los dos militares culpables de graves violaciones a los derechos humanos y crímenes contra la humanidad. En ese mismo proceso se encuentra otro exministro de Defensa, también encontrado ya culpable en Estados Unidos de gravísimas violaciones a los derechos humanos: el general Nicolás Carranza.
El exalcalde de San Salvador, Norman Quijano, reaccionó airado ante las capturas con una respuesta común entre las filas de la derecha: “Si van a extraditar a nuestros soldados, que nos defendieron, que se lleven a Sánchez Cerén y todos los que asesinaron y destruyeron el país. Alerta salvadoreños, o todos en la cama o todos en el piso. ¿Quién responderá por los asesinatos cobardes del FMLN durante el conflicto?”. Hay algo de verdad y mucho de amnesia en esa respuesta.
La parte rescatable de la respuesta de Quijano es que los crímenes no son exclusivos de un solo bando. La legitimidad de las víctimas no depende del bando ideológico que las victimizó. Víctimas son víctimas y todas tienen derecho a que se les restaure su dignidad a través de la justicia. Todas. Si algunas personas, o sus deudos, se consideran agraviados por un crimen cometido por quien sea, tienen derecho a la justicia y el Estado la obligación de proveerla. A todos.
La parte amnésica, falsa, de la reacción de Quijano, es sostener que el Ejército “nos defendió” de rebeldes que “asesinaron y destruyeron el país”.
Hace 24 años se firmaron los acuerdos que pusieron fin a la guerra, a partir del mutuo convencimiento de las partes de que era imposible que una se impusiera militarmente; y que era inviable políticamente mantener el conflicto tras la caída del muro de Berlín. Entonces se declaró un empate, se firmaron los acuerdos y la derecha, que a través de Arena gobernó el país durante 20 años, intentó registrar la posguerra como su triunfo ideológico sobre la izquierda, a la que calificaron errónea y uniformemente como comunista.
En realidad ha sucedido todo lo contrario: La derecha está ahora, un cuarto de siglo después, perdiendo aquella guerra.
Hoy la historia, que suele ser paciente, comienza a poner en su lugar las piezas de nuestro cruento conflicto. No se trató de la defensa del ejército contra la agresión comunista; sino, por el contrario, de la existencia de una dictadura militar apoyada en grupos paramilitares y sostenida por la oligarquía salvadoreña, cuyo único objetivo era perpetuar una de las sociedades más desiguales e injustas de occidente en la que la mayoría de la población vivía en la miseria para beneficio de oligarcas y militares corruptos.
La guerra no surgió porque el ejército se vio obligado a defender a la patria de una agresión comunista. La guerra surgió por la imposibilidad de sacar del gobierno a través de las urnas a una dictadura militar; por el cansancio de las clases obreras y campesinas ante la brutal represión de ese ejército y la descarada, inhumana explotación que de ellos hacía la oligarquía agroindustrial. Es indudable que movimientos internacionales y gobiernos de izquierda alimentaron en gran medida la capacidad de los grupos guerrilleros, pero eso no los convierte en el origen de la guerra.
El origen está en un sistema dictatorial y criminal al servicio de unos pocos.
Tres pilares fundamentales sostenían ese sistema injusto: la oligarquía, los militares y la iglesia católica. En 1932, cuando el coletazo de la gran crisis del 29 en Estados Unidos nos alcanzó y la economía salvadoreña se deprimió, los campesinos indígenas, hambrientos, exigieron mejores condiciones, algo insultante para los patronos de las fincas cafetaleras. En 1932, el uno por ciento (¡Uno por ciento!) de la población controlaba el 90 por ciento de la riqueza nacional. A los campesinos que protestaron les llamaron comunistas y el ejército, encabezado por el dictador Maximiliano Hernández Martínez, se encargó de dar una lección histórica: asesinó a 30 mil de ellos. El dictador dijo que estaba defendiendo a la patria del comunismo. Y entonces comenzó aquello del odio de clases.
En otras palabras, desde entonces la justificación de quienes sostenían a fuego y hambre el sistema era que los campesinos hambreados, en su mayoría indígenas, que habían sido despojados de sus tierras y cuyos hijos se estaban muriendo de hambre, esclavizados por terratenientes y terriblemente reprimidos por el ejército, odiaban a los ricos y por eso protestaban, por comunistas. Odio de clase. Los terratenientes y el ejército no odiaban a nadie. Mantenían hambreados a los campesinos, pero si los mataban era para defender a la patria del comunismo. De paso, eliminaron toda expresión de la cultura indígena en El Salvador.
Virginia Tilley, en un trabajo académico citado en El Faro Académico, lo resumió así: “La Matanza de 1932 se debe comprender teniendo en mente su historia: no como una revuelta campesina con un ángulo racial sino como la última convulsión de la rebelión indígena contra el colonialismo. Para 1931 los indígenas estaban perdiendo rápidamente sus parcelas, su ingreso de subsistencia e incluso las modestas compensaciones del clientelismo ladino, al mismo tiempo que el sistema de peonaje por deudas transfería la tierra a los ladinos. El movimiento comunista solamente proporcionó el fósforo que dio fuego a este material combustible de resentimiento étnico. La revuelta en sí, sus slogans, liderazgo, blancos y metas, sugieren una ‘guerra de razas’, con grupos indígenas asaltando los emblemas del poder ladino. La represión subsiguiente indicaba las mismas dinámicas raciales.
“Ciertamente el ejército desempeñó un papel asesino en los primeros días y semanas. Pero el alcance genocida de la Matanza (cuya escala no se conoce con precisión pero que decimó y devastó a las comunidades indígenas) fue responsabilidad de grupos civiles ladinos y autoridades municipales que desearon con particular inquina ‘que se extermine de raíz la plaga’”.
La matanza de 1932 granjeó a la oligarquía y al ejército medio siglo de “tranquilidad” en las fincas. Nadie se rebelaba por temor a otra matanza y los indígenas dejaron de vestirse a su manera tradicional y de hablar otro idioma que no fuera el castellano.
El sistema se mantuvo alimentado, ya en la guerra fría, por la obsesión norteamericana contra el comunismo, urgida por el triunfo de la revolución cubana. El ejército salvadoreño solía premiar a sus oficiales más sangrientos, particularmente después de la guerra contra Honduras y en el camino hacia la guerra civil.
Los jesuitas fueron, en América Latina, el grupo religioso que de manera más radical adoptó las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que llamaba a la liberación del hombre en esta vida. El derecho del hombre a una vida digna. En ningún lugar parecía más urgente esa liberación que en una América Latina plagada de dictaduras militares garantes de sistemas sociales tan injustos como el nuestro. En ningún lugar de América Latina tanto como en esa parte de América Central que hoy conocemos como el CA-4.
Cuando el general Carlos Humberto Romero llegó al poder mediante un nuevo fraude electoral, en 1977, El Salvador era el país de América Latina con el más largo periodo de gobiernos militares en la región: 50 años (desde que el general Maximiliano Hernández Martínez derrocara al gobierno de Arturo Araujo, en 1931). Poco antes de asumir la presidencia, aún como ministro de Defensa, las tropas bajo el mando del general Romero asesinaron al sacerdote jesuita Rutilio Grande.
En 1990, un año después del asesinato de Ignacio Ellacuría y los otros sacerdotes jesuitas, el mayor Roberto Molina, jefe de la oficina de derechos humanos del Ejército, le dijo a la misión investigadora de America’s Watch: “Los clérigos progresistas tienen una gran responsabilidad por lo que ha pasado en este país. Han lanzado una guerra de clases. Negros contra blancos. Pobres contra ricos. Pequeños contra grandes”.
No fueron muy distintas, el sábado pasado, las palabras del actual director del sector empresarial de San Salvador en Arena, Alfredo Pereira. Ante José Ellacuría: “Es necesario que hechos como la muerte de mi hermano no queden en la impunidad” un llamado del hermano del asesinado jesuita Ignacio Ellacuría de que el crimen no quedara en la impunidad, Pereira respondió a través de su cuenta de Twitter: “si su hermano vino a ES sin ser llamado y vino a promover la teologia de la liberación y odio de clases cosecho lo que sembro (sic)”. Después borró el tuit.
Estas expresiones son inadmisibles, pero son parte del último intento desesperado de la derecha de conservar algún lugar digno en la historia prepaz.
No es posible, afortunadamente, conservar ningún lugar digno en ninguna historia defendiendo algunos de los más horrendos crímenes que registra el Siglo XX en nuestra región. Si la derecha quiere rescatar alguna legitimidad, debe hacerlo defendiendo una perspectiva de nación donde se vislumbre un bienestar para todos sus ciudadanos. Para todos. Esto no es posible hacerlo legitimando criminales y asesinos.
Un cuarto de siglo después de que terminara la guerra, la derecha la está perdiendo. El sistema que defendía es insostenible y es criminal. Estaba basado en beneficios para un pequeño grupo o clase a costa de los otros. Esto, justamente, es odio de clases. Esto es lo que la historia nos ha enseñado apenas un cuarto de siglo después.
Pero aquí hay que hacer una aclaración: el principio dice que a mayor poder mayor responsabilidad. Los soldados, también la mayoría de ellos de origen humilde, que participaron en la guerra y que posiblemente cometieron la mayor parte de los crímenes que hoy conocemos, tienen un nivel responsabilidad menor que el de sus jefes, y así hacia arriba. La responsabilidad de mando significa haber dado órdenes o, sabiendo que sus subalternos habían cometido atrocidades, no castigarlos ni hacer nada para evitar que esto se repitiera. (En las capturas del pasado viernes, tres de lo cuatro capturados eran, en 1989, soldados de tropa que ya confesaron haber sacado de sus casas a lo sacerdotes jesuitas y, a sangre fría, haberles disparado. El cuarto es el coronel Benavides, exjefe de la Escuela Militar, que ya fue juzgado y condenado por el hecho en un irregular juicio en San Salvador poco después de la masacre. Casualmente, ninguno de los coroneles y después generales acusados del crimen estaban en sus casas a altas horas de la noche).
Según la Comisión de la Verdad, la inmensa mayoría de los crímenes fueron cometidos por las fuerzas militares o paramilitares, pero esto no exime a la izquierda. No la exime ni justifica.
Es cierto que algunos grupos izquierdistas pretendían instaurar gobiernos “totalitarios”, como me argumentó hace poco un veterano arenero. Algunos, pero no todos. Le recordé que la lucha contra el régimen logró unificar incluso a demócratas cristianos, algunos más cercanos a la derecha, con comunistas, socialdemócratas y socialcristianos, como sucedió en la Unión Nacional Opositora. Por otro lado, ¿qué sistema puede ser más totalitario que uno controlado durante medio siglo por un ejército represor y una oligarquía asfixiante? ¿Qué libertades representa una dictadura militar en la que la protesta es castigada con la tortura y la muerte? ¿Qué país de oportunidades aquel en el que una pequeña minoría concentra una parte tan escandalosa de la riqueza nacional, y controla de manera casi absoluta el bienestar de su población? Esto, incluso para él, es ya indefendible. Pero él y sus correligionarios necesitan justificar algún nivel de legitimidad en su lucha. Difícilmente la encontrarán en los años del conflicto armado, ya no se diga en expresiones tan ofensivas, ignorantes y estúpidas como la de justificar el asesinato de unos religiosos intelectuales.
El asesinato de los jesuitas acabó costando la guerra a la derecha. Es hora de que lo reconozcan y vean hacia adelante.
La izquierda, en cambio, está perdiendo la paz. Pero eso requiere de una nueva columna."
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*Carlos Dada es periodista de El Faro. Fue fundador del periódico y su director entre 1998 y 2014. Ha recibido numerosos premios internacionales y sido becario Knight en la Universidad de Stanford, y Cullman en la Biblioteca Pública de Nueva York. Actualmente imparte clases en la universidad de Yale mientras escribe un libro sobre el asesinato de Monseñor Romero y los escuadrones de la muerte en El Salvador
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7/12/14
Ellacuría: historia y liberación
Filosofó hasta el final, asumió su posibilidad postrera: dar testimonio con su muerte; así culminó su entrega
"No podía ni sabía hacer otra cosa. Un espíritu interior lo impulsaba. Filosofaba por vocación. Hasta tal punto que sostenía que una vida sin filosofar no merecía la pena, y por ello, cuando le dijeron que dejara de filosofar para poder seguir viviendo, prefirió tomar la cicuta de su condena a muerte. No quiso abandonar la ciudad, ni dejar de filosofar, las dos condiciones que le ponían para salvar la vida”. Estas palabras de Ignacio Ellacuría sobre Sócrates son el mejor resumen del desenlace de su propia vida. Un desenlace que vino determinado por su manera comprometida de entender la historia.
Para Ellacuría, desarrollando algunos conceptos fundamentales de la filosofía de Xavier Zubiri, la historia es el ámbito en el que se ha de realizar –se ha de hacer efectiva– la ética. La historia no nos viene dada de un modo inexorable. La historia se hace, es decir, constituye un proceso de creación en el que el hombre elige entre diversas posibilidades, y es una tarea ética. Mientras que, para Zubiri, el hombre tiene que hacerse cargo de la realidad, para Ellacuría el ser humano está obligado a encargarse de la realidad y, además, a cargar con ella. Lo que constituye un imperativo ético que obliga al hombre en conciencia, no sólo en tanto que integrante de una clase social, sino como miembro –a la vez solitario y solidario– de la humanidad. Un imperativo del que Ellacuría derivó –inmerso en la realidad hiriente de Latinoamérica– una voluntad de liberación fundada en la idea de que la realidad histórica es la realidad radical y, además, una realidad dinámica obra del hombre, que elige entre las posibilidades ofrecidas en cada situación y momento del proceso histórico. La tarea de la filosofía es contribuir críticamente a la liberación de la historia, lo que implica tomar partido.
De este núcleo de pensamiento dedujo Ellacuría que la función crítica de la filosofía está orientada, como ejercicio supremo de la razón, a la liberación de los pueblos del oscurantismo, de la ignorancia y de la falsedad. Es decir, que la función crítica de la filosofía ha de tener por objeto, en primer lugar, la ideología dominante, como fundamento estructural que es de todo sistema social. Estas ideas, trasladadas al ámbito teológico, no implican que la Iglesia haya de convertirse en una fuerza política –ya que la Iglesia nunca ha de perseguir el poder–, sino que, para ser fiel a su misión, ha de promover la salvación integral del hombre, que tiene una dimensión política. Lo que comporta, sin perjuicio de que la liberación sea inicialmente personal –ya que sólo cada persona en cuanto tal puede ser liberada–, que, para ser plena, la liberación ha de ser también estructural –social, política y económica–, habida cuenta de que las personas viven inmersas en sistemas sociales con vocación de continuidad impuesta al servicio del núcleo dominante. De esta sostenida vocación de continuidad impuesta se desprende –según Ellacuría– que la violencia originaria es la injusticia estructural, que mantiene por la fuerza –mediante estructuras económicas, sociales políticas y culturales– a la mayor parte de la población en una situación de violación permanente de sus derechos humanos. Lo que Ellacuría percibía con especial dramatismo en Centroamérica, una región que ha vivido ancestralmente y sigue viviendo, aunque en grados diferentes, en una situación económica que impide a la mayor parte de la población satisfacer sus necesidades básicas.
La indudable grandeza de Ellacuría –el alto valor ejemplar de su vida y de su muerte– no radica sólo en el vigor de su pensamiento filosófico ni en la altura de los objetivos que se marcó, sino en la estricta coherencia existente entre lo que pensó, lo que dijo y lo que hizo. Puede decirse de él, con palabras de la Escritura, que fue fiel hasta el extremo, hasta la muerte. Como ha escrito Pedro Sols, Ellacuría “quiso que su filosofía estuviese al servicio de los pobres de la Tierra, no de una manera panfletaria, sino dando elementos de comprensión de la realidad histórica. Siendo teólogo, supo articular el mensaje de salvación del cristianismo con los gritos de liberación de todo un subcontinente, el Latinoamericano, que se desangraba por estructuras injustas y por dictaduras de una crudeza enorme”.
Hace veinticinco años que fue asesinado por el ejército salvadoreño, en la residencia de los jesuitas en la Universidad Centroamericana de El Salvador, junto con otros cinco jesuitas –Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan-Ramón Moreno y Joaquín López–, la cocinera –Elba Ramos– y su hija Celina. Ellacuría acababa de regresar de Barcelona, a donde había acudido para recoger el Premio Comín. Dada la situación de violencia institucional desatada entonces en El Salvador, sabía lo que podía pasarle. Eligió estar allí. No abandonó la ciudad. Filosofó hasta el final. Asumió su posibilidad postrera: dar testimonio con su muerte. Así culminó su entrega".
Artículo publicado en La Vanguardia ayer 6 de diciembre obra de Juan José López Burniol (Alcanar, Montsià, 1945), licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra. Ha sido decano del Colegio de Notarios de Cataluña y vicepresidente del "Consejo General del Notariado" de España, entre 1987 y 1989; magistrado del Tribunal Superior de Andorra (1987-1993) y del Tribunal Constitucional de Andorra (1993 - 2001).
Más informaciones al respecto en este enlace
29/6/14
La metamorfosis de pulgarcito. Transición política y proceso de paz en El Salvador
Manuel Montobbio de Balanzó (Barcelona, 3 de julio de 1962) diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global y Guía poética de Albania. Su último libro publicado es Tiempo diplomático.
Entre sus obras de análisis de la realidad sociopolítica internacional destaca "La metamorfosis de pulgarcito. Transición política y proceso de paz en El Salvador" (Ed. Icária, 1999) donde podemos descubrir un interesante análisis sobre el significado de la firma de los Acuerdos de Paz salvadoreños el 16 de Enero de 1992...
Una obra que aborda el análisis del proceso salvadoreño desde el doble encuadre o perspectiva de la Sociedad Internacional y la sociedad nacional salvadoreña. Así, partiendo de una aproximación a la problemática histórica en el origen del conflicto y un análisis del régimen político anterior al “golpe de los capitanes” del 15 de Octubre de 1979, ofrece una visión global del proceso iniciado tras éste y culminado con la negociación y ejecución de los Acuerdos de Paz distinguiendo sus grandes fases o dinámicas.
Os recomendamos su lectura... así como los articulos publicados en su blog Ideas subyacentes.
Entre sus obras de análisis de la realidad sociopolítica internacional destaca "La metamorfosis de pulgarcito. Transición política y proceso de paz en El Salvador" (Ed. Icária, 1999) donde podemos descubrir un interesante análisis sobre el significado de la firma de los Acuerdos de Paz salvadoreños el 16 de Enero de 1992...
Una obra que aborda el análisis del proceso salvadoreño desde el doble encuadre o perspectiva de la Sociedad Internacional y la sociedad nacional salvadoreña. Así, partiendo de una aproximación a la problemática histórica en el origen del conflicto y un análisis del régimen político anterior al “golpe de los capitanes” del 15 de Octubre de 1979, ofrece una visión global del proceso iniciado tras éste y culminado con la negociación y ejecución de los Acuerdos de Paz distinguiendo sus grandes fases o dinámicas.
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13/4/14
Con Jon Cortina Dios pasó por Guarjila
Este libro publicado en el año 2006 es un homenaje a Jon Cortina, y ahora recuperamos la crónica de Miguel Àngel Chinchilla coincidiendo con el momento de su edición:
"Se trata de un libro póstumo, de 155 páginas, en memoria del padre Jon Cortina, editado por Asociación Pro-Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos, entidad fundada por este hombre que en su infancia también padeció los vejámenes de la guerra allá en su tierra, Gernika. “No hay que olvidar --dicen los editores en el prólogo-- que Pro-Búsqueda es hija de Guarjila”. Por tanto, la publicación es un compendio de testimonios “desde la oralidad de las comunidades de Chalatenango (…) la buena noticia que fue y sigue siendo el padre Jon Cortina”. Juan Raimundo Cortina Garaigorta nació en Bilbao, País Vasco, el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, y murió en Guatemala, a la edad de 71 años, un 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. Entre vírgenes manejó su vida este siervo de Dios. Son once capítulos con diferentes temáticas, entretejidos por 141 testimonios de personas que convivieron con Jon Cortina, compartiendo y departiendo su trabajo pastoral en aquellas comunidades de Chalatenango.
Este testimoniario recoge los buenos recuerdos que la gente de aquel lugar guarda del padre Jon: su solidaridad, su optimismo, su vitalidad, sus conocimientos como ingeniero, su sabiduría teológica, su buen humor, su pedagogía popular, su amor por los más desposeídos, su carácter indoblegable por la justicia, "Con Jon Cortina Dios pasó por Guarjila" es una paráfrasis de la famosa frase que el padre Ignacio Ellacuría acuñara en referencia a la santidad de Monseñor Romero: “con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”. “Nadie más que Guarjila --dice el libro en su página 147-- ha tenido la dicha de tener a este profeta tan misericordioso con la gente Un hijo de Monseñor Romero…”
Para los vecinos de Guarjila, Jon Cortina es el santo de los desaparecidos, por todo el empeño que puso por el reencuentro con sus familias, de los niños y las niñas perdidos en la guerra. Y hablando de testimonios, tuve yo la oportunidad de conocer al padre Jon Cortina en el año 2002, cuando este servidor fungía como coordinador de comunicaciones de la Procuraduría General de la República, durante el período como titular del ahora doctor Miguel Ángel Cardoza Ayala, en la actualidad magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Pro-Búsqueda y la PGR habían conformado una instancia a la cual se denominó Mesa del Procurador, y a mí me encomendaron diseñar una campaña publicitaria a nivel nacional, con el objetivo de sensibilizar a la población sobre la labor que desempeñaría dicha Mesa en torno al tema de los niños y niñas desaparecidos durante la guerra.
La campaña pretendía el reconocimiento de la verdad histórica y el cumplimiento del derecho inherente de todas las personas a conocer su identidad. El miércoles 20 de marzo de 2002, el procurador Cardoza Ayala propuso en el seno de la Comisión de la Familia, la Mujer y la Niñez de la Asamblea Legislativa, la producción y ejecución de dicha campaña, pero desafortunadamente no hubo por parte de los diputados y diputadas del órgano legislativo el apoyo necesario para que la Mesa del Procurador continuara funcionando, y ahí quedaron las buenas intenciones.
Deseo concluir el presente comentario con unas palabras de Sol Yánez, contenidas en el último párrafo de este libro que yo entiendo como un gran exvoto en agradecimiento a la labor de un hombre que sin lugar a dudas entregó su existencia por los demás: “No hay palabras que puedan agradecer su vida dedicada al encuentro y al abrazo: sólo esta nueva y gran esperanza en seguir sus huellas, en cobijarnos en su coraje, su honestidad y su empeño en la verdad y la justicia”.
+ informaciones:
- Reencuentro en El Salvador. Artículo publicado en el diario El País.
- Entrevista a Jon Cortina en la Revista Fusión (2001).
- Escrits sobre Jon Cortina del Grup de Solidaritat Jon Cortina.
- En el espejo de Jon Cortina. Artículo publicado en el diario Co-Latino.
"Se trata de un libro póstumo, de 155 páginas, en memoria del padre Jon Cortina, editado por Asociación Pro-Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos, entidad fundada por este hombre que en su infancia también padeció los vejámenes de la guerra allá en su tierra, Gernika. “No hay que olvidar --dicen los editores en el prólogo-- que Pro-Búsqueda es hija de Guarjila”. Por tanto, la publicación es un compendio de testimonios “desde la oralidad de las comunidades de Chalatenango (…) la buena noticia que fue y sigue siendo el padre Jon Cortina”. Juan Raimundo Cortina Garaigorta nació en Bilbao, País Vasco, el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, y murió en Guatemala, a la edad de 71 años, un 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. Entre vírgenes manejó su vida este siervo de Dios. Son once capítulos con diferentes temáticas, entretejidos por 141 testimonios de personas que convivieron con Jon Cortina, compartiendo y departiendo su trabajo pastoral en aquellas comunidades de Chalatenango.
Este testimoniario recoge los buenos recuerdos que la gente de aquel lugar guarda del padre Jon: su solidaridad, su optimismo, su vitalidad, sus conocimientos como ingeniero, su sabiduría teológica, su buen humor, su pedagogía popular, su amor por los más desposeídos, su carácter indoblegable por la justicia, "Con Jon Cortina Dios pasó por Guarjila" es una paráfrasis de la famosa frase que el padre Ignacio Ellacuría acuñara en referencia a la santidad de Monseñor Romero: “con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”. “Nadie más que Guarjila --dice el libro en su página 147-- ha tenido la dicha de tener a este profeta tan misericordioso con la gente Un hijo de Monseñor Romero…”
Para los vecinos de Guarjila, Jon Cortina es el santo de los desaparecidos, por todo el empeño que puso por el reencuentro con sus familias, de los niños y las niñas perdidos en la guerra. Y hablando de testimonios, tuve yo la oportunidad de conocer al padre Jon Cortina en el año 2002, cuando este servidor fungía como coordinador de comunicaciones de la Procuraduría General de la República, durante el período como titular del ahora doctor Miguel Ángel Cardoza Ayala, en la actualidad magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Pro-Búsqueda y la PGR habían conformado una instancia a la cual se denominó Mesa del Procurador, y a mí me encomendaron diseñar una campaña publicitaria a nivel nacional, con el objetivo de sensibilizar a la población sobre la labor que desempeñaría dicha Mesa en torno al tema de los niños y niñas desaparecidos durante la guerra.
La campaña pretendía el reconocimiento de la verdad histórica y el cumplimiento del derecho inherente de todas las personas a conocer su identidad. El miércoles 20 de marzo de 2002, el procurador Cardoza Ayala propuso en el seno de la Comisión de la Familia, la Mujer y la Niñez de la Asamblea Legislativa, la producción y ejecución de dicha campaña, pero desafortunadamente no hubo por parte de los diputados y diputadas del órgano legislativo el apoyo necesario para que la Mesa del Procurador continuara funcionando, y ahí quedaron las buenas intenciones.
Deseo concluir el presente comentario con unas palabras de Sol Yánez, contenidas en el último párrafo de este libro que yo entiendo como un gran exvoto en agradecimiento a la labor de un hombre que sin lugar a dudas entregó su existencia por los demás: “No hay palabras que puedan agradecer su vida dedicada al encuentro y al abrazo: sólo esta nueva y gran esperanza en seguir sus huellas, en cobijarnos en su coraje, su honestidad y su empeño en la verdad y la justicia”.
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- Reencuentro en El Salvador. Artículo publicado en el diario El País.
- Entrevista a Jon Cortina en la Revista Fusión (2001).
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- En el espejo de Jon Cortina. Artículo publicado en el diario Co-Latino.
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17/3/13
Se inician los preparativos para conmemorar el 33 aniversario del asesinato de Monseñor Romero
El pasado tres de marzo comenzaron en El Salvador las actividades de conmemoración del 33 aniversario del asesinato de Monseñor Romero. La misa en la Cripta de Catedral fue el preámbulo de las que se celebran durante el mes de marzo. Manuel Cardona, de la capilla de San Carlos Borromeo, invitado a oficiar la misa dominical del dia tres, recordó la obra y lucha por los pobres de Monseñor Romero. “Lo recordamos con cariño cada año, por lo que él significó para el país, su memoria siempre estará viva. No sólo trayendo a la memoria su palabra, si no como llevarlas a la práctica hoy en estos días”, explicó Cardona.
En muchas otras poblaciones del país, de América y del mundo también se realizan actos de homenaje como la organizada en Chile por el Comité Oscar Romero – Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina (SICSAL), donde se invita a la presentación de la Cantata de Monseñor Romero, obra de Juan Pablo Rojas, seguida de un diálogo sobre el legado de Romero. O como multitud de actos organizados en ciudades como Managua, Panamá, Barcelona, Camberra, etc.
En el marco de las commemoraciones representantes de la iglesia y organismos humanitarios han solicitado al Gobierno salvadoreño que debe hacer "justicia" y
decir la "verdad" sobre el asesinato del arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero.
Romero, que se caracterizó por defender a
los más pobres y desprotegidos, fue asesinado el 24 de marzo de 1980
por un francotirador mientras oficiaba una misa en la capilla del
hospital para enfermos de cáncer Divina Providencia, en San Salvador.
Es necesario que el actual gobierno diga la "verdad (...) con nombre y
apellido de las personas que han sido los autores tanto materiales como
intelectuales de su asesinato", indicó a Efe Luisiana de Beltrán,
integrante de la Fundación Monseñor Romero, quien junto a la iglesia
católica organizan el tributo al arzobispo.
"Las
palabras o peticiones de perdón muchos las pueden decir, pero para este
pueblo los hechos son los que valen", por lo que los diferentes órganos
del Estado deben de poner su "granito" para terminar con la impunidad en
el crimen de Romero, agregó.
María Silvia Guillén,
directora de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho
(Fespad), dijo a Efe que ya es necesario que "este gobierno trascienda
de reconocimientos y de perdones" para que se haga "justicia" en el caso
de Romero y de miles de víctimas del conflicto armado (1980-1992).
Igual posición manifestó Henry Ramírez, misionero claretiano de origen colombiano que participó en el homenaje a Romero.
"Es importante que se haga justicia no solo en su caso (Romero), sino
en los cientos de víctimas que en El Salvador fueron asesinadas" en la
guerra, porque "no basta con los perdones públicos, es necesario llegar a
la justicia", enfatizó.
La guerra civil en El Salvador dejó 75.000 muertos, 8.000 desaparecidos y 12.000 lisiados, según datos oficiales. El actual presidente, Mauricio Funes, del izquierdista Frente Farabundo
Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ha sido el primero que ha
pedido perdón en nombre el Estado por el asesinato de Romero, que aún
sigue impune. También, durante su gestión ha inaugurado dos murales en su honor, entre otros tributos.
"Todos esperamos que este gobierno haga justicia", que "castigue a los
responsable porque fue una persona muy especial a la que mataron", dijo a
Efe Jorge Antonio Cubías, un feligrés que participó en el homenaje a
Romero, que se conmemoró hoy para que no coincida con el inicio de la
Semana Santa. Tras más de 20 años del fin del
conflicto armado (1992) la impunidad persiste en El Salvador, afirmaron
este viernes familiares de las víctimas de la guerra y activistas
humanitarios al conmemorar 20 años del informe de la Comisión de la
Verdad, que pidió castigar los crímenes cometidos durante el conflicto,
entre ellos el de Romero.
Romero es recordado por
denunciar las injusticias cometidas en los años previos al conflicto
armado que sufrió El Salvador durante doce años (1980-1992). La Comisión de la Verdad, que investigó los crímenes cometidos durante
la guerra civil, señaló al ya fallecido militar Roberto D'Aubuisson,
fundador de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA),
partido que gobernó el país durante 20 años (1989-2009), como uno de los
autores principales del homicidio del arzobispo.
El
Vaticano abrió en 1994 el proceso de beatificación de Romero, a quien
muchos latinoamericanos llaman "San Romero de América", pese a que aún
no ha sido beatificado. Los participantes en la
jornada de conmemoración del 33 aniversario del arzobispo aseguraron que
esperan que el nuevo papa Francisco lo beatifique "pronto", aunque
aclararon que aunque no lo haga, para ellos ya es santo.
"Para nosotros ya es un santo, sólo esperamos el reconocimiento de la
Iglesia Católica", aunque "lo mas importante es que el pueblo creyente
reconozca su santidad", indicó Ramírez, que, acompañado de otros jóvenes
de Colombia y Centroamérica, participaron en el homenaje. Ramírez afirmó que "la denuncia profética que hizo Romero sigue siendo
valida 33 años después", ya que "las situaciones de injusticias y
marginaciones siguen estando presente en América Latina", sentenció.
Resumen de informaciones y articulo publicado en eldiario.es
6/6/11
Veinte procesados por la matanza de los jesuitas en El Salvador
El pasado 30 de mayo el juez de la Audiencia Nacional de España, Eloy Velasco, ordenó la busca y captura internacional del que en 1989 era ministro de Defensa Nacional salvadoreño y de otros 19 militares del país centroamericano por el asesinato de seis jesuitas y dos mujeres, el 16 de noviembre de ese año, en la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador. Os invitamos a la lectura del artículo publicado en el diario Público con el título "Veinte procesados por la matanza de los jesuitas en El Salvador":
"El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ordenó ayer la busca y captura internacional del que en 1989 era ministro de Defensa Nacional salvadoreño y de otros 19 militares del país centroamericano por el asesinato de seis jesuitas y dos mujeres, el 16 de noviembre de ese año, en la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador. Les procesa por ocho asesinatos terroristas y crímenes de lesa humanidad o contra el derecho de gentes, y a cada uno de ellos les pide una fianza de 3,2 millones de euros en concepto de responsabilidad civil.
En un meticuloso y extenso auto, el magistrado comienza explicando la situación política de El Salvador, regido por una dictadura militar desde 1932. El año en que se asesinó al rector de la UCA, el padre Ignacio Ellacuría, junto a otros cuatro jesuitas españoles, un sacerdote salvadoreño y el ama de llaves y su hija, "fue un punto clave de la década de guerra civil" que vivía el país. Acababan de celebrarse elecciones impulsadas por Estados Unidos y Alfredo Cristiani, candidato del partido conservador Arena, fue investido presidente con el 53% de los votos. Un 50% del electorado no votó, como pedía el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).
La línea dura de Arena y las fuerzas armadas presionaban para volver a la estrategia de guerra total contra el FMLN utilizada entre 1979 y 1982, periodo durante el que el Batallón Atlacalt se destacó por otros asesinatos y se cometió el del arzobispo Óscar Romero. Para esa estrategia era necesario "destruir cualquier tipo de resistencia posible, incluida la que podían ejercer desde su labor" de mediación "los jesuitas de la UCA".
Gracias a Ellacuría, el partidario de la línea más dura del FMLN había anunciado públicamente su disposición a negociar. Y "ese fue el motivo fundamental de su asesinato", afirma el magistrado, que recuerda que las amenazas contra el jesuita español comenzaron en 1980. Se debían a que el Ejército y los terratenientes salvadoreños consideraban que los seguidores de la teología de la liberación incitaban a los campesinos a participar en "una conspiración comunista internacional".
Entre el 16 y el 18 de octubre de 1989, el Gobierno se reunió con el FMLN. Las condiciones de esta organización entonces guerrillera pasaban por la reestructuración del Ejército y la eliminación de la llamada Tandona, los militares que ejercían de facto hasta el poder político. Y eso esta no podía tolerarlo. Las amenazas contra Ellacuría se recrudecieron y a finales de mes su coche fue pintado con esvásticas.
En medio de un clima en el que acababan de ser asesinados nueve líderes sindicales, Ellacuría, que había ido a España a recoger un premio, volvió a El Salvador, el 13 de noviembre, para reanudar sus esfuerzos con el objetivo de lograr un acuerdo.
Su asesinato se decidió el día 15, pero fue fruto de "discusión, planificación y autorización previas". Días antes se obligó a todas las emisoras de radio salvadoreñas a contactar con Radio Cuscatlán, controlada por el Gobierno. Todo el país pudo oír las amenazas que se vertían contra varios líderes, entre ellos el rector Ellacuría. Los políticos se ocultaron, pero los jesuitas creyeron que la universidad les protegería. El 12, el Ejército registró el campus de la universidad, con la excusa de que al estar contigua al Estado Mayor debía comprobarse su seguridad. Al día siguiente volvió a ser registrada, pese a que desde el anterior "nadie podía entrar ni salir sin pasar por el control militar".
Los militares que hicieron los registros, miembros del batallón Atlacalt, volvieron al campus para cometer los crímenes. Se utilizó el arma característica del FMLN para tratar de culparlo de los crímenes, pese a que los testigos vieron a los militares y que la autoría hasta fue propagada por megafonía desde sus vehículos que tachaban de comunistas a los jesuitas.
El auto insiste en que el juicio que se celebró en El Salvador (ante la amenaza de EEUU de retirar su ayuda) fue una farsa en la que sólo se condenó a dos autores, luego indultados, y hasta se absolvió a asesinos confesos".
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Universitat Centreamericana (UCA)
25/5/09
Ellacuría, crimen sin castigo
Ahir diumenge, el programa En Portada de Televisió Espanyola va presentar un documental sobre la impunitat existent vint anys després de l'assasinat el 16 de novembre de l'any 1989 del pare jesuíta Ignacio Ellacuría i de sis persones més: Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno Pardo, Joaquín Lopez y López , Elba Julia Ramos y la hija de ésta, Celina, de 15 años, a mans del Batallón Atlacatl de la Fuerza Armada de El Salvador.
Us deixem l'enllaç de l'avançament del programa: "Ellacuría, crimen sin castigo".
I a més, us convidem a llegir l'entrevista al General René Emilio Ponce qui va ordenar aquest crim "sense deixar testimonis":
¿Qué opina de la querella que se ha presentado en España contra 14 ex militares por el asesinato de los jesuitas?
La querella la han presentado dos ONG buscando alguna institución que pueda reabrir el caso. Yo creo que se está violentando un principio del derecho universal, el non bis in idem. Que significa que una cosa juzgada no puede volverse a juzgar. Y eso lo tenemos nosotros en nuestra constitución, en el artículo 11, que específicamente habla de que una persona que ha sido enjuiciada por una causa no puede volver a ser enjuiciada por la misma razón. Aquí en el Salvador el caso jesuitas ha tenido dos juicios. Uno en el año 91-92, que tuvo una sentencia en el que hubo dos condenados un coronel y un teniente. Y luego hubo otro proceso que se resolvió con el sobreseimiento de los encausados. Si España conoce que el caso ha sido juzgado y continúa con el proceso definitivamente lo considero un nuevo colonialismo de España. Nos están diciendo su justicia no sirve. La nuestra sí sirve.
¿Pero aquel juicio no fue un juicio farsa?
La querella la han presentado dos ONG buscando alguna institución que pueda reabrir el caso. Yo creo que se está violentando un principio del derecho universal, el non bis in idem. Que significa que una cosa juzgada no puede volverse a juzgar. Y eso lo tenemos nosotros en nuestra constitución, en el artículo 11, que específicamente habla de que una persona que ha sido enjuiciada por una causa no puede volver a ser enjuiciada por la misma razón. Aquí en el Salvador el caso jesuitas ha tenido dos juicios. Uno en el año 91-92, que tuvo una sentencia en el que hubo dos condenados un coronel y un teniente. Y luego hubo otro proceso que se resolvió con el sobreseimiento de los encausados. Si España conoce que el caso ha sido juzgado y continúa con el proceso definitivamente lo considero un nuevo colonialismo de España. Nos están diciendo su justicia no sirve. La nuestra sí sirve.
¿Pero aquel juicio no fue un juicio farsa?
En el primer juicio, la investigación comenzó el año 90 e intervinieron investigadores de la policía española, del FBI y de Scotland Yard apoyando a la comisión de hechos delictivos en el Salvador en la investigación. Así fue como el juez llegó hasta el plenario y hubo un juicio completo. Hubo una sentencia del juez Lo que sucede que es el caso es que las sentencias que han salido no son del agrado de las partes querellantes. Entonces no se puede estar diciendo que se va a manejar todo un sistema judicial de un país. Yo pienso que se está vulnerando en estos momentos la seguridad jurídica del Salvador.
¿Estaría dispuesto a ir a declarar a España?
¿Estaría dispuesto a ir a declarar a España?
Pues tendría que evaluarlo en su momento oportuno. Nosotros esperamos que la justicia española respete nuestro sistema judicial. Puede que sea imperfecto o que no siga los cánones de otros países pero es nuestro sistema judicial, respaldado por nuestra soberanía nacional. Ahí vamos a ver si el caso es más político que jurídico.
Según la Comisión de la Verdad, usted dio la orden de asesinar a Ignacio Ellacuría y no dejar testigos. ¿Reconoce usted que ordenó ese asesinato?
Según la Comisión de la Verdad, usted dio la orden de asesinar a Ignacio Ellacuría y no dejar testigos. ¿Reconoce usted que ordenó ese asesinato?
Durante 19 años tanto mi familia como yo hemos estado sufriendo este ataque injustamente. Porque yo en ningún momento, en ningún lugar, he dado al coronel Benavides la orden de asesinar a los jesuitas y no dejar testigos. Fíjese que es contradictorio lo que contiene el informe de la Comisión de la Verdad. Porque ellos dicen que enfrente de dos generales y de dos coroneles yo le ordeno: Asesine a los jesuitas y no deje testigos. ¿Y los que estaban oyendo allí no eran testigos? Es una contradicción. Lo más increíble de la Comisión de la Verdad es que ellos no citan ninguna fuente que haya dicho eso. Yo no me puedo imaginar quién se inventó esa historia. Porque en definitiva quiero asegurar categóricamente que en ningún momento y en ningún lugar yo he dado la orden para asesinar a los jesuitas.
¿Conoció, permitió o avaló que alguien encargara ese asesinato?
¿Conoció, permitió o avaló que alguien encargara ese asesinato?
De ninguna manera. No estaba yo únicamente concentrado en lo que se hacía aquí en la ciudad de San Salvador. Estaba conduciendo las operaciones a nivel nacional. Estaba defendiendo un sistema a nivel nacional. Nunca tuve conocimiento de que alguien tuviera la idea de asesinar a los padres jesuitas.
¿Entonces fue obra de un comando por su cuenta?
¿Entonces fue obra de un comando por su cuenta?
Definitivamente que sí. Déjeme ponerlo en contexto: La ofensiva se inició a las 20 horas del día 11 de noviembre. Nuestra primera estrategia fue defender los centros neurálgicos, los objetivos estratégicos de nuestro país, de la embestida del FMLN. Había balas, balazos por todos lados, de la capital principalmente. Los combatientes del FMLN venían hasta con tres fusiles porque tenían planificado que la gente residente en los barrios populosos iban a tomar las armas para llevar a cabo la insurrección armada.
El 15 de noviembre yo hice una reunión con todos los comandantes del área de San Salvador. Estaba dividido en 5 comandos. Entre ellos estaba el comando de seguridad del Estado Mayor, el ministerio de defensa y de las zonas aledañas, en las que estaba incluida la UCA. El comandante de esa zona era el coronel Benavides. Establecimos en esa reunión cuál iba a ser la acción a tomar para desalojar las áreas ocupadas por el FMLN. Porque ya la mayoría de la población había sido evacuada, habían salido con una banderita blanca en medio de las balas. Considerábamos que la gente que había en esa zona era gente del FMLN. Iniciamos nuestra ofensiva y esa fue la razón de esa reunión. Y allí estaba el coronel Benavides como parte de los comandos conformados en el área metropolitana. Y en ningún momento se dio la orden de asesinar a los jesuitas. En consecuencia, si este comando tomó la decisión de entrar a la UCA y asesinar a los jesuitas fue una decisión propia del comandante de ese comando.
¿Por qué murieron Ellacuría y sus compañeros? ¿Por subversivos?
El 15 de noviembre yo hice una reunión con todos los comandantes del área de San Salvador. Estaba dividido en 5 comandos. Entre ellos estaba el comando de seguridad del Estado Mayor, el ministerio de defensa y de las zonas aledañas, en las que estaba incluida la UCA. El comandante de esa zona era el coronel Benavides. Establecimos en esa reunión cuál iba a ser la acción a tomar para desalojar las áreas ocupadas por el FMLN. Porque ya la mayoría de la población había sido evacuada, habían salido con una banderita blanca en medio de las balas. Considerábamos que la gente que había en esa zona era gente del FMLN. Iniciamos nuestra ofensiva y esa fue la razón de esa reunión. Y allí estaba el coronel Benavides como parte de los comandos conformados en el área metropolitana. Y en ningún momento se dio la orden de asesinar a los jesuitas. En consecuencia, si este comando tomó la decisión de entrar a la UCA y asesinar a los jesuitas fue una decisión propia del comandante de ese comando.
¿Por qué murieron Ellacuría y sus compañeros? ¿Por subversivos?
No creo que fuera por eso. Tuve una plática con el padre Ellacuría durante las negociaciones que se hicieron para el secuestro de la hija del presidente Duarte. Él era el intermediario, tenía relación con el FMLN y ahí conocí su vocación por la paz y que de alguna forma no estaba de acuerdo en cómo se estaba llevando el conflicto, cómo estaba estableciendo sus estrategias el FMLN en el campo violento. Creo que la muerte de los jesuitas fue una consecuencia del momento que se vivía ante una ofensiva que estaba afectando a toda la capital del país.
¿Pero por qué fueron a por ellos? No iban armados. ¿Por qué fueron a buscarlos y los fusilaron?
¿Pero por qué fueron a por ellos? No iban armados. ¿Por qué fueron a buscarlos y los fusilaron?
Yo creo que esa es una buena pregunta que le podrían hacer al coronel Benavides. Cada año que hay ataques públicos contra nosotros yo he dicho: Que diga el coronel Benavides públicamente si yo le he dado esa orden. Yo no tengo la menor idea de por qué tomó esa decisión.
¿Hubo intentos posteriores de encubrir el asesinato?
¿Hubo intentos posteriores de encubrir el asesinato?
No, las fuerzas armadas se abrieron a la investigación. Intervinieron agentes de la policía española, del FBI y de Scotland Yard y estaba la unidad especial investigadora de El Salvador. Nosotros nos abrimos completamente a la investigación, porque veíamos que era una cosa horrenda, un crimen horrendo. Yo en lo personal creí que había sido el FMLN por causarnos problemas a las Fuerzas Armadas. Las investigaciones tomaron otro rumbo y llegaron a la conclusión de que había un grupo de oficiales y tropa que eran responsables de la muerte de los jesuitas y fueron los que llevaron a juicio.
¿Teme usted ser recordado como un asesino, atrapado en su país como en una gran cárcel?
¿Teme usted ser recordado como un asesino, atrapado en su país como en una gran cárcel?
Durante 19 años mi familia y yo hemos soportado, hemos sufrido esta injusticia, de que me estén señalando como asesino cuando en realidad yo no tengo ninguna culpabilidad en la muerte de los jesuitas. Posiblemente una porción del pueblo salvadoreño tenga de mi la imagen de un asesino, como me han dibujado las opiniones públicas vertidas sobre todo por organizaciones de izquierda, y en el mismo informe de la Comisión de la Verdad no tiene responsabilidad nadie de lo que aparece ahí. Es un informe que lo firman tres personas pero no citan quién dijo tal o cual cosa. Y en los mismos acuerdos de paz se estableció que ese informe no iba a tener utilización judicial. Sin embargo eso contribuye a que lo que usted me pregunta pueda suceder en el futuro. Y es injusto porque yo dediqué 30 años de mi vida a servir a mi patria, a defender a mi país y en los momentos más difíciles yo estuve conduciendo estratégicamente a las fuerzas armadas para defender un sistema amenazado por una agresión comunista apoyada internacionalmente. Después estuve como ministro de Defensa participando en la negociación de la paz. Es injusto que todo ese esfuerzo tenga poca validez ante un señalamiento que no tiene sustentación, que más que todo es el invento de alguien que busca dañarnos y que buscó dañarnos durante todo el tiempo, las organizaciones de izquierda manipuladas por el comunismo internacional.
¿Estaría usted dispuesto a pedir perdón públicamente a las víctimas?
¿Estaría usted dispuesto a pedir perdón públicamente a las víctimas?
¿Por algo que yo no hice? Perdón de qué voy a pedir yo, si yo no lo hice... Yo no tengo ninguna culpabilidad en eso. Sí, yo lo lamento y acompaño a los familiares de las víctimas en ese dolor, porque sé lo que es perder un familiar en una situación en la cual son inocentes.
¿Pero puede haber reconciliación sin justicia? ¿No deberían revisarse o abolirse las leyes de amnistía?
¿Pero puede haber reconciliación sin justicia? ¿No deberían revisarse o abolirse las leyes de amnistía?
Los mismos protocolos de la Convención de Ginebra dicen que cuando se negocia y se busca una solución política a un conflicto armado interno se debe dar una amnistía absoluta, amplia y general para buscar la reconciliación de la sociedad. Eso es lo que se dio en nuestro país. Eso podría compararlo yo también con la guerra civil de España. ¿Cómo se logró la reconciliación en España? ¿Por qué le han dicho al juez Garzón que no abra casos de la guerra civil? Porque va a poner al país en una situación de confrontación. Hay cosas que tienen que perdonarse, tienen que cuidarse y realmente buscar esa consolidación de la reconciliación de la sociedad respectiva. Y eso es lo que busca la amnistía en estos casos y la mismas Naciones Unidas lo recomiendan.
La ley de amnistía del 93 fue apoyada por los países amigos del proceso, que eran cuatro. España, Colombia, Venezuela y México. Recuerdo que visitamos al presidente González en España y él creía que la amnistía era necesaria para la reconciliación de todos los salvadoreños. Comparándolo con leyes de amnistía de otros países suramericanos como Chile, Argentina, Uruguay ¿Son casos diferentes? Ellos no tuvieron un conflicto armado tan intenso como el que vivimos en nuestro país durante 12 años, por lo tanto aquí estamos confrontados dos organizaciones militares una defendiendo el estado y otra intentando tomar el poder del Estado éramos salvadoreños enfrentados entre sí. Creo que una ley como esa fue necesaria para consolidar la paz y buscar la verdadera conciliación de los salvadoreños.
¿Usted se arrepiente de algo?
¿Usted se arrepiente de algo?
No me arrepiento de todo lo que hice en beneficio de mi país. No me arrepiento de haber estado al frente de las Fuerzas Armadas para hacer valer el Estado de Derecho. Para defender la institucionalidad del Estado, para defender nuestras libertades y para defender el sistema constitucional de nuestro país. De eso yo no me arrepiento porque logramos la paz y entregamos al gobierno de la República, al pueblo salvadoreño, en 1993, un país en paz. No se me viene a la mente de algo que pueda arrepentirme porque siempre tuve en mente actuar dentro de lo correcto, en el margen que establece la ley y dentro de la institucionalidad del Estado. Los jesuitas fueron víctimas de las circunstancias. Y del momento, el contexto que estábamos viviendo, dentro de la ofensiva Hasta el Tope que llevó a cabo el FMLN para tomar el poder dentro de su agresión comunista.
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