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14/9/20

133 años de condena para Inocente Orlando Montano, uno de los asesinos de los jesuitas en 1989

 “Ha quedado acreditado que los miembros del alto mando de las Fuerzas Armadas salvadoreñas, como núcleo decisor colegiado, entre los que se encontraba Montano, decidieron ejecutar a la persona que de forma más intensa y efectiva impulsaba, desarrollaba e intentaba llevar a las dos partes en conflicto a la paz”

Los familiares y compañeros de los jesuitas asesinados en El Salvador en 1989 llevaban tres décadas aguardando oír esta palabra: “Condenado”. Y este viernes, casi 31 años después de la matanza perpetrada en la Universidad Centroamericana (UCA), por fin la han escuchado en la Audiencia Nacional, donde los jueces han sentenciado al excoronel Inocente Orlando Montano, también exviceministro de Seguridad del país centroamericano, a quien la Fiscalía acusaba de participar en el diseño y ejecución del violento plan para acabar con las víctimas. La pena suma 133 años, 4 meses y 5 días de prisión al considerarlo responsable en grado de autor de cinco delitos de asesinato de “carácter terrorista”. Era el único acusado en esta vista oral.

Ante una gran expectación internacional, los jueces de la Audiencia Nacional han leído su fallo pasada la una de la tarde: 26 años, 8 meses y un día de cárcel por cada una de las muertes de los cinco sacerdotes españoles. Sus palabras ponen un punto y aparte en un proceso en el que se ha logrado sentar en el banquillo, por primera vez, a uno de los supuestos autores intelectuales del crimen cometido en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, cuando un grupo de soldados del batallón Atlacatl irrumpió en la UCA y mató a tiros a seis sacerdotes jesuitas: los españoles Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, y el salvadoreño Joaquín López. Esa noche también acabaron con la vida de la mujer e hija del encargado de seguridad de la universidad, Elba y Celina Ramos.


La Fiscalía y la Asociación Pro Derechos Humanos de España destacaban que el excoronel, entonces viceministro, jugó un papel clave en el crimen. Según sus escritos de acusación, formó parte del grupo de autoridades que decidió y ordenó a los militares la matanza. Montano, con 77 años a día de hoy, era un reconocido miembro de La Tandona, una promoción de oficiales ultraderechistas que ocupó puestos clave en el Ejército, y destacaba por sus arremetidas contra Ellacuría, rector de la UCA, y sus compañeros, a los que consideraba cómplices de terroristas por apostar por la vía del diálogo para poner fin a la guerra civil.

De hecho, durante su declaración en el juicio, aunque aseguró en un primer momento que “no tenía ninguna animadversión a los jesuitas”, acabó cargando contra ellos. Los consideró impulsores de un golpe de Estado en 1979 contra el Gobierno militar ultraconservador —"Ellacuría convenció a la gente de que era necesario hacer un cambio y botaron del Gobierno al general [Carlos Humberto] Romero"—; y los acusó de reunirse y respaldar a los “terroristas” de la guerrilla revolucionaria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Además, negó haber participado en la ejecución del crimen. Pese a que lo señalan la Fiscalía, la Comisión de la Verdad de El Salvador y documentos desclasificados de Estados Unidos —del Departamento de Estado, la CIA y el Departamento de Defensa—. Es más, apenas unos días antes del asesinato múltiple, utilizó la emisora de radio oficial del Estado para lanzar amenazas de muerte contra los sacerdotes.

También, uno de los autores materiales del crimen, el exteniente Rene Yushsy Mendoza, lo señaló en la Audiencia Nacional como uno de los militares que ordenó la masacre. Mendoza, que lleva años colaborando con la justicia, situó a Montano en la reunión clave donde se acordó el asesinato múltiple. El exviceministro acabó huyendo del país y refugiándose en EE UU, que acordó su entrega a España en 2017 tras una larga batalla judicial. Una extradición que ha condicionado el caso, ya que los magistrados solo han podido condenar al exviceministro por la matanza de los cinco españoles —pues Estados Unidos aceptó la reclamación solo para que se le juzgara por la muerte de ellos—, pese a que consideran probado que se cometieron ocho delitos de asesinato de carácter terrorista.

 “Ha quedado acreditado que los miembros del alto mando de las Fuerzas Armadas salvadoreñas, como núcleo decisor colegiado, entre los que se encontraba Montano, decidieron ejecutar a la persona que de forma más intensa y efectiva impulsaba, desarrollaba e intentaba llevar a las dos partes en conflicto a la paz”, reza este fallo histórico de la Audiencia Nacional. Los implicados lo hicieron “al ver amenazada su situación de poder y de control en los planos militar, político, social y económico del país”. Y, por ello, dieron “la orden directa" para “ejecutar a Ellacuría, sin dejar testigos vivos de ello”. “Fue terrorismo de Estado”, apostilla la resolución.

Ellacuría, nacido en Portugalete (Bizkaia) en 1930, se había convertido en una figura muy incómoda para el Gobierno centroamericano y en la bestia negra de los grupos de ultraderecha que operaban en el país en plena guerra. Este comprometido teólogo de la liberación apostaba por el diálogo para lograr la paz entre el FMLN y el régimen. Por ello lo mataron, repiten sus compañeros. “Durante años había argumentado que la única vía de salida posible a la guerra civil era el diálogo”, le reconocen los jueces de la Audiencia Nacional en su sentencia, donde califican a Ellacuría como “uno de los analistas políticos más importantes de El Salvador” en aquella época. “En definitiva, el papel de la Iglesia como mediadora para tratar de acabar con la sangrienta guerra civil les granjeó la enemistad de la extrema derecha, quien temía que en la negociación se les privase de sus privilegios”, remacha el fallo.

 Artículo de J.J. Galvez publicado en el diario El País, el pasado 11 de septiembre de 2020 

30/7/20

Fin a tres décadas de impunidad


Las acusaciones consideran un “ejemplo” de justicia universal la vista contra un excoronel salvadoreño por el asesinato de cinco jesuitas españoles en 1989 

La fiscal Teresa Sandoval describió esta semana con un símil certero y desagradable lo que se vivió en la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador la madrugada del 16 de noviembre de 1989: “Los responsables de la masacre tenían a los ratones bien encerraditos en una ratonera sin posibilidad de fuga”. La ratonera, el campus, estaba rodeado por 350 soldados cuya misión era garantizar que nadie entrara ni saliera; los ratones, los jesuitas que, a esa hora, alrededor de las dos de la mañana, dormían en sus habitaciones ajenos a lo que estaba a punto de ocurrir; y los responsables, los militares que los ejecutaron, pero también los altos mandos que supuestamente decidieron y ordenaron asesinar al teólogo vasco Ignacio Ellacuría y no dejar testigos.

La celebración de un juicio 30 años después del crimen que se juzga sería normalmente un fracaso del sistema. Pero la vista que terminó esta semana en la Audiencia Nacional por la matanza de cinco jesuitas españoles en El Salvador tiene, por el simple hecho de celebrarse, una dosis de éxito. Falta la sentencia y todo lo que no sea una condena contra el excoronel salvadoreño Inocente Orlando Montano borraría para las acusaciones esa sensación, pero haber sentado en el banquillo a uno de los supuestos autores intelectuales del asesinato ha sido vivido como un hito para quienes durante décadas lucharon por que el supuesto papel de los altos mandos militares en el crimen no quedara impune.

El abogado Manuel Ollé, que representaba a la acusación popular ejercida por la Asociación Pro Derechos Humanos de España, se lo recordó al tribunal en su última intervención: “Hoy la Audiencia Nacional no es un tribunal nacional. Por el principio de Justicia Universal hoy actuáis en representación de la comunidad internacional”. “En el derecho penal internacional todos tenemos que hablar el mismo idioma y el Estado que lo juzga está en representación del que no lo quiere o no lo puede juzgar”, afirma Ollé, para quien este juicio debe servir de “ejemplo” para otros muchos casos. “En los crímenes de Estado es evidente que el Estado va a hacer todo lo posible para impedir el juicio. Pero en estos 30 años la justicia universal ha evolucionado y se debe hacer frente a esas situaciones”.

Ollé está “satisfecho” por el resultado de la vista, que, en su opinión, ha permitido reunir un material probatorio “abrumador” contra el excoronel Montano, de 76 años, el único acusado en el juicio. Los documentos y testimonios han evidenciado, según las acusaciones, que Montano, que entonces era viceministro de Seguridad Pública, fue uno de los ideólogos del asesinato. Al resto, al menos otros cuatro altos mandos según la Fiscalía, no se les ha podido juzgar porque El Salvador rechazó su extradición, pero el excoronel vivía desde hace años en Estados Unidos y España consiguió que lo entregaran en 2017.

La vista empezó con otro acusado, el exteniente Rene Yushsy Mendoza, pero quedó eximido el segundo día y se ha convertido en un testigo clave al señalar a Montano como uno de los militares que ordenó la matanza. La Fiscalía, que pide 150 años de prisión para el excoronel, califica los hechos como asesinatos terroristas: “Fueron llevados a cabo por una estructura paralela construida desde dentro del Estado de El Salvador y al margen de la legalidad”, explicó la fiscal en su alegato final, en el que señaló que esta estructura, conocida como La Tandona, “alteró gravemente la paz pública”. “Los peritos nos han hablado de inmensas violaciones de derechos humanos. Más de mil casos cometidos por policía o tropa al mando del coronel Montano”, expuso Sandoval.

El acusado negó los hechos en el juicio, aunque las acusaciones advirtieron que se contradijo. “Yo no tenía nada en contra de los jesuitas”, aseguró minutos antes de afirmar que el golpe de Estado de 1979 contra el general Carlos Humberto Romero se originó en la UCA, de la que Ellacuría era rector. “30 años después sigue demostrando animadversión hacia los padres jesuitas y los sigue considerando guerrilleros y terroristas”, advirtió la fiscal en su informe final.

Montano, en su turno de última palabra, se quejó de que el juicio había adolecido de “errores técnicos y morales”. “Se ha mentido a destajo”, dijo. “Ellacuría era un amigo. No era miembro de la guerrilla y yo nunca lo acusé”. ¿Por qué se convirtió el teólogo español en un objetivo para los militares salvadoreños? El exfiscal y magistrado emérito José Antonio Martín Pallín, abogado de la única acusación particular, ejercida por la familia del jesuita Ignacio Martín Baró, sitúa los hechos en su contexto: “La realidad es que El Salvador vivía una guerra y Alfredo Cristiani [que presidía el país desde junio de 1989] y Ellacuría buscaban un acuerdo de paz. Y los militares no querían porque sabían que la guerrilla, para firmar ese acuerdo, iba a exigir depurar el Ejército”.

A la espera en el Salvador

El juicio celebrado en la Audiencia Nacional ha reavivado las esperanzas de que El Salvador, que hasta ahora ha sido reticente a juzgar a los autores intelectuales de la matanza de los jesuitas, llegue también a sentar en el banquillo a varios ex altos mandos contra los que mantiene abierta una causa. El abogado José Antonio Martín Pallín se confiesa escéptico: “Hay una gran corriente de opinión en El Salvador que pide que se abra el juicio, pero no creo que se les juzgue”, lamenta, el exfiscal, que se siente satisfecho con lo que se ha conseguido en España. “Se sabía que intervinieron los soldados; se sabía que los militares ejecutaron la orden; pero falta por saber de quién salió la idea”.

El abogado Manuel Ollé advierte de que el juicio en España buscaba hacer justicia para los jesuitas y para todo el pueblo salvadoreño, pero no se trata de suplir a la justicia de El Salvador “sino de complementarla”. “Y ojalá los jueces salvadoreños tomen buena nota para que se siga está estela”, afirma.

10/6/20

El coronel Montano se niega a responder las preguntas de la Fiscalía y las acusaciones en el juicio

Montano: “Yo no tenía ninguna animadversión a los jesuitas”, declara el único juzgado en España por la matanza de 1989
Artículo de J.J. Gálvez publicado en el diario El País en fecha 10 de junio de 2020

El excoronel Inocente Orlando Montano, exviceministro de Seguridad Pública salvadoreño, se ha sentado este miércoles por primera vez en un banquillo de los acusados para dar explicaciones por la matanza de los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA) de 1989. Con absoluta tranquilidad, el ahora septuagenario ha negado en la Audiencia Nacional los delitos que se le imputan. Según ha asegurado y a diferencia de lo que mantiene la Fiscalía, nunca participó en el diseñó y ejecución del plan para acabar con las víctimas —entre las que había cinco españoles—. En todo caso, ha insinuado que esas decisiones las habrían tomado otros miembros del Ejército. Aunque él, según ha añadido, cree que los asesinatos corrieron a cargo de la guerrilla opositara al régimen. Una tesis rechazada por el ministerio público, las investigaciones judiciales y las propias conclusiones de la Comisión de la Verdad constituida en el país americano al acabar la guerra civil que lo asoló.

Más de 30 años llevaban las familias y amigos de las víctimas aguardando este momento. Y por fin, pasadas las 10.00 de este miércoles, uno de los supuestos autores intelectuales del crimen se ha visto obligado a responder ante un tribunal. No ha querido contestar a las cuestiones de la Fiscalía, ni de las acusaciones populares y particulares. Solo, a las de su abogado. Una oportunidad que ha aprovechado para eludir cualquier tipo de responsabilidad. “Yo no tenía nada en contra de los jesuitas”, ha dicho. “Había otros miembros del Gobierno...”, ha añadido.

Masacre de los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Amado López, Joaquín López y López, Juan Ramón Moreno, Segundo Montes, así como su ama de llaves, Elba Julia Ramos y su hija Celina Maricet Ramos

Pero Montano era un conocido miembro de La Tandona, una promoción de oficiales ultraderechistas que ocupó puestos clave en el Ejército. Y él mismo, durante esta sesión del juicio, ha cargado contra los jesuitas de la UCA y, especialmente, contra el entonces rector, Ignacio Ellacuría, acribillado a tiros en la matanza. Los ha considerado los impulsores de un golpe de Estado de 1979 contra el Gobierno militar ultraconservador —"Hay evidencias de que ese golpe se dirigió desde la universidad. Ellacuría convenció a la gente de que era necesario hacer un cambio y botaron del Gobierno al general [Carlos Humberto] Romero"—; y los ha acusado de reunirse y respaldar a los “terroristas” de la guerrilla revolucionaria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Su relato contrasta drásticamente con el de la Fiscalía y la Comisión de la Verdad, a lo que se añaden documentos desclasificados de Estados Unidos —del Departamento de Estado, la CIA y el Departamento de Defensa— que lo señalan. Según toda esa documentación, el entonces rector de la UCA se había convertido en una figura incómoda para el régimen al apostar por el diálogo con el FNML para alcanzar la paz. Así que Montano, junto a otros miembros de la cúpula militar dio la orden de acabar con su vida “sin dejar testigos”. Y así supuestamente se cumplió.

En la madrugada del 16 de noviembre de 1989, un grupo de soldados del batallón Atlacatl irrumpió en la universidad y mató a tiros a seis sacerdotes jesuitas —los españoles Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno; y el salvadoreño Joaquín López— y a la mujer e hija del guardián de la universidad, Elba y Celina Ramos. “Yo siempre pensé que fue el FNML el que cometió el asesinato", ha dicho Montano este miércoles, que ha negado que participara en ninguna reunión donde se decidiese el crimen. Pese a que el coronel Guillermo Alfredo Benavides, al frente del Atlacatl, lo señaló en un diario como uno de los mandos que dio la orden. “No sé de dónde sale ese comentario”, se ha defendido Montano en la Audiencia Nacional este miércoles.

Montano enfrenta solo el juicio en Madrid por el asesinato de los jesuitas

 

“Ha mentido”

 

El único acusado en este juicio ha mantenido, incluso, que él trato de ayudar a esclarecer los hechos tras la matanza: "Yo colaboré, en el sentido de que le dije al señor presidente [Alfredo Cristiani] que la investigación se condujera con la ayuda internacional”. Pero, como recuerdan los compañeros de las víctimas, tras la guerra civil solo se juzgó en El Salvador a los autores materiales del crimen. Nunca a los intelectuales. “Cuando quisimos ir a por ellos tuvimos muchos problemas”, detalla el jesuita José María Tojeira, posterior rector de la UCA, que cuenta cómo la ley de amnistía impedía cualquier proceso contra ellos. Entonces, decidieron impulsar la causa en España y presentaron una querella en 2008. “Tuvo una fuerte repercusión en El Salvador. Y en 2016 se declaró inconstitucional la ley de amnistía”, apostilla Tojeira. Eso permitió reabrir el caso contra otros cinco supuestos autores intelectuales, pero “actualmente se encuentra prácticamente parado”.

“Orlando ha perdido una oportunidad de oro para decir la verdad. Ha mentido en todos los campos sobre los que se le ha preguntado. Él era el jefe del operativo y él era el encargado de verificar y confirmar que se habían cumplido las órdenes de asesinar dadas por el Estado Mayor del Ejército”, destaca Juan José Tamayo, miembro de la junta directiva de la Asociación Pro Derechos Humanos de España, personada como acusación popular, y director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid. “31 años después tenía la oportunidad de reconocer su implicación, pedir perdón y dar los nombres de los otros autores intelectuales”, ha reprochado Tamayo, que añade: “Es una infamia acusar a los jesuitas de defender la violencia de la guerrilla. Los mataron porque estaban construyendo puentes de diálogo por la paz y Montano contribuyó a dinamitarlos”.

El juicio se adentra ahora en un parón y proseguirá en julio con la declaración de los testigos. Entre ellos, está previsto que preste testimonio Rene Yushsy Mendoza, antiguo teniente del batallón Atlacatl y que ha estado acusado en esta investigación hasta el pasado lunes, cuando el tribunal consideró que habían prescrito los delitos que se le atribuían. La Fiscalía pide 150 años de cárcel para Montano.

8/6/20

En busca de justicia 30 años después: comienza la vista en la Audiencia Nacional por la matanza de jesuitas en El Salvador

Inocente Montano, tercero desde la izquierda, en una imagen de julio de 1989, junto a otros altos cargos del Ejército salvadoreño.   AP
Artículo de J.J. Gálvez publicado en el diario El País en fecha 8 de junio de 2020

Los compañeros de las víctimas creen que el proceso en España impulsará el iniciado en el país centroamericano.

Tras una batalla de más de 30 años, este lunes se sentarán finalmente en el banquillo de la Audiencia Nacional el excoronel Inocente Orlando Montano, exviceministro de Seguridad Pública de El Salvador, y uno de sus subordinados, acusados de participar en el “diseño” y “ejecución” de la matanza de los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador, perpetrada en 1989 y entre cuyas víctimas se encontraban cinco españoles. Uno de ellos, el teólogo Ignacio Ellacuría. La Fiscalía pide una condena de 150 años de cárcel.

“Para nosotros, celebrar este juicio es un paso muy importante”, se sincera José María Tojeira, compañero de las víctimas y posterior rector de la UCA. “El proceso en España siempre ha tenido mucha repercusión en El Salvador y ha servido para reimpulsar aquí la causa contra otros presuntos autores intelectuales del asesinato, que actualmente se encuentra prácticamente parada”, relata el jesuita por teléfono, apenas un día antes de que arranque en la Audiencia Nacional la vista oral contra dos acusados por la matanza de hace tres décadas.

La Fiscalía y la Asociación Pro Derechos Humanos de España centran su acusación en el excoronel Montano, que entonces ocupaba el cargo de viceministro de Seguridad. Según el ministerio público, este reconocido miembro de La Tandona, una promoción de oficiales ultraderechistas que ocupó puestos clave en el Ejército, formó parte del grupo de autoridades que decidió y ordenó que los militares irrumpieran durante la madrugada del 16 de noviembre de 1989 en la Universidad Centroamericana, donde tirotearon a seis sacerdotes jesuitas —los españoles Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno; y el salvadoreño Joaquín López— y a la mujer e hija del guardián de la universidad, Elba y Celina Ramos. Son “los mártires de la UCA”, como los ha bautizado el propio centro docente, que recibió en 1990 el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades por “su denodada defensa de la libertad” y “el diálogo”. “Supremos valores, en cuya defensa ha dado heroico testimonio el claustro de sus profesores”, destacó el jurado.


El arzobispo de El Salvador, rodeado de periodistas, junto a los cadáveres de las víctimas, en 1989.John Hopper / Associated Press

Montano, encarcelado en España desde 2017 después de que Estados Unidos lo entregara tras una ardua pelea judicial, fue señalado como uno de los autores intelectuales. El ahora septuagenario destacaba por sus arremetidas contra Ellacuría y sus compañeros, a los que acusaba de conexiones con “terroristas”. Como dijo el juez Manuel García-Castellón cuando lo envió a prisión a la espera de que se celebrase el juicio, el coronel utilizó la emisora de radio oficial del Estado para lanzar amenazas de muerte solo unos días antes del asesinato múltiple. Además, era miembro de “una estructura al margen de la legalidad, que alteró gravemente la paz pública con ejecuciones civiles y desapariciones forzosas”, añade la Fiscalía. A la investigación se han incorporado archivos desclasificados del Departamento de Estado, la CIA y el Departamento de Defensa de EE UU.

Ellacuría, nacido en Portugalete (Bizkaia) en 1930, se había convertido en una figura muy incómoda para el Gobierno y en la bestia negra de los grupos de ultraderecha que operaban en el país en plena guerra. Este comprometido teólogo de la liberación apostaba por el diálogo para lograr la paz entre la guerrilla revolucionaria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el régimen.


El excoronel Inocente Orlando Montano, en EE UU en 2013, antes de su extradición a España.Steven Senne / AP

“Requiere un gran coraje vivir en un país donde las armas de la muerte estallan con desesperada frecuencia en la más amenazadora de las proximidades”, denunciaba el jesuita unos días antes de su muerte, durante un viaje a España. “Estoy abrumado por el hecho terrorista. Estoy dispuesto a trabajar por la promoción de los derechos humanos. [...] Quisiera apoyar todo esfuerzo razonable para que prosiga el diálogo/negociación de la manera más efectiva posible”, escribía en una carta fechada en Salamanca el 9 de noviembre de 1989 y dirigida al ministro de la Presidencia, el coronel Juan Antonio Martínez Varela, donde le anunciaba su vuelta a El Salvador el día 13.

José María Tojeira cree que el juicio —en el que también se encuentra acusado Rene Yushsy Mendoza, un antiguo teniente del ejército salvadoreño y miembro del batallón Atlacatl, ejecutor de los asesinatos— servirá para reimpulsar la causa abierta en El Salvador contra otros cinco supuestos autores intelectuales de la matanza. “Aquí siempre ha habido muchas reticencias a investigar. Pero en 2016 logramos, gracias también a la presión internacional, que se declarara inconstitucional la ley de amnistía que lo impedía. Eso permitió reabrir la causa, que ahora mismo se encuentra casi parada”, apunta el jesuita, que añade: “Ha pasado mucho tiempo. Nosotros no tenemos problema de que, después de los juicios, se les puedan dar medidas de gracia por la edad. Creemos en la verdad y en la justicia para que no se repitan estos crímenes. Y también en el perdón”.
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