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23/8/19

Conociendo a Nayib Bukele


El pasado 1 de junio hubo el acto de proclamación del nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ganador de los comicios presidenciales del mes de febrero con más de 1.400.000 votos y el 53.10% de los votos válidos, muy por encima del segundo clasificado, Carlos Calleja de ARENA con el 31,72%. Un resultado histórico avalado por una ola de entusiamo nacional e internacional esperanzada en comenzar a cambiar dinámicas y estructuras del país.

Después de unas primeras semanas de mandato su imagen a nivel internacional se ha multiplicado y diferentes medios de comunicación españoles y catalanes han publicado sendos articulos sobre sus primeras medidas, sus metodos de trabajo y sus prioridades.Les dejamos con algunas de estas noticias:

- Nayib Bukele, el revolucionario presidente ‘millennial’ de El Salvador (La Vanguardia)

- Nayib Bukele, el presidente 'millenial' de El Salvador que se ha autoproclamado el "más 'cool' del mundo (Eldiario.es)

- Nayib Bukele, el presidente que gobierna El Salvador a golpe de tuit (El País)

- El Salvador: Bukele le asesta un duro golpe a los Mara Salvatrucha (La Razón)

- El president del Salvador ordena el cessament d'alts càrrecs per Twitter (El Periódico)

2/12/18

"Más azucar significa menos agua". La financiación de la agroindustria azucarera a los partidos de la derecha salvadoreña pone en jaque el derecho humano al agua




La agroindustria azucarera ha realizado en los últimos doce años grandes donaciones a los partidos de derechas de El Salvador. En su intento de privatizar el agua, la derecha mantiene en la actualidad paralizada la legislación sobre este recurso, mientras las organizaciones sociales, con un apoyo quizás mayor del deseado de la cooperación internacional, continúan creando conciencia, movilizándose y haciendo frente a un creciente sentimiento de resignación. 

Artículo de Armando Jacinto, Oscar Ruiz y Samuel Ventura publicado en la revista Pueblos. Versió en català en aquest enllaç  “Més sucre significa menys aigua. La financiació de l’agroindústria sucrera als partits de la dreta salvadorenca posa en escac el dret humà a l’aigua”

La Secretaría de Participación, Transparencia y Anticorrupción de El Salvador dio a conocer este año la lista de los financiadores de los partidos políticos de este país. Estas listas mostraron dos tipos de donantes: ciudadanos y ciudadanas, por un lado, y personas jurídicas (como empresas, gremiales, asociaciones, sociedades, fundaciones y universidades), por otro. Las donaciones proporcionaron a los partidos $69,259,644.98 (casi 60 millones de euros) en los últimos doce años[1].

De la totalidad de donaciones registradas por el Ministerio de Hacienda, el partido ARENA, de extrema derecha, es el que ha percibido la mayor parte: el 64,2%. Le sigue el FMLN, de izquierda, con el 18,8%; el PCN, de extrema derecha, con el 7,8%; el PDC, también de extrema derecha, con el 5,1%, y GANA, de derechas, con el 3,1%. El 1% restante se reparte entre otros partidos.

La mayoría del financiamiento de ARENA, el partido político que más dinero ha recibido en donaciones en los últimos once años, proviene de empresas. El FMLN recibe el 18% de todas las donaciones, pero el 90% de sus recursos los proporcionan ciudadanos y ciudadanas.

Esta lista ha sido muy reveladora porque ha permitido a la ciudadanía identificar quiénes son los principales financiadores de cada grupo. Así mismo, ha puesto de manifiesto la gran cantidad de dinero recibido por los partidos de derechas por parte de las empresas de la agroindustria azucarera del país.

De acuerdo a la lista, entre 2008 y 2017 las empresas azucareras (entre las que sobresalen CASSA, los Ingenios El Ángel, La Cabaña, Chaparrastique, Jiboa y familias vinculadas a la industria como los Tomás Regalado Dueñas y Tomás Regalado O´Sullivan) desembolsaron al menos $3.2 millones (2,77 millones de euros), siendo el principal receptor el partido de extrema derecha ARENA, que solo en 2013 recibe $1.3 millones (1,12M€), y en 2017, $430 mil (370k€). Ese mismo año los partidos PCN y PDC recibieron $200 mil (172 mil €) y $80 mil (69 mil €), respectivamente.

Agroindustria azucarera y partidos políticos

Curiosamente, los dos momentos (2013 y 2017) en que estas empresas hicieron los desembolsos más grandes a los partidos políticos coinciden con dos acontecimientos en la Asamblea Legislativa relacionados con el tema del agua. La relación del financiamiento de la industria azucarera y todos los partidos políticos de derecha es más que evidente.

En 2013 se hace la presentación de la propuesta de Ley de Gestión Integral del Recurso Hídrico, conocida como Ley de los Regantes, cuya autoría fue aceptada (un año después) por la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), que propuso constituir una autoridad del agua conformada por una mayoría de la empresa privada.

Esto llama mucho la atención porque esta propuesta de Ley hecha por la ANEP (un organismo similar a la CEOE española) entrampa la Ley General de Agua presentada por las organizaciones sociales que conforman el Foro del Agua.

Ya se había discutido hasta el artículo 92 de la Ley General, pero los partidos de la derecha pidieron retomar desde el artículo 10, en el que se define el órgano rector del agua en El Salvador. Hasta la fecha esto sigue siendo un punto de discusión sobre el que no hay acuerdo entre los partidos de derecha, la oligarquía, el movimiento social y el FMLN, porque la derecha busca que la dirección corra a cargo de un organismo autónomo controlado por la empresa privada.

En el año 2017 los partidos de derecha se unen y presentan la propuesta de Ley Integral del Agua, en donde dejan clara, nuevamente, su intención de crear una autoridad con mayoría de funcionarias y funcionarios propuestos por la ANEP, así como de generar condiciones para la privatización de los servicios de ANDA. Esta propuesta es aún más lesiva que la presentada en 2013 y coincide también con un desembolso importante por parte de los financistas de los partidos de derecha (ARENA, PCN, PDC y GANA).

Usos del agua y sector agropecuario

Las estadísticas agropecuarias del Ministerio de Agricultura demuestran que en los años 1996 y 1997 la superficie cultivada con caña de azúcar en El Salvador era de 79,773 m2, mientras que en el año 2015 dicha superficie cultivada ascendía a 120,363 m2, lo que supone un incremento del 50,88%.
De acuerdo con los datos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales[2], el sector agropecuario demanda actualmente el 54,15% de todo el recurso hídrico. Este sector ocupa el primer lugar, sobre los demás usos del agua.

De las superficies que utilizan riego, el 36% se usa en la caña de azúcar y el 48% para pastos. Entre ambos usos suman el 84% del área total destinada para riego. Además, se prevé que para el año 2022 la demanda de agua para riego tenga un crecimiento del 15,17% para el sector agropecuario.

Según el Plan Nacional de Gestión Integrada del Recurso Hídrico en El Salvador[3], la mayor cantidad de agua contabilizada para riego proviene de ríos. Esto no incluye la gran cantidad de pozos utilizados para el riego de caña de azúcar y pastos que no están contabilizados y no tienen permisos para funcionar. Para hacerse una idea, basta prestar atención al aumento de áreas cultivadas en municipios ubicados en la franja costera del país, donde se perforan pozos sin siquiera ver la afectación a las zonas aledañas.

Con esta información resulta claro que el objetivo que persigue la agroindustria azucarera al financiar a los partidos políticos es defender su interés corporativo para impedir que se apruebe una legislación que tutele el derecho al agua y la alimentación, y así continuar con el despojo del agua en los territorios cultivados con caña de azúcar.

Una nueva correlación de fuerzas

El 4 de marzo de este año tuvieron lugar las elecciones para elegir a las y los diputados y alcaldes para el periodo 2018-2021 en El Salvador. Los resultados finales dejaron una derecha fortalecida dentro de la Asamblea Legislativa, quien, votando en bloque, puede aprobar créditos o elegir a las personas que ocupen las magistraturas de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y la Fiscalía General de la República. Además, tendrán la posibilidad de superar los vetos del presidente Salvador Sánchez Cerén, todo ello independientemente del voto de la bancada del FMLN.

Es decir, que hasta el 30 de abril de 2018 (una vez que se hizo efectiva la toma de posesión de la legislatura 2018-2021) hubo una legislación con los contrapesos necesarios y que de alguna manera había detenido la propuesta de Ley Integral de Agua presentada por los partidos de derecha, y que como hemos visto representa solo los intereses de sus financiadores.

El único camino que las organizaciones sociales visualizaban era que, si la derecha aprobaba una ley privatizadora, el presidente de la Republica la vetase. Se necesitan 56 votos para superar el veto presidencial. Con la nueva conformación, la derecha puede pasar por encima del veto y del contrapeso que hacen (hacían) los 23 diputados y diputadas del FMLN.

Así pues, con la nueva correlación de fuerzas en el parlamento salvadoreño aumenta el riesgo de que el agua, un derecho humano fundamental, sea privatizada.

Los desafíos del movimiento social

Ante esa situación van surgiendo desde los territorios más afectados espacios de participación de organizaciones sociales que buscan visibilizar la problemática del agua. Esto se ha visto facilitado porque en estos últimos nueve años ha habido más apertura de los entes públicos a proporcionar información sobre lo que estaba ocurriendo.

Hay que puntualizar también que con los fondos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), a través del Fondo del Agua, se pudieron crear el Diagnóstico Hídrico del País, el Plan Nacional Hídrico, el Plan Nacional de Cambio Climático, el Plan Nacional de Atención a Sistemas Rurales de Agua Potable y el Catastro Nacional de Sistemas Comunitarios de Agua.

Todos estos instrumentos son importantes porque ofrecen una perspectiva de la situación hídrica del país y contribuyen a que se visibilice la problemática y exista más organización desde los territorios para demandar el agua como un derecho. Sin embargo, hay que cuestionar que se invirtieron grandes cantidades de dinero y en su mayoría fueron empresas españolas quienes los elaboraron de una manera que no generaron datos completamente fiables (se hicieron vía internet o por teléfono, sin verificación in situ).

Las organizaciones sociales llevan doce años exigiendo una Ley General de Aguas que no ha sido aprobada debido a los grandes intereses que ya se han mencionado. Falta también un marco jurídico: no hay un canon de pago por el uso que se hace ni control de cuánta agua se extrae de los acuíferos.

Pese al compromiso de las organizaciones que desde los territorios luchan por la defensa del agua, tal vez por no lograr concretarse un marco regulatorio favorable, se ha ido produciendo un desencanto en la población.  Esto se traduce en la reducción de la participación de la gente en movilizaciones, que, hasta cierto punto, siente resignación, que “que no se puede hacer nada”. Es un sentimiento muy negativo, porque genera estancamiento también en la organización, en la movilización y la resistencia, posibilitando que ciertos conflictos territoriales se vayan profundizando y no exista capacidad de denuncia.

Las organizaciones sociales se motivan a mantener la presencia y grados de sensibilización, pero cada vez es más difícil, pues tampoco se disponen de los recursos suficientes para mantener activa esa masa crítica. Esto provoca, en parte, que sea la cooperación internacional la que tenga que mantener estos niveles de actuación, cuando debería de ser un compromiso más natural de las agendas políticas del país.

Puesto que no existe voluntad política suficiente a nivel de partidos, de funcionariado o de estructuras del Estado para dar respuesta a esta situación, no hay duda de que el trabajo y las estrategias que las organizaciones sociales desarrollen será de mucha importancia para generar conciencia en la ciudadanía y no dejar que la nueva Asamblea Legislativa privatice el agua en El Salvador.


Armando Jacinto, Oscar Ruiz y Samuel Ventura forman parte de la Asociación Comunitaria Unida por la Agricultura (ACUA) de El Salvador.

10/7/17

“Por los abrazos que nos faltan”



“Por los abrazos que nos faltan”: campaña de búsqueda en Extremadura de niños robados de El Salvador  (articulo de finales de 2016 aparecido en eldiario.es)

Han venido a España para rescatar la memoria. La memoria de miles de familias que 30 años más tarde siguen sin noticias de sus hijos. Arrebatados de sus manos durante el conflicto armado de El Salvador.

La Asociación pro búsqueda de niños y niñas desaparecidos durante el conflicto armado de la guerra de El Salvador tiene documentados hasta 35.000 casos de menores dados en adopción bajo un sesgo legal ‘dudoso’ durante 12 años, hasta 1992. "Arrebatados de los brazos de las madres, robados en hospitales o sustraídos en zonas conflictivas".

Eduardo García, de la asociación pro búsqueda, ha pasado esta semana por Extremadura para buscar alianzas. Reclaman la ayuda de instancias regionales y europeas que colaboren en la identificación de los casos reclamados por los padres biológicos. Con el propósito, no de cambiar la vida de ciudadanos adultos que hoy viven en otros países, sino de que se reconozca lo que pasó. Que se haga justicia.

De esas adopciones documentadas, “muchas ilegales”, tienen constancia de que un volumen importante de niños que fueron a parar a Unidos y Europa, en concreto a España, Francia o Italia. “Hemos encontrado a niños desaparecidos en Navarra o País Vasco. Sabemos que hubo adopciones en Extremadura, en Andalucía…".

 "No son muchas las adopciones que se dieron en España, pero nuestro objetivo es que Europa entienda la corresponsabilidad: 35.000 niños dados en adopción en un país de apenas 4 millones de habitantes implica que fueron masivas, entre 10 y 12 diarias, con una avalancha”.

Es un trabajo arduo, en el que están encontrando no pocas trabas. Por ahora han resuelto 430 casos de las 960 denuncias que han recibido. “Las Abuelas de la Plaza de Mayo recuperaron más de un centenar de niños, nosotros hemos recuperado 430. Cuando los estados dan la espalda al tema de la niñez se invisibiliza el trabajo de las organizaciones”.

Tras pasar por Extremadura, Eduardo continúa la labor de sensibilización sobre la realidad del Salvador, poco conocida hoy día en Europa. El objetivo es buscar aliados políticos que les permita llevar su denuncia hasta la Unión Europea. Por ahora se han puesto en contacto con Podemos para llevar a Bruselas la realidad de miles de niños y niñas.

El reencuentro de una madre y su hijo

Relata emocionado los casos resueltos. Aquellos donde las madres tienen la oportunidad  de abrazar a sus hijos, aunque sea 30 años más tarde. “Madres a las que les arrebataron a sus criaturas a punta de fusil terminan pidiendo perdón porque piensan que no hicieron lo suficiente. Que quizás hubiera sido mejor que las hubieran matado para no cargar con el sufrimiento con el que lo han hecho durante todos estos años.

Una vez comienzan los levantamientos populares en el país centroamenricano se constituyen dos bandos. En principio eran cinco frentes guerrilleros que al consolidarse la guerra se unifican en una sola, frente a un estado con paramilitares y diferentes policías. 

La situación en mitad de un conflicto que duró más de una década fue confusa. “Imagínese aquellos niños nacidos en las ‘guindas’, que eran las huidas en las que salía la población corriendo de sus casas con lo primero que agarraban. Una mujer embarazada que en medio de la montaña daba a luz no tenía ninguna clase de registro. Ningún certificado médico inscripción. Si alguien llegaba y se lo sustraía ese niño podía ser inscrito con el nombre que quisieran, eso es una apropiación”.

A los ciudadanos europeos con origen salvadoreño, y que tengan unos 30 años, les pide que se pongan en contacto con ellos. “Si saben que su origen está en El Salvador, les animo a que con toda la discreción del mundo y bajo la confidencialidad nos cuenten su historia y nos aporten sus datos”.
También lo pueden hacer a través de la Comisión Nacional de Búsqueda del Salvador, una institución del gobierno. Ambas organizaciones trabajan de la mano.


¿Cómo salían los niños del país?

Cuenta esta asociación, que ha ganado varias victorias judiciales en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que los menores salían de El Salvador con un pasaporte salvadoreño, con un visado de ingreso en los otros países; “y muy probablemente el apellido que adoptaban ya en el pasaporte salvadoreño era el de sus padres adoptivos”. No adquirían la nacionalidad hasta que no quedaba zanjado el trámite en el país destino.

Apunta a responsables directos. "Nombres de funcionarios salvadoreños, jueces, procuradores, abogados, que se repiten con mucha frecuencia en la documentación. Tenemos constancia de la presencia de una red consolidada de abogados que intercambiaban protocolos para que no fuera muy evidente que una sola persona tramitaba a 2.000 niños en un año. Pequeñas redes, mafias, incluso se dividían por países".

Pese a conocerse mucha información, denuncian que "no ha habido la valentía ni por parte de la justicia salvadoreña, ni de fuera, de preocuparse por conocer la verdad, establecer justicia y poner medidas de reparación". Nunca estos casos han sido judicializados.

Por aquellos entonces los países de acogida tenían consulados en territorio salvadoreño en el conflicto armado, de modo que manejaban información sobre operativos militares gubernamentales. Operativos por otro lado protagonistas de todo este tráfico de niños según denuncia. “Queremos que se desclasifique esa información y que sirva para identificar a cadenas de mando, lugares en los que se cogieron a los niños y lugares donde hay fosas comunes”.

¿Los padres adoptivos lo sabían?

Aclara que no. Los padres adoptivos de Europa o Estados Unidos no conocían las condiciones en que llegaban los niños porque el estado salvadoreño daba la certificación de abandono y 'adoptabilidad'. A estos padres se les pedía hasta 20.000 dólares por los trámites.

“En un estado de guerra, el decirle a unos padres adoptivos ansiosos de tener un niño que procede de un país conflictivo que el niño está herido, desnutrido o está enfermo... lógicamente daban el dinero. Se les insistía a los papás a pagar para que los trámites avanzaran, para agilizar procesos".

El perfil de los niños desaparecidos

El perfil coincide. Se trata de familias de escaso recursos, simpatizantes de la guerrilla o del movimiento contrario al gobierno represivo de ese momento. Coincide con embarazos no deseados en adolescentes, a las que se las persuadía fácilmente para que bajo engaño prestaran  o dieran los hijos.

Es decir, familias de zonas rurales donde las fuerzas de la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional encontraban más apoyos. De modo que la población, además de sufrir el terror de la persecución gubernamental, perdió a miles de sus hijos.

Cuenta Eduardo García que hay casos en que los niños son depositados en orfelinatos religiosos porque la guerra llega a sus comunidades, donde son visitados por sus propios padres, "aunque finalmente se tramita la adopción de esos niños".

Asegura que "varias congregaciones religiosas se dedicaron a eso. "Hay intervención directa de las damas de la Cruz Roja salvadoreña, que nos han negado sistemáticamente la información bajo el pretexto de que fue destruida o que se perdió, en la que ellas disponían de niños en fuego cruzado". También apunta a club de rotarios u organizaciones altruistas que bajo el sinónimo de caridad "malentendida" se hacían cargo de los niños y los tramitaban en adopción.

“Fue un negocio muy suculento. Imagínense 35.000 niños a una media de 20.000 dólares, ¿cuántos millones de dólares pudo reportar esto? Todo bajo un estado cómplice que reprimía a una población en un contexto de conflicto armado”.

El contexto es un elemento determinante para comprender qué pasó durante más de una década con los chicos. “¿Quién iba a denunciar a la guardia nacional que su hijo había sido si eran simpatizantes de la guerrilla? Sabían que si lo hacían ellos también podían desaparecer o ser torturados?”.

Una comparación con España

Para la asociación salvadoreña es algo similar a lo que pasó en la guerra civil y la dictadura española. “En España también hay niños robados, y se repiten unas características similares. Si queremos que esto no siga pasando necesitamos legislar, salvaguardar y sensibilizar”.

Hay un elemento especialmente sangrante en esta historia. Y es que la asociación no espera encontrar con vida a todos los niños robados. La mayor parte de denuncias se refieren a menores que tenían entonces entre los 0 y los 5 años. Los adolescentes, según comenta, tuvieron la misma suerte que sus padres y probablemente fueron asesinados.

“Había una componente ideológica de hacer daño al enemigo, quitándole sus hijos. También había una componente racista. Niños del norte de Chalatenango o San Vicente, con rasgos de ojos y piel más clara, eran fácilmente puestos en el mercado internacional; frente a niños de Morazán con pieles más oscuras y rasgos indígenas que eran exterminados y asesinados porque no tenían una posibilidad de poder ‘contrabandear’ con ellos”.

Trabajo constante

Pro búsqueda es una operación muy pequeña, que vive de proyectos, de caridad y de la cooperación. Con personal que trabaja con salarios muy bajos, aunque ha sido capaz de reencontrar a 430 niños según destaca.

"La Fiscalía, el órgano de justicia salvadoreño, ni siquiera ha investigado un caso. Pro búsqueda ha acompañado a mujeres campesinas en la lucha por encontrar a sus hijos, y cuando el estado no ha respondido hemos iniciado tres litigios internacionales ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos".

“Los tres los hemos ganado y hemos sentenciado al estado salvadoreño. A pesar de eso, las hermanas Serrano, el caso más emblemático de este litigio siguen desaparecidas. Consideramos que el estado salvadoreño en su conjunto, especialmente la Asamblea legislativa y muy especialmente el órgano de justicia, no han hecho lo que su mandato constitucional determina: investigación, sanción para los responsables y determinar el paradero de los niños”.

"Consideramos que el Ejecutivo actual sí ha tenido muestras de buena voluntad y las sentencias que le incumbían se han ido cumpliendo. De manera lenta, pero progresiva. Pero el órgano de justicia no ha hecho su trabajo, quizás porque no ha sido depurado después de los acuerdos de paz, y porque prevalece un sesgo ideológico sobre un mandato constitucional".

Verdad, justicia y reparación

Para el activista Eduardo García la defensa de los derechos humanos requiere conocer la verdad es hacer justicia y someter a las familias a una reparación. “Dado que las fuerzas armadas del Salvador no tienen la intención de dignificar a las víctimas dando a conocer la verdad, sería una acción loable que otros países que entienden esa responsabilidad, por su compromiso con los derechos humanos, y el respeto a la carta internacional de Derechos Humanos, desclasificaran su información para lograr el paradero de niños y el esclarecimiento de masacres”.

Se trata de jóvenes a quienes contaron que los abandonaron o que sus padres biológicos estaban muertos. Con el paso de los años, cuando constatan que la realidad es otra, y que son supervivientes de masacres, “relacionan esos recuerdos con hechos reales. Tienden a disminuir esas ansiedades, esos recuerdos, hasta que las pesadillas, que se transforman en verdades”.

“Las madres descansan, familiares que durante 30 años han buscado a sus niños abrazan a sus pequeños, y después de abrazarlos han muerto tranquilos. Hasta ahí llegó la lucha. Esto no son cosas del pasado como siempre nos han vendido. Son acontecimientos que ocurrieron hace 30 años. En realidad son amores, son ternuras, son abrazos y reencuentros que se dan ahora en el presente”.

Insiste en que no son cosas que deban olvidarse para hacer borrón y cuenta nueva, argumentado que son cosas de la guerra. Porque se trata de sentimientos que perduran hasta la actualidad y que se deben resarcir para n repetir los errores del pasado. “Supone una mirada al futuro para que no se vuelva a repetir”.



La historia se repite de nuevo

La historia parece ser ese círculo cíclico que repite acontecimientos cada cierto tiempo. Hoy Eduardo mira al drama de las persona refugiadas, y encuentra de nuevo que en todo el tránsito a Europa desde oriente ha habido miles de desapariciones de niños. “Eso es responsabilidad de Europa, los niños deben ser protegidos (…) Queremos que haya garantías a la infancia, para que no se repita más”.

A Europa, y sus estados, reclaman colaboración. “Esos niños son sus conciudadanos, son europeos, y según la convención internacional de la niñez toda persona tiene derecho a conocer sus orígenes. Quienes quieran conocer a su familia biológica, deben facilitarle las condiciones para hacerlo, aportar información para que las familias que los buscan puedan lograr ese abrazo tan deseado con sus niños aunque hayan pasado tres décadas”.

Advierte que los estados tienen una co-responsabilidad también porque “debieron de presuponer que algo estaba pasando, y que algo del todo no era legal en todo esto”. “De hecho todos los niños que salen en formato de adopción desde El Salvador pasan por los consulados de estos países porque con su pasaporte salvadoreño necesitan un visado para terminar de consolidar la adopción en sus países de destino”.

Reclaman además al estado salvadoreño un banco de ADN que permita comparar todas las muestras. Algo que de momento no existe pese a que hay una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que así lo contempla.

5/2/17

“El segrest d’infants va ser una estratègia de terra cremada” entrevista a Eduardo García Doblas de Pro-Búsqueda a La Directa


Coincidint amb la visita que va fer al nostre país el passat més de novembre, Àlex Romaguera de La Directa va entrevistar a Eduardo Garcia Doblas, director de l'ONG Pro-Búsqueda que investiga casos de desaparició forçada de menors durant el conflicte armat (1984-1990) a El Salvador:

“El segrest d’infants va ser una estratègia de terra cremada” Eduardo García Doblas, activista pels drets humans a El Salvador

Durant el conflicte armat a El Salvador (1980-1992), milers de criatures de les comunitats pròximes a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) van ser raptades amb l’objectiu que l’exèrcit i sectors afins al poder s’enriquissin traficant amb elles. Avui, conèixer quin va ser el seu destí és a l’agenda d’una societat que, a causa de la guerra, presenta uns nivells elevats de pobresa, militarisme i crim organitzat. Només la valentia de les famílies afectades ha permès obrir una escletxa per esclarir aquests crims de lesa humanitat, dels quals Eduardo García Doblas fa anys que investiga els efectes. Director de l’Associación Pro-Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos d’El Salvador, García Doblas malda perquè el país sud-americà intervingui i ofereixi el suport psicosocial i jurídic que reclamen les víctimes. “La situació dels infants d’El Salvador recorda molt la dels refugiats de Síria, on ja hi ha 10.000 menors desapareguts”, afirma aquest activista, que durant la seva estada a Europa s’ha reunit amb diverses institucions per exigir-los que contribueixin a aclarir la veritat.

Com et vas implicar en la recerca d’infants desapareguts durant la guerra civil a El Salvador?
Va ser casualitat. Jo col·laborava amb els comitès de solidaritat Óscar Romero de Cadis quan, en un viatge a Bolívia, vaig conèixer el sociòleg Ignacio Cano, membre de la comissió de la veritat d’El Salvador. Ell em va convidar a conèixer la situació i... d’una experiència que havia de durar dos mesos, ja en fa 24 anys.

El 1994, un grup de persones a qui havien segrestat fills i filles es va organitzar per reclamar justícia...
Allò va ser l’origen de l’Associación Pro-Búsqueda, a la qual em vaig incorporar el 2013, si bé ja coneixia la seva activitat. En total, 35.000 menors van desaparèixer durant la guerra; la majoria van ser adoptats de manera irregular mitjançant una xarxa en què l’Estat va participar a través de les forces armades i els alts funcionaris. Però també hi va haver advocats, notaris i membres de l’oligarquia que es van beneficiar del tràfic de menors.

Estava planificat amb algun propòsit concret?
Respon a una estratègia de terra cremada. La idea era debilitar les poblacions dissidents. No sols per evitar que hi hagués futurs guerrillers; també per infligir un dany psicològic a les comunitats afins al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Hi ha imatges enregistrades on es veuen columnes de militars sortint de les poblacions amb nens segrestats a les seves motxilles.

Quines edats tenien aquestes criatures?
Entre 0 i 5 anys. Els més petits quedaven allotjats en albergs religiosos, des d’on passaven a mans de militars, polítics i eclesiàstics, que en alguns casos els utilitzaven com a criats o esclaus sexuals o els venien per a adopció. Els més grans passaven per les casernes, on, després d’adoctrinar-los, se’ls obligava a combatre a les forces armades. Molts van morir en combat.

Com entraven en aquesta cadena les famílies receptores?
Els nens sortien amb un visat i, quan arribaven al país de destí, se’ls tramitava la nacionalitat. Algú de l’Estat els feia els papers. Els nascuts al nord del país, que tenien la pell i els ulls més clars, eren venuts en adopció a famílies europees, principalment de França i Itàlia, però també dels Estats Units. Hi ha una comunicació entre el consolat nord-americà i Orlando Montano en què aquest general mostra una predilecció especial pel tràfic de menors i comenta l’existència de “mercaderia lliure d’infants”. En canvi, els menors més foscos de pell quedaven tancats a l’espera de ser venuts o explotats dins el país.

Fins ara, heu resolt el cas de 425 menors, 267 de les quals han conegut els seus pares i les seves mares biològiques. La resta no han volgut saber-ne res?
Cada persona gestiona el trauma a la seva manera. Hi ha casos satisfactoris, altres que estan en fase d’elaboració i alguns en què l’infant ha mort, davant els quals hem de buscar la manera d’abordar un dol que té molt d’ambigu. En la majoria dels casos, però, el retrobament només suposa ampliar el cercle familiar perquè són homes i dones que ja tenen la seva vida feta.

El nou govern d’esquerres és procliu a depurar aquests crims?
Té més voluntat que els governs anteriors. El problema és que la fiscalia està en mans dels sectors retrògrads del país, que a banda de no destinar recursos a buscar els desapareguts, encara ha d’obrir el banc de perfil genètic i sancionar els responsables. De moment, no han investigat cap cas i els que han sortit a la llum ha estat gràcies a les víctimes.

El juliol passat, la Cort Suprema va declarar inconstitucional la llei d’amnistia de 1993. Això permetrà encausar els responsables?
És complicat. Falta que el president ordeni l’obertura dels expedients militars i consensuï un model de justícia transicional i restaurativa, perquè ja tenim dues generacions colpejades per la impunitat. Les mares estan disposades a perdonar si els diuen la veritat, però els seus fills reclamen processos penals. Hem de trobar mesures perquè es reconegui què va passar i perquè no torni a succeir mai més. És una lluita contra el temps ja que les víctimes van morint a poc a poc.

31/3/16

"El Salvador siglo XXI: las identidades nacionales" de Héctor Ismael Sermeño

Entrevista al escritor, crítico de artes e historiador Héctor Ismael Sermeño, a propósito del lanzamiento de su más reciente libro «El Salvador siglo XXI: las identidades nacionales». Por Carlos Clará.

Polémico, ácido y apasionado en sus críticas; amado u odiado (no se puede olvidar su captura el año 2010 como ex director de Patrimonio Cultural en el gobierno arenero de Saca por destrucción de sitios arqueológicos), nunca ignorado, respetado; poseedor de un conocimiento enciclopédico sobre San Salvador, su currículo es una larga lista de títulos y actividades culturales. Héctor Ismael Sermeño —quien estuvo en el exilio por más de dieciséis años en México— es el referente obligado si del centro histórico capitalino se trata.

Ha sido entrevistado como historiador sobre la ciudad casi doscientas veces en televisión; solo el 2015 tuvo treinta y siete apariciones. Es especialista también en la crítica de las artes, en la que es muy leído y comentado. Este año aparecerá en los libros para bachillerato (cinco millones de ejemplares), en Chile, con su crítica sobre el montaje que dirigió Roberto Salomón, en el Teatro Luis Poma, de Tartufo (Molière), que fue publicada en contrACultura. En cine es también una autoridad. 

Hace apenas unos días lanzó su cuarto libro de historia, El Salvador siglo XXI: las identidades nacionales (Alkimia Libros), que le llevó un año escribir. Con el propósito de conocer sus apreciaciones acerca de este y otros temas, lo entrevistamos de forma exclusiva para contrACultura.

Y aunque él insiste en separar lo académico de su labor de crítico, en esta ocasión quisimos conversar con ambos, con el crítico y con el historiador... leer más



14/2/16

Perder la guerra un cuarto de siglo después


Perder la guerra un cuarto de siglo después, articulo de Carlos Dada publicado el 8 de febrero de 2016 a El Faro

"Estoy de acuerdo: hay que mirar hacia adelante. No hay otra forma de construir un mejor país que imaginándolo, y solo se puede imaginar hacia el futuro. Hay que mirar hacia adelante. Pero ese país no será mejor si no garantizamos que no cometeremos los errores que hemos cometido en el pasado. Si no garantizamos que nadie puede cometer crímenes de lesa humanidad, pasar por encima de nadie, violar nuestros derechos más elementales. Que aquel que lo haga será castigado. Por eso es tan importante analizar y juzgar lo que debe ser juzgado y avanzar hacia la construcción de ese país mejor, en el que no cabe la impunidad.

Quienes dicen hoy que no hay que reabrir heridas, y que es mejor no mirar atrás, esgrimen un argumento que vale igual para justificar que no se revisen las administraciones de los expresidentes Flores, Saca o Funes. O sus cuentas personales. Al fin y al cabo eso ya es parte del pasado.

El operativo policial lanzado la noche del viernes pasado para capturar a 17 militares, acusados del asesinato de los sacerdotes jesuitas en 1989, es apenas el último de una serie de decisiones judiciales tomadas en los últimos años, referidas todas ellas a personajes y acciones ocurridas durante el conflicto armado.
Las capturas de cuatro (apenas cuatro) de los 17 militares requeridos por interpol se dieron pocas horas después de que un tribunal de Estados Unidos concediera la extradición de otro militar involucrado en ese mismo crimen, el coronel Inocente Orlando Montano, hacia España, para ser juzgado en la Audiencia Nacional de ese país. Montano está en una prisión norteamericana desde hace casi cinco años; técnicamente por mentir en una solicitud migratoria. Durante su juicio, la justicia estadounidense lo responsabilizó de más de medio millar de torturas y decenas de ejecuciones y desapariciones durante sus más de 30 años de una carrera militar que lo llevó, de acto brutal en acto brutal, hasta el viceministerio de Seguridad, desde donde fue, entre otras cosas, partícipe de la orden para asesinar a los sacerdotes.

Si uno lee las reacciones que han circulado estos días por redes sociales, pensaría que nada ha cambiado en El Salvador desde enero de 1992, cuando los Acuerdos de Paz pusieron fin a la guerra. Lo mismo parece confirmar el comunicado de tres importantes partidos políticos salvadoreños (Arena, PCN y PDC) en el que condenan las recientes capturas porque “se enmarcan en actuaciones que agravan la polarización, reabren heridas en la sociedad salvadoreña y atentan a la letra y espíritu de los Acuerdos de Paz firmados en 1992”.
Pero pensar que nada ha cambiado sería erróneo. Hoy un comandante guerrillero es presidente del país, en el segundo gobierno del FMLN que ha demostrado tanta negligencia para gobernar, capacidad para negociar con mafias y tolerancia con la corrupción en sus propias filas como lo hicieron los gobiernos de la derecha.



Hoy los militares están casi completamente fuera de la arena política (salvo por la decisión de Mauricio Funes de otorgar poder político a David Munguía Payés, un coronel retirado al que reactivó y ascendió a general y pasó de Defensa a Seguridad Pública y que hoy, bajo la administración Sánchez Cerén, ha logrado mantener su cuota como ministro de Defensa); y algunos coroneles y generales, que hace apenas un cuarto de siglo controlaban la vida y muerte de los salvadoreños, hoy están prófugos.

Pocas imágenes dan muestra de qué tanto ha cambiado el mundo desde esos años como la de dos exministros de Defensa, los otrora todopoderosos Guillermo García y Eugenio Vides Casanova, llegando a San Salvador esposados en un avión para deportados. Ambas deportaciones sucedieron a larguísimos procesos judiciales en tribunales civiles estadounidenses, en los que jurados y jueces encontraron a los dos militares culpables de graves violaciones a los derechos humanos y crímenes contra la humanidad. En ese mismo proceso se encuentra otro exministro de Defensa, también encontrado ya culpable en Estados Unidos de gravísimas violaciones a los derechos humanos: el general Nicolás Carranza.

El exalcalde de San Salvador, Norman Quijano, reaccionó airado ante las capturas con una respuesta común entre las filas de la derecha: “Si van a extraditar a nuestros soldados, que nos defendieron, que se lleven a Sánchez Cerén y todos los que asesinaron y destruyeron el país. Alerta salvadoreños, o todos en la cama o todos en el piso. ¿Quién responderá por los asesinatos cobardes del FMLN durante el conflicto?”. Hay algo de verdad y mucho de amnesia en esa respuesta.

La parte rescatable de la respuesta de Quijano es que los crímenes no son exclusivos de un solo bando. La legitimidad de las víctimas no depende del bando ideológico que las victimizó. Víctimas son víctimas y todas tienen derecho a que se les restaure su dignidad a través de la justicia. Todas. Si algunas personas, o sus deudos, se consideran agraviados por un crimen cometido por quien sea, tienen derecho a la justicia y el Estado la obligación de proveerla. A todos.

La parte amnésica, falsa, de la reacción de Quijano, es sostener que el Ejército “nos defendió” de rebeldes que “asesinaron y destruyeron el país”.

Hace 24 años se firmaron los acuerdos que pusieron fin a la guerra, a partir del mutuo convencimiento de las partes de que era imposible que una se impusiera militarmente; y que era inviable políticamente mantener el conflicto tras la caída del muro de Berlín. Entonces se declaró un empate, se firmaron los acuerdos y la derecha, que a través de Arena gobernó el país durante 20 años, intentó registrar la posguerra como su triunfo ideológico sobre la izquierda, a la que calificaron errónea y uniformemente como comunista.

En realidad ha sucedido todo lo contrario: La derecha está ahora, un cuarto de siglo después, perdiendo aquella guerra.



Hoy la historia, que suele ser paciente, comienza a poner en su lugar las piezas de nuestro cruento conflicto. No se trató de la defensa del ejército contra la agresión comunista; sino, por el contrario, de la existencia de una dictadura militar apoyada en grupos paramilitares y sostenida por la oligarquía salvadoreña, cuyo único objetivo era perpetuar una de las sociedades más desiguales e injustas de occidente en la que la mayoría de la población vivía en la miseria para beneficio de oligarcas y militares corruptos.

La guerra no surgió porque el ejército se vio obligado a defender a la patria de una agresión comunista. La guerra surgió por la imposibilidad de sacar del gobierno a través de las urnas a una dictadura militar; por el cansancio de las clases obreras y campesinas ante la brutal represión de ese ejército y la descarada, inhumana explotación que de ellos hacía la oligarquía agroindustrial. Es indudable que movimientos internacionales y gobiernos de izquierda alimentaron en gran medida la capacidad de los grupos guerrilleros, pero eso no los convierte en el origen de la guerra.

El origen está en un sistema dictatorial y criminal al servicio de unos pocos.

Tres pilares fundamentales sostenían ese sistema injusto: la oligarquía, los militares y la iglesia católica. En 1932, cuando el coletazo de la gran crisis del 29 en Estados Unidos nos alcanzó y la economía salvadoreña se deprimió, los campesinos indígenas, hambrientos, exigieron mejores condiciones, algo insultante para los patronos de las fincas cafetaleras. En 1932, el uno por ciento (¡Uno por ciento!) de la población controlaba el 90 por ciento de la riqueza nacional. A los campesinos que protestaron les llamaron comunistas y el ejército, encabezado por el dictador Maximiliano Hernández Martínez, se encargó de dar una lección histórica: asesinó a 30 mil de ellos. El dictador dijo que estaba defendiendo a la patria del comunismo. Y entonces comenzó aquello del odio de clases.

En otras palabras, desde entonces la justificación de quienes sostenían a fuego y hambre el sistema era que los campesinos hambreados, en su mayoría indígenas, que habían sido despojados de sus tierras y cuyos hijos se estaban muriendo de hambre, esclavizados por terratenientes y terriblemente reprimidos por el ejército, odiaban a los ricos y por eso protestaban, por comunistas. Odio de clase. Los terratenientes y el ejército no odiaban a nadie. Mantenían hambreados a los campesinos, pero si los mataban era para defender a la patria del comunismo. De paso, eliminaron toda expresión de la cultura indígena en El Salvador.

Virginia Tilley, en un trabajo académico citado en El Faro Académico, lo resumió así: “La Matanza de 1932 se debe comprender teniendo en mente su historia: no como una revuelta campesina con un ángulo racial sino como la última convulsión de la rebelión indígena contra el colonialismo. Para 1931 los indígenas estaban perdiendo rápidamente sus parcelas, su ingreso de subsistencia e incluso las modestas compensaciones del clientelismo ladino, al mismo tiempo que el sistema de peonaje por deudas transfería la tierra a los ladinos. El movimiento comunista solamente proporcionó el fósforo que dio fuego a este material combustible de resentimiento étnico. La revuelta en sí, sus slogans, liderazgo, blancos y metas, sugieren una ‘guerra de razas’, con grupos indígenas asaltando los emblemas del poder ladino. La represión subsiguiente indicaba las mismas dinámicas raciales.



“Ciertamente el ejército desempeñó un papel asesino en los primeros días y semanas. Pero el alcance genocida de la Matanza (cuya escala no se conoce con precisión pero que decimó y devastó a las comunidades indígenas) fue responsabilidad de grupos civiles ladinos y autoridades municipales que desearon con particular inquina ‘que se extermine de raíz la plaga’”.

La matanza de 1932 granjeó a la oligarquía y al ejército medio siglo de “tranquilidad” en las fincas. Nadie se rebelaba por temor a otra matanza y los indígenas dejaron de vestirse a su manera tradicional y de hablar otro idioma que no fuera el castellano.

El sistema se mantuvo alimentado, ya en la guerra fría, por la obsesión norteamericana contra el comunismo, urgida por el triunfo de la revolución cubana. El ejército salvadoreño solía premiar a sus oficiales más sangrientos, particularmente después de la guerra contra Honduras y en el camino hacia la guerra civil.
Los jesuitas fueron, en América Latina, el grupo religioso que de manera más radical adoptó las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que llamaba a la liberación del hombre en esta vida. El derecho del hombre a una vida digna. En ningún lugar parecía más urgente esa liberación que en una América Latina plagada de dictaduras militares garantes de sistemas sociales tan injustos como el nuestro. En ningún lugar de América Latina tanto como en esa parte de América Central que hoy conocemos como el CA-4.

Cuando el general Carlos Humberto Romero llegó al poder mediante un nuevo fraude electoral, en 1977, El Salvador era el país de América Latina con el más largo periodo de gobiernos militares en la región: 50 años (desde que el general Maximiliano Hernández Martínez derrocara al gobierno de Arturo Araujo, en 1931). Poco antes de asumir la presidencia, aún como ministro de Defensa, las tropas bajo el mando del general Romero asesinaron al sacerdote jesuita Rutilio Grande.

En 1990, un año después del asesinato de Ignacio Ellacuría y los otros sacerdotes jesuitas, el mayor Roberto Molina, jefe de la oficina de derechos humanos del Ejército, le dijo a la misión investigadora de America’s Watch: “Los clérigos progresistas tienen una gran responsabilidad por lo que ha pasado en este país. Han lanzado una guerra de clases. Negros contra blancos. Pobres contra ricos. Pequeños contra grandes”.

No fueron muy distintas, el sábado pasado, las palabras del actual director del sector empresarial de San Salvador en Arena, Alfredo Pereira. Ante José Ellacuría: “Es necesario que hechos como la muerte de mi hermano no queden en la impunidad” un llamado del hermano del asesinado jesuita Ignacio Ellacuría de que el crimen no quedara en la impunidad, Pereira respondió a través de su cuenta de Twitter: “si su hermano vino a ES sin ser llamado y vino a promover la teologia de la liberación y odio de clases cosecho lo que sembro (sic)”. Después borró el tuit.

Estas expresiones son inadmisibles, pero son parte del último intento desesperado de la derecha de conservar algún lugar digno en la historia prepaz.

No es posible, afortunadamente, conservar ningún lugar digno en ninguna historia defendiendo algunos de los más horrendos crímenes que registra el Siglo XX en nuestra región. Si la derecha quiere rescatar alguna legitimidad, debe hacerlo defendiendo una perspectiva de nación donde se vislumbre un bienestar para todos sus ciudadanos. Para todos. Esto no es posible hacerlo legitimando criminales y asesinos.

Un cuarto de siglo después de que terminara la guerra, la derecha la está perdiendo. El sistema que defendía es insostenible y es criminal. Estaba basado en beneficios para un pequeño grupo o clase a costa de los otros. Esto, justamente, es odio de clases. Esto es lo que la historia nos ha enseñado apenas un cuarto de siglo después.

Pero aquí hay que hacer una aclaración: el principio dice que a mayor poder mayor responsabilidad. Los soldados, también la mayoría de ellos de origen humilde, que participaron en la guerra y que posiblemente cometieron la mayor parte de los crímenes que hoy conocemos, tienen un nivel responsabilidad menor que el de sus jefes, y así hacia arriba. La responsabilidad de mando significa haber dado órdenes o, sabiendo que sus subalternos habían cometido atrocidades, no castigarlos ni hacer nada para evitar que esto se repitiera. (En las capturas del pasado viernes, tres de lo cuatro capturados eran, en 1989, soldados de tropa que ya confesaron haber sacado de sus casas a lo sacerdotes jesuitas y, a sangre fría, haberles disparado. El cuarto es el coronel Benavides, exjefe de la Escuela Militar, que ya fue juzgado y condenado por el hecho en un irregular juicio en San Salvador poco después de la masacre. Casualmente, ninguno de los coroneles y después generales acusados del crimen estaban en sus casas a altas horas de la noche).

Según la Comisión de la Verdad, la inmensa mayoría de los crímenes fueron cometidos por las fuerzas militares o paramilitares, pero esto no exime a la izquierda. No la exime ni justifica.

Es cierto que algunos grupos izquierdistas pretendían instaurar gobiernos “totalitarios”, como me argumentó hace poco un veterano arenero. Algunos, pero no todos. Le recordé que la lucha contra el régimen logró unificar incluso a demócratas cristianos, algunos más cercanos a la derecha, con comunistas, socialdemócratas y socialcristianos, como sucedió en la Unión Nacional Opositora. Por otro lado, ¿qué sistema puede ser más totalitario que uno controlado durante medio siglo por un ejército represor y una oligarquía asfixiante? ¿Qué libertades representa una dictadura militar en la que la protesta es castigada con la tortura y la muerte? ¿Qué país de oportunidades aquel en el que una pequeña minoría concentra una parte tan escandalosa de la riqueza nacional, y controla de manera casi absoluta el bienestar de su población? Esto, incluso para él, es ya indefendible. Pero él y sus correligionarios necesitan justificar algún nivel de legitimidad en su lucha. Difícilmente la encontrarán en los años del conflicto armado, ya no se diga en expresiones tan ofensivas, ignorantes y estúpidas como la de justificar el asesinato de unos religiosos intelectuales.

El asesinato de los jesuitas acabó costando la guerra a la derecha. Es hora de que lo reconozcan y vean hacia adelante.

La izquierda, en cambio, está perdiendo la paz. Pero eso requiere de una nueva columna."

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*Carlos Dada es periodista de El Faro. Fue fundador del periódico y su director entre 1998 y 2014. Ha recibido numerosos premios internacionales y sido becario Knight en la Universidad de Stanford, y Cullman en la Biblioteca Pública de Nueva York. Actualmente imparte clases en la universidad de Yale mientras escribe un libro sobre el asesinato de Monseñor Romero y los escuadrones de la muerte en El Salvador

11/10/15

Las élites secuestraron la paz en El Salvador

Interesante artíículo de Christine J. Wade, profesora asociada de ciencias políticas y estudios internacionales en el Washington College de Maryland, publicado en El Faro con el título de Las élites secuestraron la paz en El Salvador:

Las élites económicas aprovecharon el proceso de paz y la transición para reafirmar su control sobre el aparato del Estado. El análisis de este proceso ayuda a comprender la baja calidad de los resultados políticos y económicos de la posguerra, en incluso el desempeño de los gobiernos posteriores a 2009.
El fin del conflicto armado en El Salvador trajo consigo cambios significativos que mejoraron a posteriori la naturaleza de la política salvadoreña. Pero la transición de la guerra a la paz y de un régimen autoritario a una democracia ha estado plagada de retos. Los partidos políticos y el discurso político están fuertemente polarizados, reinan la corrupción y la impunidad, y unos niveles de violencia inusualmente elevados amenazan no sólo la seguridad ciudadana sino que también socavan la confianza en las instituciones del Estado.
Aproximadamente un tercio de los salvadoreños todavía viven en la pobreza y miles emprenden el peligroso viaje hacia Estados Unidos en búsqueda de un trabajo, siendo sus remesas las que sostienen la estancada economía salvadoreña. No resulta sorprendente, pues, que tantos salvadoreños valoren como deficiente El Salvador de la posguerra, con más del 60 por ciento manteniendo que la situación es la misma o peor que durante la guerra.

Los resultados de los esfuerzos de la ONU para la consolidación de la paz en el mundo han sido bastante desiguales. Relativamente pocos casos podrían calificarse como democracias liberales o electorales, o muestran signos visibles de un Estado de derecho establecido, de la reconciliación de la sociedad o de desarrollo económico. El Salvador es uno de los numerosos países que permanecen atrapados en algún punto entre una dictadura y una democracia liberal, algunos de ellos con escasas perspectivas de completar su transición en un futuro próximo.

Y mientras esto ha conducido a algunos académicos a ser críticos de los esfuerzos para la consolidación de la paz por parte de las Naciones Unidas (y muy apropiadamente), estas críticas se centran casi exclusivamente en las ideologías, las acciones y las políticas de agentes externos (el personal promotor de la paz). Pero los promotores de la paz no son los únicos responsables de los resultados de los procesos de consolidación de la paz. Las preferencias de las élites dan forma a los procesos de paz a través de su deseo de mantener el statu quo, así como su control sobre los recursos del Estado y las redes clientelares.

Las élites locales a menudo encuentran formas de emplear los procesos de consolidación de la paz para (re)consolidar o establecer su control. Las élites pueden mostrarse de acuerdo con la necesidad de reformas que tranquilicen al personal promotor de la paz con el fin de acceder o mantener el acceso a recursos sin la intención real de emprender reformas liberalizadoras o socavando las reformas a través de estructuras informales. El resultado es un proceso que promueve reformas mientras protege los intereses del statu quo.

Podemos comprender mejor esto si prestamos atención a la literatura sobre la captura del Estado, fenómeno que ocurre cuando individuos que concentran poder o empresas son capaces de influenciar las políticas públicas en harmonía con sus propios intereses a cambio de sobornos a funcionarios públicos. El diseño institucional, las estructuras perdurables y las relaciones de poder pueden limitar las perspectivas de consolidación de la paz y democratización. A medida que las redes antiguas se fusionan con nuevas élites durante la transición, el efecto acumulativo de las preferencias pasadas da forma a las estructuras en las que tiene lugar la consolidación de la paz. De este modo, las élites pueden adoptar un lenguaje de consolidación de la paz y liberalismo al mismo tiempo que retienen la cultura política del patronazgo y el clientelismo.

Mientras que tal fortalecimiento de la élite puede encontrarse en varios casos de consolidación de la paz por parte de la ONU, el caso de El Salvador es particularmente ejemplar de la ventaja política que las élites pueden poseer durante el transcurso del proceso de paz y de las consecuencias de esto para la calidad de la paz que resulta de dicho proceso.

La Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) mantuvo la presidencia del país durante veinte años (1989-2009). Esos veinte años abarcaron los últimos meses de la guerra, las negociaciones de paz, la implementación de los acuerdos de paz y cuatro ciclos de elecciones presidenciales que culminaron con la pérdida de la presidencia por parte de ARENA en 2009. La estructura del sistema político salvadoreño, las alianzas con partidos más pequeños, y el apoyo de Estados Unidos confirieron a este partido un dominio casi completo sobre la formulación de políticas públicas durante ese periodo. El mandato de ARENA también le concedió ventajas políticas significativas a la hora de determinar el contenido de las negociaciones, supervisar la implementación de los acuerdos de paz y dirigir la política económica.

El objetivo principal de la administración de Alfredo Cristiani (1989-1994) fue concluir la guerra con el fin de restaurar la estabilidad económica sin sacrificar el poder político. Como otros han argumentado, las élites salvadoreñas constataron que podrían preservar e incluso impulsar sus intereses económicos al mismo tiempo que apoyaban las reformas democráticas. Con este fin, la administración de Cristiani se mostró dispuesta a sacrificar al ejército y aceptar reformas básicas que crearan un clima mínimo necesario para la celebración de elecciones democráticas y poner fin a la guerra.

Al principio de las negociaciones, Cristiani dejó claro al FMLN que no habría discusión de las políticas económicas neoliberales que ARENA estaba implementando. El FMLN, a pesar de su oposición al modelo neoliberal, aceptó estos términos como precio de la paz negociada. Asimismo, se acordó que la constitución de 1983, escrita durante la guerra civil sin la participación del amplio espectro que constituye la sociedad política salvadoreña, serviría como el instrumento político básico de la nueva democracia. Cualquier reforma institucional negociada por las partes sería implementada a partir de enmiendas de dicha constitución. Sólo esto concedió a ARENA una ventaja política significativa al establecer el marco básico del Estado y limitar el alcance de las posibles reformas.

Además de limitar el alcance de las negociaciones, ARENA también dispuso de un control significativo sobre el proceso de implementación. La responsabilidad de las reformas clave fue asignada a las autoridades nacionales, la mayoría de las cuales estaban muy politizadas y eran controladas por ARENA. Sucesivas administraciones de ARENA o bien detuvieron las reformas necesarias o bien fracasaron a la hora de implementarlas o de ofrecer soluciones significativas a los problemas más apremiantes de El Salvador porque entraban en conflicto con sus propios intereses, lo cual a menudo fue en detrimento de la consolidación de la paz.

La falta de voluntad política para depurar los cuerpos de oficiales y la falta de apoyo pleno a la nueva Policía Nacional Civil (PNC) y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos tuvieron un impacto significativo en la credibilidad de estas instituciones, así como serias consecuencias para la seguridad de la población civil. La Comisión Nacional para la Consolidación de la Paz (COPAZ) también sufrió serias deficiencias y careció de la capacidad para exigir su cumplimiento, a pesar de que fue el organismo nacional creado para verificar la implementación de los acuerdos.

Otras reformas que amenazaron los intereses de la élite quedaron paralizadas o perdieron importancia bajo el liderazgo de ARENA. El Tribunal Supremo Electoral (TSE), el cual estaba dominado por ARENA, fracasó en la implementación de muchas reformas que habían sido encomendadas por los acuerdos, incluyendo la despolitización de la institución. El único organismo económico creado por los acuerdos de paz, el Foro para la Concertación Económica y Social, fracasó debido a la falta de apoyo por parte de ARENA y de la comunidad empresarial. Finalmente, el rechazo de los hallazgos de la Comisión de la Verdad por parte del presidente Cristiani y la arrolladora Ley de Amnistía fue indicativa de la impunidad que ha caracterizado durante largo tiempo la política salvadoreña.

Estas prácticas y forma de pensar continuaron durante las administraciones de Armando Calderón Sol, Francisco Flores y Antonio Saca y pareciera que influyeron en diversos aspectos de la administración de Mauricio Funes.

Si la paz de El Salvador puede realmente ser “recapturada” es algo que queda por ver. La polarización política, la impunidad, y la violencia continúan socavando la calidad de la paz en el país. La actual administración probablemente encuentre difícil superar las normas establecidas por las políticas de sus predecesores, como sugieren la actual militarización de la guerra contra las pandillas y otras políticas. Pero el fracaso de hacerlo condena al país a la deficiencia de paz que ha venido a definir a El Salvador de la posguerra.

22/3/15

Comité de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador


El Comité de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador (CISPES) tiene una larga e interesante trayectoria. Con sede en Washington, DC, es una organización de ámbito nacional con sede en varias ciudades de los Estados Unidos: Nueva York, Seattle, Portland, Boston, Los Angeles, etc.

Su fundación en el año 1980 se debió al rechazo de los colectivos de salvadoreños en el exterior a la política de injerencia y ayuda militar del gobierno de los Estados Unidos a los militares, para-militares y al gobierno ultraderechista de El Salvador durante la guerra civil salvadoreña. CISPES desarrolló un importante papel de denuncia de los abusos a los derechos humanos y de rechazo a la formación y entrenamiento de fuerzas del Ejército y para-militares salvadoreños por parte de estadosUnidos, así como a las inversiones millonarias en dotar de armamento a las fuerzas armadas del gobierno de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y su líder Roberto D'Aubuisson durante la guerra civil salvadoreña.

Una vez finalizado el conflicto de El Salvador en 1992, CISPES que fue investigada por el FBI en los años '80,  sigue manteniendo una actitud de denuncia a las políticas económicas y sociales que ha aplicado ARENA, en oposición a las políticas económicas de libre comercio y a la privatización como la centroamericana Tratado de Libre Comercio (CAFTA) y trabajando con diferentes organizaciones salvadoreñas dedicadas a la educación, los derechos humanos o la salud, además de dar su apoyo a movimientos y partidos de izquierda como el FMLN o el movimiento popular: sindicatos, grupos de mujeres, grupos de campesinos, etc.  

En los últimos años, CISPES organiza delegaciones para visitar y conocer los movimientos sociales de El Salvador, compartir proyectos en derechos humanos, libertades cívicas, servicios sociales, salud o educación, así como la organización de las delegaciones para supervisar las elecciones salvadoreñas para evitar el posible fraude o manipulación política.

 

5/3/15

El FMLN vence en San Salvador... y un recuento difícil...


Las elecciones legislativas y municipales 2015 deben ser ser un punto de inflexión en el proceso político de El Salvador. Los errores en la transmisión de datos y consiguientemente el retraso en su publicación ha puesto en una difícil situación al Tribunal Supremo Electoral (TSE), un organismo que funcionó con absoluta precisión en las últimas cinco votaciones: legislativa y municipal de 2009, presidencial de 2009, legislativa y municipal de 2012, y dos vueltas presidenciales de 2014.

Tras el fracaso en la divulgación de resultados, en el Tribunal Supremo Electoral ya hay magistrados que piden la cabeza de Saplic, la empresa contratada, y aunque públicamente han confesado que se fracasó en los resultados preliminares, las acusaciones contra la empresa y quienes la recomendaron parecieran intentar esconder una obviedad: es la institución la que debió cerciorarse que todo lo contratado funcionara a la perfección. 

Afortunadamente, y con pequeñas excepciones en algunas declaraciones de ARENA, los principales líderes políticos del país demostraron por primera vez en mucho tiempo una talla que el país les demanda exhibir más a menudo. Lo mismo probaron aquellos candidatos que, ya en la madrugada del lunes y tras recibir datos oficiosos, reconocieron su derrota y felicitaron a sus oponentes.

Resumiendo resultados y en espera de la publicación definittiva el FMLN gobernará 87 alcaldías, el 68 % de la población salvadoreña y que son la primera fuerza política en alcaldías, Asamblea Legislativa y PARLACEN.Especialmente destacar la victoria de Nayib Bukele, nuevo alcalde por el FMLN de la capital San Salvador o Miguel Pereira en San Miguel. Por su parte ARENA ha obtenido la victoria en 129 municipios destacando la victoria de Roberto d'Aubuisson en Santa Tecla, mientras que GANA consigue 19 municipios igual que PCN... por último destaca la victoria de Cambio Democrático en el municipio de San Antonio Los Ranchos, donde la militancia del FMLN en asamblea decidió concurrir con estas siglas como muestra de rechazo a la decisión de la dirección del FMLN de imponer otro candidato que no fue el escogido por las bases...


Más información:

Tribunal Supremo Electoral: Resultados y actas

Editorial El Faro: Los verdaderos culpables

Articulo Diario Colatino: El FMLN ha tenido una victoria cualitativa 


27/2/15

Elecciones El Salvador 2015: el Politígrafo del diario el Faro


Para acabar el breve seguimiento que desde Huacal hemos realizado de la campaña electoral de este próximo domingo 1 de marzo, os queremos dar a conocer el Politígrafo del diario el Faro, una sección donde se recogen las opiniones, frases o declaraciones puntuales realizadas por los diversos personajes de la vida política en su calidad de funcionarios, candidatos, líderes partidarios, líderes gremiales, líderes sociales, analistas, periodistas, comunicadores y voceros para determinar, mediante un riguroso método de ocho pasos, cuánto de verdad hay en ellas.

Así descubrimos que el presidente Salvador Sánchez Ceren dijo la verdad cuando afirmó, en primera persona del plural, que se había reducido la pobreza extrema en el área rural a 13.6 %. Sánchez Cerén utilizó ese dato aunque pudo haber utilizado el más actualizado, el de 2013, cuando cayó a 9.81 %, que le habría resultado más favorable (leer más).

O también, podemos descubrir que la declaración de Edwin Zamora, candidato del partido Arena a la alcaldía de San Salvador: "En la capital el 40 % de la gente está viviendo abajo de la línea de la pobreza" no se sostiene ante la información que maneja la propia alcaldía de la capital (leer más)


22/2/15

Reflexiones electorales El Salvador 2015


Seguimos con otra entrada dedicada a las Elecciones 2015 en El Salvador. Hoy queremos compartir tres artículos de actualidad publicados en diario El Faro, el Diario Colatino y el diario Contrapunto:

¿Quién heredará el reino de Óscar Ortiz? de Jimmy Alvarado y Tomás Andréu (El Faro).

"La alcaldía de Santa Tecla ha sido un bastión del FMLN durante 18 años, 15 de ellos al mando del ahora vicepresidente Óscar Ortiz. Ahora que él no está, el FMLN espera mantener el gobierno municipal con el ex ministro de Economía Armando Flores, mientras Arena intenta terminar con la hegemonía roja de la mano de Roberto d´Aubuisson, el diputado que en 2012 logró la mayor proporción de votos favorables.

Armando Flores, del FMLN, y Roberto d'Aubuisson, de Arena, son candidatos a alcalde de Santa Tecla en representación de partidos que se conciben a sí mismos uno como la antítesis del otro. Pero estos candidatos no solo coinciden en su pretensión de convertirse en los sucesores del pentaganador Óscar Ortiz, que dejó la alcaldía en 2014 para convertirse en vicepresidente de la República, sino también en puntos medulares de sus ofertas en las áreas económica, en la cultural, en la ambiental y en la de seguridad ciudadana. Que construir un mercado municipal de dos plantas, que habrá un teatro municipal, que hacer un "municipio verde" y que instalar más cámaras de videvigilancia. Ah, y, además, coinciden en rehusarse a hablar de otros temas, como qué harán con la "tregua" versión tecleña que pandilleros y gobernantes locales pactaron en 2013... leer más


La responsabilidad de exigir de José M. Tojeira (Diario CoLatino)

"Cuando se acercan las elecciones se nos repite demasiado que tenemos la responsabilidad cívica de votar. Y aunque es cierto, no es el mejor mensaje. En nuestro país no basta votar para avanzar en democracia. Y mucho menos para avanzar en justicia social, disminución de la desigualdad flagrante, o reducir la violencia. Llevamos votando ininterrumpidamente desde 1981, con las graves limitaciones de la guerra civil, y a partir de 1994 con plena participación de todos los pensamientos y convicciones políticas. Sin embargo, en estos últimos veinte años desde que las elecciones se pueden llamar libres, no ha habido cambios importantes en la estructura socioeconómica del país. La carga impositiva continúa golpeando más a los pobres y a los sectores vulnerables; los sistemas de salud y educación mantienen formas de marginación importantes; e incluso el salario mínimo muestra unas terribles diferencias entre el campo y la ciudad de todo punto injustificables..." leer más



Elecciones 2015: Dale la vuelta a tu argumento de Carlos Molina Velásquez (Contrapunto)

"¿Votarías por quien no conoces bien, solo porque te gusta su rostro, porque es joven (y no viejo) o porque es un desconocido (o no tan conocido) aspirante a diputado? Quizás estés convencido de que si un diputado “es malo” se debe a que obedece a una “línea partidaria”; por el contrario, si sus decisiones en la Asamblea fuesen “independientes” estaría garantizado que al país le iría mejor. En ese caso, ¿conoces realmente lo que cada diputado ha hecho en la Asamblea, si sus decisiones te favorecieron o no? ¿Sabes cuáles son los intereses (partidarios y no partidarios) de los nuevos aspirantes? Si no quieres botar tu voto, más vale que tengas respuestas razonables a estas preguntas. Más te vale..." leer más

19/2/15

Elecciones legislativas y municipales de El Salvador de 2015


Las elecciones legislativas y municipales de El Salvador de 2015 se celebrarán el 1 de marzo de este año. En los comicios serán elegidos 84 diputados para la Asamblea Legislativa, los 20 diputados al PARLACEN y los 262 alcaldes de todos los municipios del país.  Ofrecemos un primer articulo del diario digital  Contrapunto sobre las opciones y las recientes encuestas sobre los principales partidos en la capital, San Salvador:

" El FMLN y su candidato a la Alcaldía de San Salvador, Nayib Bukele, confirman su liderato sobre el resto de opciones políticas en la capital, de acuerdo a la encuesta que publicara este jueves el rotativo La Prensa Gráfica.

El sondeo efectuado entre el 24 de enero y 1 de febrero, refleja que la preferencia partidaria de los capitalinos se inclina en un 45 por ciento a favor del FMLN, 11 puntos arriba de ARENA, que obtiene 34 por ciento.

La publicación señala que el FMLN amplió su margen respecto a una encuesta conocida en noviembre pasado, en la que en concepto de preferencias partidarias, la contienda estaría muy cerrada, con solo tres puntos de diferencia a favor del oficialismo.

Esta encuesta de LPG refleja la tendencia marcada por otras encuestas como las de la Universidad Tecnológica o CID Gallup, las cuales colocaban al FMLN como el partido predilecto para ganar la elección municipal en la capital. Asimismo, las preferencias en cuanto a candidatos siguen siendo ampliamente encabezadas por Nayib Bukele, con un 52,7 por ciento de los encuestados que lo consideran como el mejor alcalde, contra un 25,2 que le dan ese beneficio a Edwin Zamora, postulante de ARENA...."

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7/12/14

Ellacuría: historia y liberación


Filosofó hasta el final, asumió su posibilidad postrera: dar testimonio con su muerte; así culminó su entrega 

"No podía ni sabía hacer otra cosa. Un espíritu interior lo impulsaba. Filosofaba por vocación. Hasta tal punto que sostenía que una vida sin filosofar no merecía la pena, y por ello, cuando le dijeron que dejara de filosofar para poder seguir viviendo, prefirió tomar la cicuta de su condena a muerte. No quiso abandonar la ciudad, ni dejar de filosofar, las dos condiciones que le ponían para salvar la vida”. Estas palabras de Ignacio Ellacuría sobre Sócrates son el mejor resumen del desenlace de su propia vida. Un desenlace que vino determinado por su manera comprometida de entender la historia.

 Para Ellacuría, desarrollando algunos conceptos fundamentales de la filosofía de Xavier Zubiri, la historia es el ámbito en el que se ha de realizar –se ha de hacer efectiva– la ética. La historia no nos viene dada de un modo inexorable. La historia se hace, es decir, constituye un proceso de creación en el que el hombre elige entre diversas posibilidades, y es una tarea ética. Mientras que, para Zubiri, el hombre tiene que hacerse cargo de la realidad, para Ellacuría el ser humano está obligado a encargarse de la realidad y, además, a cargar con ella. Lo que constituye un imperativo ético que obliga al hombre en conciencia, no sólo en tanto que integrante de una clase social, sino como miembro –a la vez solitario y solidario– de la humanidad. Un imperativo del que Ellacuría derivó –inmerso en la realidad hiriente de Latinoamérica– una voluntad de liberación fundada en la idea de que la realidad histórica es la realidad radical y, además, una realidad dinámica obra del hombre, que elige entre las posibilidades ofrecidas en cada situación y momento del proceso histórico. La tarea de la filosofía es contribuir críticamente a la liberación de la historia, lo que implica tomar partido.

 De este núcleo de pensamiento dedujo Ellacuría que la función crítica de la filosofía está orientada, como ejercicio supremo de la razón, a la liberación de los pueblos del oscurantismo, de la ignorancia y de la falsedad. Es decir, que la función crítica de la filosofía ha de tener por objeto, en primer lugar, la ideología dominante, como fundamento estructural que es de todo sistema social. Estas ideas, trasladadas al ámbito teológico, no implican que la Iglesia haya de convertirse en una fuerza política –ya que la Iglesia nunca ha de perseguir el poder–, sino que, para ser fiel a su misión, ha de promover la salvación integral del hombre, que tiene una dimensión política. Lo que comporta, sin perjuicio de que la liberación sea inicialmente personal –ya que sólo cada persona en cuanto tal puede ser liberada–, que, para ser plena, la liberación ha de ser también estructural –social, política y económica–, habida cuenta de que las personas viven inmersas en sistemas sociales con vocación de continuidad impuesta al servicio del núcleo dominante. De esta sostenida vocación de continuidad impuesta se desprende –según Ellacuría– que la violencia originaria es la injusticia estructural, que mantiene por la fuerza –mediante estructuras económicas, sociales políticas y culturales– a la mayor parte de la población en una situación de violación permanente de sus derechos humanos. Lo que Ellacuría percibía con especial dramatismo en Centroamérica, una región que ha vivido ancestralmente y sigue viviendo, aunque en grados diferentes, en una situación económica que impide a la mayor parte de la población satisfacer sus necesidades básicas.

La indudable grandeza de Ellacuría –el alto valor ejemplar de su vida y de su muerte– no radica sólo en el vigor de su pensamiento filosófico ni en la altura de los objetivos que se marcó, sino en la estricta coherencia existente entre lo que pensó, lo que dijo y lo que hizo. Puede decirse de él, con palabras de la Escritura, que fue fiel hasta el extremo, hasta la muerte. Como ha escrito Pedro Sols, Ellacuría “quiso que su filosofía estuviese al servicio de los pobres de la Tierra, no de una manera panfletaria, sino dando elementos de comprensión de la realidad histórica. Siendo teólogo, supo articular el mensaje de salvación del cristianismo con los gritos de liberación de todo un subcontinente, el Latinoamericano, que se desangraba por estructuras injustas y por dictaduras de una crudeza enorme”.

Hace veinticinco años que fue asesinado por el ejército salvadoreño, en la residencia de los jesuitas en la Universidad Centroamericana de El Salvador, junto con otros cinco jesuitas –Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan-Ramón Moreno y Joaquín López–, la cocinera –Elba Ramos– y su hija Celina. Ellacuría acababa de regresar de Barcelona, a donde había acudido para recoger el Premio Comín. Dada la situación de violencia institucional desatada entonces en El Salvador, sabía lo que podía pasarle. Eligió estar allí. No abandonó la ciudad. Filosofó hasta el final. Asumió su posibilidad postrera: dar testimonio con su muerte. Así culminó su entrega".

Artículo publicado en La Vanguardia ayer 6 de diciembre obra de Juan José López Burniol (Alcanar, Montsià, 1945), licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra. Ha sido decano del Colegio de Notarios de Cataluña y vicepresidente del "Consejo General del Notariado" de España, entre 1987 y 1989; magistrado del Tribunal Superior de Andorra (1987-1993) y del Tribunal Constitucional de Andorra (1993 - 2001).

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