Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Eduardo Galeano. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Eduardo Galeano. Mostrar tots els missatges

15/9/13

6 años del blog de Huacal y recordamos 10 posts (y 2)

Y este septiembre el blog de ​​Huacal está de aniversario, apenas hacemos seis años desde nuestra primera entrada que llevaba el nombre de Un poco de historia ... y para celebrar que hemos compartido mucha más historia hemos decidido que en esta entrada y la próxima os presentaremos alguno de los proyectos e iniciativas que hemos desarrollado durante estos años...

Y por cierto, muchas gracias a los cerca de 50.000 visitantes de todo el mundo que han estado a nuestro lado durante todos estos meses leyendo y compartiendo más de 200 entradas... de todo corazón, muchas gracias !!!

Primero de todo os invitamos a visitar las cinco entradas que recordamos en el post anterior y ahora os dejamos con cinco nuevas entradas:

- Rompiendo silencios. Desobediencia y lucha en Villa El Rosario -también se puede visitar la web de presentación del libro- (2009): "El pasado sábado 7 de marzo tuvo lugar la primera presentación del libro "Rompiendo silencios: Desobediencia y lucha en Villa El Rosario", que narra un episodio del conflicto armado en El Salvador que cambió la vida y el futuro de muchas personas..."
 

- Camilo Minero, muralista salvadoreño (2011): "Camilo Minero fue un muralista y grabador salvadoreño, nacido el 17 de noviembre de 1917 en Zacatecoluca. Sus inicios en este arte comenzaron a los 13 años. Después cursó estudios de pintura en la Escuela Nacional de Artes Gráficas de El Salvador, bajo la dirección del maestro Carlos Imery. Estuvo becado por el Estado salvadoreño, y estudió en México con los grandes muralistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros..."


- Roque fue mi amigo (2012): "Roque fue mi amigo. Para mí es un nuevo capítulo de la historia universal de la infamia a la cual tanto ha contribuido y sigue contribuyendo, lamentablemente, nuestra América Latina. Otro capítulo más para agregar a los muchos ya que nuestros amos han ido redactando. En el caso de Roque es un escándalo. Fue asesinado por ser como era, porque era un tipo con un evidente y notorio sentido del humor y del amor, muy jodón, muy divertido, y absolutamente incapaz de obediencia..." 


- Ruta turística en honor al arzobispo Óscar Arnulfo Romero (2013): "El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, inauguró el pasado mes de  octubre del 2012 una ruta turística en honor al arzobispo Óscar Arnulfo Romero (City Tour Monseñor Romero), que fue asesinado en 1980 por un francotirador mientras oficiaba una misa y quien está en proceso de beatificación en el Vaticano..."


- Prudencia Ayala, la hija de la centella (2011) : "Transcurría la década de treinta. El Salvador era un país sólo para hombres, la mujer no existía como ciudadana: no podía votar ni mucho menos optar a un cargo público, exilada del derecho a pensar y soñar. Por rebelarse frente a este estado de cosas, a Prudencia Ayala se le llamó "loca" y fue objeto de las burlas de algunos panfletistas de la época. En aquella provincia de prejuicio y doble moral surgió el murmullo de una voz femenina y el grito de una demanda por los derechos que le correspondían, hasta el atrevimiento de lanzarse como candidata a la Presidencia de la República..."



De nuevo muchas gracias a todas y todos por vuestro apoyo de estos años !!! y seguimos publicando con el objetivo de ser un puente de solidaridad, cooperación, intercambio y amistad entre los pueblos de Cataluña y El Salvador...


 

5/5/13

Esos aplausos


Desde que García Lorca había caído, acribillado a balazos, en los albores de la guerra española, La zapatera prodigiosa no aparecía en los escenarios de su país. Muchos años habían pasado cuando los teatreros del Uruguay llevaron esa obra a Madrid.

Actuaron con alma y vida.

Al final, no recibieron aplausos. El público se puso a patear el suelo, a toda furia; y los actores no entendían nada. China Zorrilla lo contó:

–Nos quedamos pasmados. Un desastre. Era para ponerse a llorar.

Pero después, estalló la ovación. Larga, agradecida. Y los actores seguían sin entender.

Quizás aquel primer aplauso con los pies, aquel trueno sobre la tierra, había sido para el autor. Para el autor, fusilado por rojo, por marica, por raro. Quizás había sido una manera de decirle: para que sepas, Federico, lo vivo que estás.

Eduardo Galeano - Bocas del tiempo en Miradas de la Patrigrande

16/12/12

Roque fue mi amigo



“Roque fue mi amigo. Para mí es un nuevo capítulo de la historia universal de la infamia a la cual tanto ha contribuido y sigue contribuyendo, lamentablemente, nuestra América Latina.

Otro capítulo más para agregar a los muchos ya que nuestros amos han ido redactando. En el caso de Roque es un escándalo. Fue asesinado por ser como era, porque era un tipo con un evidente y notorio sentido del humor y del amor, muy jodón, muy divertido, y absolutamente incapaz de obediencia. Fue asesinado por algunos de sus compañeros de la guerrilla de El Salvador. Para mí son criminales porque creo que son tan criminales los revolucionarios que matan para castigar la discrepancia, como los militares que matan para perpetuar la injusticia”.

Eduardo Galeano

26/10/12

Roque

1975, San Salvador

Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza.

Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana.

No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo.

"Para mí son criminales porque creo que son tan criminales los revolucionarios que matan para castigar la discrepancia, como los militares que matan para perpetuar la injusticia"

Texto de Eduado Galeano publicado en el libro Memoria del Fuego III: El siglo del viento y en su própia web...

25/9/12

Marianela

"Marianela" del libro Memoria del Fuego III: El siglo del viento de Eduardo Galeano, publicado en su web:

1983 - La Bermuda
 
Cada mañana, al alba, hacían cola. Eran parientes, amigos o amores de los desaparecidos de El Salvador. Buscaban noticias o venían a darlas; no tenían otro lugar donde preguntar o dar testimonio. La puerta de la Comisión de Derechos Humanos estaba siempre abierta; y también se podía entrar por el boquete que la última bomba había abierto en la pared.

Desde que la guerrilla crecía en los campos salvadoreños, el ejército ya no usaba cárceles. La Comisión denunciaba ante el mundo: Julio: aparecen decapitados quince niños menores de catorce años que habían sido detenidos bajo la acusación de terrorismo. Agosto: trece mil quinientos civiles asesinados o desaparecidos en lo que va del año…

De los trabajadores de la Comisión, Magdalena Enríquez, la que más reía, fue la primera en caer. Los soldados la arrojaron, desollada, a la orilla de la mar. Después fue el turno de Ramón Valladares, acribillado en el barro del camino.

Quedaba Marianela García Vilas:

—Yerba mala nunca muere —decía ella.

La liquidan cerca de la aldea La Bermuda, en las tierras quemadas de Cuscatlán. Ella andaba con su cámara de fotos y su grabadora, reuniendo pruebas para denunciar que el ejército arroja fósforo blanco contra los campesinos alzados.

"Con toda suavidad, cuenta que los policías la han secuestrado, atado, golpeado, humillado, desnudado —y que la han violado. Lo cuenta sin lágrimas ni sobresaltos, con su calma de siempre, pero el arzobispo Arnulfo Romero jamás había escuchado estas vibraciones de odio en la voz de Marianela, ecos del asco, llamados de la venganza; y cuando Marianela calla, el arzobispo, atónito, calla también..."

26/12/11

Disculpen la molestia


Un relato de Eduardo Galeano publicado en mayo del 2009:

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío, y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista “Foreign Policy”, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos, o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Walmart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. MacDonald´s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura, y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?

¿Quiénes son los justos, y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿Por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ése un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?

Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:

-Ahí lo tienes -dijo la Reina-. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. Él murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

28/8/11

"La fiesta" de Eduardo Galeano



Estaba suave el sol, el aire limpio y el cielo sin nubes. Hundida en la arena, humeaba la olla de barro. En el camino de la mar a la boca, los camarones pasaban por las manos de Zé Fernando, maestro de ceremonias, que los bañaba en agua bendita y sal y cebollas y ajo.

Había buen vino. Sentados en rueda, los amigos compartíamos el vino y los camarones y la mar que se abría, libre y luminosa, a nuestros pies.

Mientras ocurría, esa alegría estaba siendo ya recordada por la memoria y soñada por el sueño. Ella no iba a terminarse nunca, y nosotros tampoco, porque somos todos mortales hasta el primer beso y el segundo vaso, y eso lo sabe cualquiera, por poco que sepa.

Relato "La fiesta" de "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano

8/8/11

"La frontera del arte" de Eduardo Galeano

Fue la batalla más larga de cuantas se pelearon en Tuscatlán o en cualquier otra región de El Salvador. Empezó a la medianoche, cuando las primeras granadas cayeron sobre la loma, y duró toda la noche y hasta la tarde del día siguiente. Los militares decían que Cinquera era inexpugnable. Cuatro veces la habían asaltado los guerrilleros, y cuatro veces habían fracasado. La quinta vez, cuando se alzó la bandera blanca en el mástil de la comandancia, los tiros al aire empezaron los festejos.

Julio Ama, que peleaba y fotografiaba la guerra, andaba caminando por las calles. Llevaba su fusil en la mano y la cámara, también cargada y lista para disparar, colgada del cuello. Andaba Julio por las calles, polvorientas, en busca de los hermanos gemelos. Esos gemelos eran los únicos sobrevivientes de una aldea exterminada por el ejército. Tenían dieciséis años. Les gustaba combatir junto a Julio: y en las entreguerras, él les enseñaba a leer y a fotografiar. En el torbellino de esa batalla, Julio había perdido a los gemelos,

Caminó a través del parque. En la esquina de la iglesia, se metió en un callejón. Y entonces, por fin, los encontró. Uno de los gemelos estaba sentado en el suelo, de espaldas contra un muro. Sobre sus rodillas, yacía el otro, bañado en sangre; y a los pies, en cruz, estaban los dos fusiles.

Julio se acercó, quizá dijo algo. El gemelo que vivía no dijo nada, ni se movió: estaba allí, pero no estaba. Sus ojos, que no pestañaban, miraban sin ver, perdidos en alguna parte, en ninguna parte: y en esa cara sin lágrimas estaba toda la guerra y estaba todo el dolor.

Julio dejó su fusil en el suelo y empuñó la cámara. Corrió la película, calculó en un santiamén la luz y la distancia y puso en foco la imagen. Los hermanos estaban en el centro del visor, inmóviles, perfectamente recortados contra el muro recién mordido por las balas.

Julio iba a tomar la foto de su vida, pero el dedo no quiso. Julio lo intentó, volvió a intentarlo, y el dedo no quiso. Entonces, bajó la cámara, sin apretar el disparador, y se retiró en silencio.

La cámara, una Minolta, murió en otra batalla, ahogada en lluvia, un año después.

Relato "La frontera del arte" de "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...